Los finales perfectos no existen 42. Ben
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42. Ben

Ben

El tiempo en compañía de Kate parecía correr más deprisa de lo normal.

Cuando quise darme cuenta, el pavo de Acción de Gracias y las decoraciones otoñales habían dado paso al encendido del árbol del edificio Rockefeller, a las pistas de patinaje y al despliegue de luces de Macy’s.

La fiesta de Navidad de Morgan Media tenía lugar a mediados de diciembre en el St. Regis, uno de los hoteles más exclusivos del centro.

Al entrar en el salón, un camarero uniformado me dio la bienvenida ofreciéndome una copa de champán.

Bebí un trago y escaneé a la multitud. No había ni rastro de Kate.

La estancia era de techos altos, suelo de mármol reluciente y lámparas de araña.

En el centro había un árbol de Navidad enorme, decorado con guirnaldas y tiras de luces cálidas.

Sobre el escenario del fondo una banda tocaba villancicos.

Detrás de ellos destacaba un logo corpóreo de proporciones épicas de Morgan Media, que consistía en un par de letras «emes» mayúsculas y entrelazadas.

—¿Qué tal? —Freddie apareció de la nada y me dio una palmada amistosa en el hombro—. Estamos ahí. —Señaló con el brazo hacia la derecha.

Alrededor de una de las mesas altas conversaban varios de mis compañeros. Al unirme a ellos, me coloqué en un sitio estratégico desde el que no perdía de vista la entrada.

—Ben, sé que no debería hablar de trabajo ahora —arrancó Georgia—, pero acabo de tener una idea y, si no la suelto, se me olvidará.

—Estamos en un evento de trabajo —le recordé—. Nunca es un mal momento para hablar de ideas.

—¿Y si para el especial de Navidad hacemos un sketch parodiando la típica película cutre de una ejecutiva que se queda tirada en un pueblo pequeño?

—Podríamos contar que descubre el verdadero significado de la Navidad gracias a un leñador —agregó Freddie.

—Sí y…

Dejé de escucharlos en cuanto Kate entró en la sala. La observé mientras cogía la copa de champán que le ofrecía el camarero y se lo agradecía con una sonrisa radiante.

Me froté el pecho, a la altura del corazón, completamente impactado por la imagen que registraban mis ojos.

Kate llevaba un vestido de color vino, largo hasta el suelo, que se ajustaba alrededor de la curva irresistible de su cintura. El escote era recatado. La tela se abrazaba a su cuello dejando los brazos al descubierto.

Se había recogido los mechones frontales del pelo hacia atrás, despejando su rostro y dejando a la vista los pendientes largos que caían en cascada desde sus orejas. Parecía recién salida de una película de James Bond.

Estaba tan guapa que me costaría horrores mantenerme alejado de ella.

Tardé un momento en darme cuenta de que su brazo iba entrelazado al de Preston.

—Ben, ¿nos estás prestando atención? —El quejido de Freddie me sacó de la ensoñación en la que solo existía Kate.

—Eh… —Dirigí la vista a mis compañeros—.

Sí, sí. El sketch navideño. Me gusta la idea del leñador.

Llevemos el estereotipo al extremo y plantémosle una camisa roja de cuadros; si rescata animales o es el veterinario del pueblo, mejor que mejor.

Si os parece, terminamos de detallarlo el lunes en la ofi.

Me acabé el champán de un trago.

—Voy a por más bebida —los informé.

Caminé apresurado para cruzarme con Kate.

Bordeé el árbol de Navidad por detrás y nos quedamos cara a cara.

Cuando me vio, una sonrisa diminuta asomó a sus labios.

Al pasar por su lado, le rocé la mano adrede.

Me acerqué al camarero de la entrada y le cogí otra copa de champán de la bandeja.

Giré sobre los talones y me quedé planchado al ver que el vestido de Kate dejaba gran parte de su espalda al descubierto.

«Madre mía. Está buenísima con ese vestido».

En realidad, estaba buenísima con cualquier cosa.

Regresé con mis compañeros y abandoné la copa en la mesa. Kate se encontraba un par de mesas más allá, junto a Preston y varias personas que no conocía. Me saqué el móvil del bolsillo y le mandé un mensaje.

Quieres matarme con ese vestido?

Su respuesta tardó unos minutos en llegar.

Te gusta?

Me encanta

Estás espectacular

La vi sonreír en la distancia.

No pude evitar teclear otro mensaje.

Estoy deseando quitártelo

Lo que llevo debajo te gustaría más

Ah, s í ?

Quieres ir al baño y enseñármelo?

Tendrás que esperar un poco…

Pero te doy una pista: encaje y tiras

Venga, no seas así…

Te dejo

No puedo estar todo el rato escribiendo

Es de mala educación

Me echarás de menos en cinco minutos

Los puntos que indicaban que Kate estaba escribiendo desaparecieron de la pantalla. Le eché un vistazo rápido, estaba enfrascada en una conversación.

No le quité los ojos de encima el resto de la fiesta.

Ignoré cuando su padre subió al escenario para dar un discurso corporativo. Propuso un brindis al que me uní para celebrar con mis compañeros. Después de eso, los camareros empezaron a desfilar con las bandejas. La mejor parte de asistir a ese tipo de eventos era la comida, sin duda alguna.

Los ojos de Kate y los míos se encontraron varias veces desde extremos diferentes del salón. Ahora que había terminado la cena, habían bajado las luces y la banda que tocaba villancicos había sido reemplazada por un DJ que pinchaba éxitos actuales.

Me aposté en la barra y pedí un whisky. Cuando el camarero me lo sirvió, oí la voz de Kate a mi izquierda decir:

—Un negroni, por favor.

Hice un esfuerzo terrible por no mirarla. Me acerqué el vaso a la boca y susurré:

—¿Te lo estás pasando bien?

—Lo pasaría mejor contigo —respondió en un murmullo.

Le di un trago al whisky y disfruté del regusto amargo.

—Eso tiene fácil solución. —Dejé el vaso en la barra.

Por el rabillo del ojo, la vi remover con la pajita el cóctel que acababa de darle el camarero.

—¡Atención todos, está a punto de comenzar la rifa navideña! —anunció una voz por los altavoces.

—Nos vemos luego —musitó casi más para sí misma.

Me rozó el brazo al pasar y todo el cuerpo me pidió a gritos ir tras ella.

Unos minutos más tarde recibí una foto de visionado único de su parte.

No estaba seguro de qué podía ser, así que me aparté del grupo con la excusa de ir al baño.

Una vez allí, me refugié en uno de los cubículos.

Abrí la foto y por poco me dio un infarto.

En la imagen aparecía Kate frente a un espejo.

Se cubría las tetas con la mano y el brazo, y llevaba unas bragas granates semitransparentes que tenían una tira en la cadera.

La polla me dio un salto dentro de los pantalones.

Me aflojé la pajarita.

«¿Soy yo o hace un calor de pelotas aquí dentro?».

Cerré la imagen y desapareció del chat.

Se me ha puesto durísima

Ven al baño

No…

Tendrás que esperar a más tarde

No puedo esperar más

Ben…, hay demasiada gente

Están pendientes de la rifa

Por favor…

Me he portado bien y no me he acercado

a ti en toda la noche

Esperé unos minutos, pero Kate no apareció. Salí del baño justo cuando alguien más lo hacía por la puerta contigua.

Giré la cabeza y me la encontré.

—¿Prefieres el baño de mujeres o el de hombres? —pregunté de sopetón.

—Ben, no podemos hacer esto ahora…

—Entonces ¿qué haces aquí?

Ella no respondió. Tenía las pupilas dilatadas y las mejillas rojas. Por cómo se mordía el labio era obvio que deseaba lo mismo que yo.

Tras observarme unos segundos, tiró de mi brazo y me arrastró al baño de mujeres.

La estancia era lujosa y sofisticada, con una encimera maciza de mármol beis que albergaba tres lavabos redondos. Sobre ella había tres espejos arqueados con el marco dorado.

Planté la mano en su nuca y la besé.

—Joder —murmuré contra su boca—. Qué ganas tenía de besarte.

—Y yo a ti. —Me rodeó el cuello con los brazos y me devoró los labios—. Estás muy guapo con el esmoquin.

Nuestras lenguas se enredaron. Bajé las manos hasta su cintura y la estreché contra mí. Se le escapó un gemido al notar mi erección. Sus caderas se sacudieron contra las mías.

—Ben… —Se apartó, colocando las manos en mi pecho. Retrocedió y apoyó el culo contra la encimera—. No deberíamos… Podrían pillarnos.

Me acerqué a ella de una zancada. Apoyé las manos sobre el mármol, a ambos lados de su cuerpo. Gracias a sus tacones de vértigo, nuestras bocas estaban a centímetros de distancia. Rocé sus labios de manera tentadora cuando pregunté:

—¿Y no es eso lo que te pone cachonda?

Su pecho subía y bajaba a toda velocidad cuando asintió.

Sonreí de medio lado. Había dado en el clavo.

—¿A ti no te importa que… pueda entrar alguien? —Su voz sonaba entrecortada.

Negué con la cabeza.

—Me da bastante morbo.

Kate plantó las manos en mis hombros y me atrajo en su dirección.

Su lengua buscó la mía con codicia. Enredó las manos en mi pelo, obligándome a acercarme más a ella.

Me arrancó la pajarita de un tirón y me bajó la americana por los hombros.

Un estremecimiento me recorrió entero cuando me acarició por debajo de la camisa.

Bajé los labios por su cuello. Metí la mano por la raja lateral del vestido. Le acaricié por encima de la ropa interior y ella soltó el aire con fuerza por la nariz.

—¿Sigo? —pregunté en su oído.

—Sí, por favor.

Colé un par de dedos debajo de la costura de sus bragas. Le pasé el pulgar por el clítoris y se le escapó un gemido de lo más sexy. Introduje un dedo y resbaló con facilidad en su interior. Mi corazón latía como un desquiciado.

—Joder, Kate… Estás empapada.

—Ben… —gimió.

Moví el dedo más deprisa mientras seguía frotando con el pulgar. Ella se recostó contra la encimera. Comenzó a empujar las caderas contra mi mano. Me puse aún más cachondo. Sus ojos eran fuego puro.

—Ben… Quiero sentirte dentro de mí. Ahora.

—¿Quieres que te folle?

—Sí…