Los Herederos de Son Carvall (La saga de los Anglada 2) Capítulo 52. Visita inesperada
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Capítulo 52. Visita inesperada

Mateo llegó al consultorio del pueblo en un elegante carruaje alquilado para la ocasión. Iba dispuesto a conocer al prometido de Paula: el doctor Alhama.

Se presentó de manera inesperada. Al llegar, comprobó que no había pacientes esperando. El doctor apenas tardó unos segundos en recibirlo y, con cortesía, le ofreció una silla frente a su escritorio.

Tras las primeras palabras de presentación, don Fernando supo que aquel joven era amigo de Paula desde la infancia y colega de profesión. Mateo explicó que había acudido por voluntad propia, únicamente para felicitarles por su próxima boda.

Unos minutos más tarde llegó Manuela. Al oír voces a través de la puerta abierta de la consulta, se asomó discretamente. Escuchó a su hermano decir:

—Pasa y siéntate. Quiero presentarte a Mateo Morales. Es amigo de Paula y también abogado de profesión.

Ella entró en la sala con el “Periódico La Voz” en la mano, que dejó sobre la mesa. Saludó con cortesía a Mateo y, mientras tomaba asiento, le preguntó a su hermano con un tono suspicaz e ingenioso:

—¿Necesitamos un abogado?

—Espero que no —respondió el doctor con una leve sonrisa. Enseguida añadió, dirigiéndose a su visita—: En el caso de que algún día necesite un abogado, confío en contar con tu asesoramiento.

—Por supuesto, aunque Paula es mejor abogado que yo.

A Manuela no le pasó inadvertida la naturalidad afectuosa con que Mateo había pronunciado el nombre de Paula.

—No creo que Paula se dedique nunca a la abogacía —comentó el doctor sin dar más explicaciones.

Mateo no insistió. Miró el periódico, lo señaló con un gesto y le preguntó a Manuela:

—¿Hay noticias importantes?

—No estoy segura. Acabo de comprarlo y todavía no he tenido la oportunidad de leerlo —respondió ella.

—Últimamente sólo traen desgracias —comentó Mateo, intentando sostener una conversación banal.

El doctor permanecía en silencio mientras Mateo experimentaba la amarga sensación de derrota frente a él.

Había querido conocerlo con la esperanza de verse a sí mismo como una mejor opción para convertirse en el esposo de Paula.

Sin embargo, se dio cuenta de que su rival, un hombre sereno, seguro de sí mismo y con una mejor posición económica y social, lo superaba en muchos aspectos.

En ese momento llegó un paciente con una herida abierta en la pierna que requería atención urgente. El doctor se retiró con cortesía:

—Perdonadme. Debo atender a un accidentado.

—Por supuesto —respondió Mateo, levantándose para marcharse.

Mientras Manuela lo acompañaba hacia la salida, Mateo escuchó al doctor atender al accidentado con familiaridad y empatía. Entonces comprendió, demasiado tarde, que había acudido a conocerlo precisamente en el lugar donde resultaba imposible competir con él.

No había sido lo suficientemente astuto como para considerar la desventaja que representaba encontrarse con él en su entorno profesional, en un pueblo donde tenía una excelente reputación y era muy valorado.

Su despedida de Manuela sonó forzada e innecesaria:

—Si tuviera tiempo, iría a La Quintana a saludar a Paula y felicitarla personalmente, pero me espera mi novia en Córdoba.

—Claro, Mateo. No hagas esperar a tu novia. Que tengas buen viaje —se despidió Manuela.

Desde el portal del consultorio, ella lo observó subir al carruaje que lo aguardaba.

Durante su breve conversación, había notado en Mateo un interés especial por Paula, perceptible en el brillo de su mirada cada vez que se mencionaba su nombre; comprendió que Mateo no había acudido al consultorio sólo por cortesía.