Los finales perfectos no existen 50. Kate
94%

50. Kate

Kate

Fingir.

En eso consistía mi vida.

Fingir sonrisas vacías, fingir que era feliz, fingir que deseaba casarme, fingir que me gustaba trabajar en la empresa de mi padre y un largo etcétera.

Notaba una piedra pesada en el estómago y el pecho fragmentado, pero como una buena Morgan debía levantar la barbilla, cuadrar los hombros y aparentar que era el día más feliz de mi vida.

Respiré hondo y conté hasta diez mientras observaba mi reflejo en el espejo del cuarto privado que habían habilitado para que me vistiera.

Llevaba un maquillaje natural y luminoso.

Me dolía la cabeza. La peluquera me había recogido la melena en un moño extremadamente tirante.

No me entusiasmaba el peinado, pero la madre de Preston se había empeñado en que llevase la tiara con la que ella se había casado, para seguir la tradición familiar.

El vestido era algo pesado por las capas de tul de la falda, la cola y la pedrería del corpiño. El pecho me subía y bajaba a toda velocidad. Exhalé hondo. De repente, me costaba respirar.

—¿Quieres un chupito? —me ofreció Julia—. Igual te ayuda con los nervios.

—No, gracias. —Me abaniqué con la mano—. ¿Puedes bajarme la cremallera del vestido? Me está agobiando.

Alguien llamó con los nudillos a la puerta.

—Venía a ver cómo vas. —Hannah sonrió—. ¿Estás bien?

—Yo… En realidad, no. Me gustaría hablar con Preston. —La urgencia en mi voz fue evidente—. ¿Sería posible?

—Por supuesto. Enseguida te lo traigo.

Hannah abandonó la estancia.

Unos minutos más tarde, Preston hizo acto de presencia. Llevaba el esmoquin puesto y parecía tan tenso como yo. Julia salió y nos dejó a solas.

—Pres… —La voz se me quebró.

—No quieres seguir adelante, ¿verdad?

Negué con la cabeza.

—Lo siento, pero no puedo…

Me quité la tiara y la dejé en el tocador. Después, le agarré la mano y me sinceré:

—Estoy cansada de hacer siempre lo que se espera de mí y de contentar a los demás.

—Los ojos se me llenaron de lágrimas. Era la primera vez que decía aquellas palabras en voz alta—.

Estoy cansada de ser la hija perfecta y de no saber quién soy.

Yo solo quiero ser libre. Dedicarme a lo que quiera, casarme con quien quiera y sentir que puedo ser yo misma.

El nudo que me oprimía la garganta empezó a aflojarse y el aire regresó a mis pulmones.

—Yo también —confesó mi mejor amigo.

—Nadie se pregunta qué quiero. Y lo que quiero ahora mismo es llamar a Ben, pedirle perdón y volver con él. No soporto que piense que no siento nada por él o que soy la hija perfecta de mi padre.

Las lágrimas calientes rodaban por mis mejillas. Una a una, me quité todas las horquillas y dejé que la melena me cayera en cascada hasta el pecho.

Con Ben no tenía que aparentar ni fingir para que las cosas fluyeran. Él no me juzgaba y me aceptaba tal cual era. No tenía la necesidad de esforzarme por encajar, porque ya lo hacíamos de manera natural. Los remordimientos que sentía por no haber sido sincera con él no paraban de aumentar.

—Creía que podía hacer esto… —proseguí—. No quiero dejarte tirado en el último momento, pero… —Mi voz se apagó.

—Kate, no me estás dejando tirado. —Preston me cogió las manos—.

Soy tu mejor amigo. Quiero que seas feliz.

Te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero no quiero que te sacrifiques.

No soporto verte así de triste. Y yo también estoy harto de contentar a mi familia…

No quiero estar escondiéndome siempre, ni perdiendo a la gente que me importa por el camino.

Sinceramente, no quería ser yo el que rompiese el compromiso, pero, si ambos tenemos dudas, quizá haya llegado el momento de tomar una decisión.

—¿Y qué hacemos? ¿Cancelamos la boda?

—Sí.

Se me escapó la risa.

—Mi padre pondrá el grito en el cielo…

—¿Sabes qué? —Preston me soltó las manos—. Es un buen momento para que yo también hable con mi madre. Ya es hora de que se entere de que me gustan los hombres.

—¿En serio?

Me lancé a abrazarlo emocionada.

—Me alegro mucho de que vayas a dar el paso; si me necesitas, estoy aquí.

—Lo sé.

El sonido de unos nudillos llamando a la puerta nos hizo separarnos.

—¡Pasa! —dije, asumiendo que sería Julia.

—Hola, chicos. —Era Hannah—. Solo venía a deciros que está todo listo. Podéis tomaros el tiempo que necesitéis.

—En realidad, no hará falta —le dijo Preston.

—Hannah, agradecemos muchísimo todo el trabajo que has hecho por nosotros —continué yo, completamente apurada—. Eres la mejor organizadora de bodas de la ciudad, pero Preston y yo no vamos a casarnos. ¿Puedes hablar con los proveedores y los invitados y cancelarlo todo?

Ella asintió.

No parecía sorprendida por nuestra decisión. Probablemente porque estaba al tanto de lo mío con Ben.

—Lo sentimos mucho, de verdad —agregué.

—No os preocupéis. No es la primera vez que veo cómo se cancela una boda en el último momento. —Hannah intentó quitarle hierro al asunto con una sonrisa tranquilizadora.

Luego cruzó la estancia y se detuvo delante de mí.

—Kate, sé que no debería meterme, pero hay algo que debes saber… —empezó con cara de situación—. Ben va a dimitir en directo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque sabe que tu padre pensaba contratar a otro presentador para reemplazarlo. Logan me ha contado que es su forma de quitarse de en medio y… El resto debería decírtelo él.

—Dios mío… Ben no puede dimitir por mí. Este trabajo es lo que más le importa en el mundo… Yo… Tengo que hablar con él.

Miré a Preston y él solo dijo:

—¡Vamos, vete! —Se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y me entregó las llaves del coche.

A continuación, salí corriendo.