Los finales perfectos no existen 28. Ben
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28. Ben

Ben

—¡Tenemos un problema! —dijo Logan al entrar en mi casa al día siguiente de la fiesta de la cadena.

—¿Solo uno? —contesté en broma.

—Página seis. —Me entregó una revista de bodas y se adentró en el salón.

Cerré la puerta con el pie y abrí la publicación por donde indicaba. En la sección de enlaces había una foto de Kate y Preston. Ambos posaban sonrientes en lo que parecía ser el interior de una casa. Ella mostraba la mano con el anillo de compromiso y él le rodeaba los hombros con el brazo.

El texto que acompañaba a la imagen rezaba:

Preston Chambers y Katherine Morgan están comprometidos.

La alcaldesa Chambers, originaria de Nueva York, anuncia el compromiso de su hijo, Preston Chambers, con Katherine Morgan, hija del señor y la señora Morgan, de Boston, Massachusetts.

Preston Chambers se graduó con honores en Empresariales en Harvard. En la actualidad, trabaja como gestor financiero en Chambers Fund Management.

Katherine Morgan se licenció en Empresariales en Harvard. Después estudió un máster en Dirección y Administración de empresas en la Sorbona. Hoy en día trabaja como productora en Morgan Media.

La pareja, inseparable desde la universidad, celebrará su unión el 21 de marzo en el salón del Cipriani.

El enlace lo planificará Hannah Brooks, sucesora de Melanie Stevens.

Bajé la revista y me quedé en silencio. No entendía por qué, de repente, me sentía inquieto. La noticia del compromiso no me pillaba de nuevas.

—Bueno, pues ya sé la fecha y el lugar para oponerme al enlace —bromeé en un tono más alto del normal y sin mirar a Logan.

—No puedes, tío. Lo organiza Hannah.

—¿Cómo?

—Lo pone ahí. —Señaló la revista que sostenía.

Bajé la vista al papel y lo releí.

—¡Hostia! —Levanté la cabeza—. ¿Tu novia es la wedding planner de mi mujer?

Logan asintió con cara de situación.

—Qué casualidad… Supongo que está bien tener información del campo enemigo desde dentro.

—Como comprenderás, tengo un conflicto de intereses… Hannah me ha enseñado la revista hace nada, dando saltos de alegría. Al parecer, su antigua jefa es amiga cercana de la familia de Preston y fue ella la que la propuso para la «boda de la temporada».

Saqué un par de botellines de cerveza de la nevera y los dejé en la isla. Después de abrir el primero, se lo pasé a Logan.

Mi amigo se deshizo de la chupa y la dejó en una silla del salón.

En ese momento, sonó el timbre. Arrastré los pies hasta la entrada para recibir a mis amigos.

—Necesito un informe exhaustivo de la fiesta. —Alexandra me dio un beso en la mejilla.

Detrás de ella, entró Chris y me saludó con un abrazo.

Tomamos asiento alrededor de la mesa de póker. Mientras Logan barajaba las cartas, les conté lo que había pasado en la fiesta de Morgan Media. Estaba contándoles el momento en el que el prometido de Kate se había presentado oficialmente cuando Chris me interrumpió.

—Espera, espera, ¿su prometido es Preston Chambers? —preguntó, y yo asentí—. ¿El hijo de la alcaldesa de Nueva York?

—Sí. Es este. —Logan le pasó la revista—. Página seis.

Chris le echó un vistazo rápido antes de soltar:

—Es gay.

Por poco escupí la cerveza.

—¿Cómo? —Lo miré con los ojos bien abiertos.

—Preston Chambers es gay.

—No puede ser. Se casa con Kate…

—Ni que fuera el primer hombre con una tapadera.

—¿Cómo lo sabes?

—Es el exnovio de Tyler.

—¿Estás de coña?

Tyler era el marido de Chris.

—No. —Mi amigo negó con la cabeza—. Estuvieron saliendo juntos un tiempo. Fue bastante antes de que Tyler y yo nos conociéramos.

—¡Ay, Dios! —exclamó Alexandra—. Esto cada vez se enreda más.

Tomé un sorbo de cerveza mientras asimilaba la información.

—¿Crees que Kate lo sabe? —me preguntó Logan.

—Yo diría que sí. Preston y ella son amigos desde la universidad.

De pronto, las piezas encajaron como un puzle.

—¡Tienen un compromiso de conveniencia! —exclamé contento—. Por eso ella se enrolla con quien quiere.

Eso explicaría también por qué Kate se había puesto nerviosa cuando le había preguntado por el compromiso.

—¡Oh, Dios! ¡Qué bien! —Noté un subidón de alegría.

Si la relación era falsa, significaba que todavía tenía una oportunidad con ella.

—Ben, ¿te das cuenta de que tu vida parece una comedia romántica?

Sonreí encantado.

¿Por qué Kate se habría metido en una relación falsa? Su familia tenía un imperio millonario. No debía de ser por dinero. ¿Tendría Preston que heredar alguna empresa familiar? Eso sería un absoluto cliché. ¿Qué sacaba Kate a cambio? ¿Sería solo por ser la tapadera de su amigo? ¿O había algo más?

Fuera como fuese, estaba deseando encontrármela.

La tarde siguiente estaba en el trabajo ensayando un sketch vestido de Jinu, el demonio de Las Guerreras K-pop , cuando la risa cálida y alegre de Kate llegó a mis oídos.

«Dios. Es el mejor sonido del mundo».

Haría lo que fuera por oírlo otra vez.

Me detuve en mitad del bailecito. Giré la cabeza a la velocidad de la luz. Kate estaba en el pasillo, tapándose la boca con la mano.

Se le congeló la sonrisa cuando me quité el sombrero negro y descubrió que era yo. Entendía que le hubiese costado reconocerme, llevaba unas marcas moradas pintadas en la cara, lentillas doradas y una túnica negra que llegaba hasta el suelo.

Tras observarme unos segundos, desapareció.

—Dadme un momento, por favor. —Les pedí a mis compañeros antes de salir escopetado.

Aquella era mi oportunidad de sonsacarle información.

—¡Kate, espera! —exclamé cuando salí al pasillo.

Ella se detuvo sobre sus pasos.

—¿Qué tal? —le pregunté—. ¿Qué haces aquí?

—Buscaba el despacho del señor Miller. Tengo una reunión con él.

—Te acompaño.

—No te preocupes. Está al fondo a la derecha, ¿no?

—Sí.

Ella forzó una sonrisa.

Sus ojos volaron por las marcas moradas que adornaban mi rostro. Me dio la impresión de que sus pupilas se ensancharon. ¿Le gustaba verme vestido de demonio?

«Vaya, la nueva Kate es una caja de sorpresas».

—He visto el anuncio de tu compromiso en la People Weddings . Sois la pareja ideal, ¿eh?

—Oh… No pensé que fueras público de una revista de bodas.

—Ya ves. Me gusta estar informado de todo.

«Cómo voy a disfrutar de este momento».

A ver qué cara ponía cuando supiese que conocía su secretito.

—¿Sabes una cosa que me ha parecido muy graciosa…?

Kate se puso recta y tragó saliva.

En ese instante, me di cuenta de que no disfrutaría dejándola en evidencia. Cambié el rumbo de la frase al vuelo.

—… el sketch que estábamos ensayando.

Ella relajó los hombros.

—Te he oído reírte.

—Sí. Lo poco que he visto no estaba mal.

—Mañana se graba el especial de Halloween. Si quieres, puedo dejarte una entrada en la taquilla para que vengas como pú­blico.

—Te lo agradezco, pero tengo un compromiso.

—Bueno, yo la dejaré por si cambias de idea. A nombre de Rose, por supuesto. Por aquello de que no pueden relacionarnos y eso…

—Gracias. Te dejo. No quiero hacer esperar al señor Miller.

Al verla alejarse, supe que no tendría muchas más oportunidades de hablar con ella.

Me disculpé con mis compañeros y pasé por el camerino para cambiarme. Esperaría a que Kate acabase la reunión para intentar hablar con ella. Una hora más tarde, salió a paso decidido del edificio, envuelta en un abrigo largo de color granate. Ya había anochecido.

—Kate, ¡espera un momento! —Despegué la espalda de la fachada.

—¿Qué necesitas? —me preguntó al voltearse.

—Mira, llevo semanas queriendo hablar contigo. Quiero disculparme por cómo terminó todo.

Ella echó un vistazo por encima del hombro.

—Eso ya no importa —contestó con un hilo de voz—. Ha pasado mucho tiempo.

—Aun así, quiero disculparme. Lo siento mucho… Me comporté como un gilipollas. No tenía que haberte dejado por mensaje, debería haber hablado contigo.

Me aguantó la mirada unos segundos. Luego echó a andar y se alejó de la puerta del edificio Rockefeller. La seguí hasta que se detuvo un poco más allá.

—Desapareciste después de casarte conmigo —soltó con amargura al voltearse—. Me quedé destrozada al leer tu mensaje… Te llamé y no me cogiste el teléfono.

—Siento mucho el daño que te hice. Me arrepiento muchísimo de cómo actué.

En ese momento creí que aquello era lo mejor.

La verdad es que me acojonaba no estar a la altura; eras demasiado buena para mí.

Después de casarnos lo vi claro. Te quedarías conmigo en Montauk, tendríamos que vivir con mi madre y un día te despertarías y te darías cuenta de que no tenía nada que ofrecerte.

Sentirías resentimiento hacia mí por no haber perseguido tus sueños y me habrías dejado con el corazón destrozado.

—Te asustaba que te rompiera el corazón y ¿decidiste rompérmelo a mí? —Gesticuló incrédula.

—No sabía que lo estaba haciendo. Tienes que creerme cuando te digo que pensé que estarías mejor sin mí. Cuando me di cuenta de lo que había hecho, fui a buscarte a Harvard, pero ya era demasiado tarde.

—¿Fuiste a buscarme? —la pregunta le salió en un tono estrangulado.

Tragó saliva.

—¿Cuándo? —Dio un paso hacia mí—. Ben, dime, ¿cuándo fuiste a buscarme?

—Tres meses después, en las vacaciones de Acción de Gracias.

—¿Por qué no me dijiste nada?

—Porque te vi feliz sin mí…

El silencio se prolongó unos segundos.

—No sé si puedo perdonar a la persona que me cambió por dinero al día siguiente de casarse conmigo —dije en tono monocorde.

—¿Cómo?

Ahogó una risa y negó con la cabeza.

—No te hagas el tonto, Ben. Mi padre me contó que te había ofrecido ochenta mil dólares para que rompieses conmigo y que los aceptaste sin pestañear.

La sorpresa dio paso a la indignación. Una sonrisa sarcástica asomó a mi expresión.

—¿Tu padre te dijo que yo te había dejado por pasta? —Soné ofendido.

—Sí. Me sentí una estúpida cuando me enteré. Me fugué contigo, pensando que me querías, y tú solo buscabas mi dinero.

—Eso no fue lo que pasó.

Ella se cruzó de brazos.

—Kate, tienes que escucharme, por favor… —La súplica que impregnaba mi tono la hizo claudicar.

—Vale, pero aquí no. Esto es demasiado público.