9. Ben
Ben
—¿Has intentado ponerla celosa? —Alexandra me miraba estupefacta.
Acababa de contarles a mis amigos el encuentro fortuito que había tenido con Kate unas horas antes.
Estábamos sentados alrededor de la mesa de mi salón.
Desde que íbamos a la universidad, los domingos de póker eran una tradición.
En aquella ocasión, habíamos adelantado la quedada al viernes porque, tras la avalancha de señales que recibí la tarde anterior, necesitaba la ayuda de Alexandra.
—Sí —admití con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Tú eres bobo o qué? —La desaprobación era evidente en su tono.
Arrugué las cejas.
—Tan bobo no seré. Si a Kate le diese igual con quién cenase, no habría reaccionado así, ¿no crees?
—Eso es verdad —opinó Logan.
A su lado, Chris emitió un sonido afirmativo con el que me dio la razón mientras barajaba las cartas.
Alexandra puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
—Hombres… —resopló cansada.
Chris nos repartió cinco cartas a cada uno. Revisé las mías. Me había tocado una mano de mierda, pero no quería que mis amigos y rivales lo descubrieran antes de empezar.
—¿Queréis darme ya la pasta y ahorraros el ridículo? —les pregunté con socarronería.
—Ya veremos quién roba a quién, Benji. —Logan desestimó mis palabras con un gesto desdeñoso de la mano.
Mi amigo me llamaba así cuando quería vacilarme o tocarme los cojones.
—Gracias por el dinero gratis, Stone —aseguré con una sonrisa burlona—. Alex, hablas tú.
—Dos dólares. —La aludida dejó dos fichas rojas en el centro de la mesa.
—Igualo. —Logan empujó otro par del mismo color.
Chris y yo nos jugamos lo mismo que ellos.
Al acabar la ronda, descartamos las cartas que no nos servían y las cambiamos por otras.
—Voy a intentar recuperar a Kate —dije de pronto.
Pese a que ya lo sabía, Alexandra soltó un gritito de emoción. Mis amigos levantaron la vista de sus cartas y se limitaron a observarme expectantes.
—No sé si es obra del universo y las señales, pero creo que, si la vida ha vuelto a ponérmela delante, es por algo.
—Claro que sí. —Alexandra apoyó la idea.
—¿Vas a intentar recuperarla por las señales? —dijo Logan.
Chris me observaba igual de sorprendido.
—Entiendo que penséis que esto es una locura, que las señales no existen y que no debo ir tras ella. Pero ahora mismo es lo que creo.
—Mira, tío, el año pasado te habría dicho que estás como una puta cabra, pero, si estuviésemos hablando de Hannah, yo también buscaría cualquier justificación para ir a buscarla —agregó Logan.
—Sé que Kate está enfadada —continué—, pero todavía siento química entre nosotros.
—Ben, tú tendrías química incluso con el palo de una escoba —se burló Logan antes de lanzar dos fichas al centro de la mesa, igualando la apuesta de Alexandra.
Contuve la sonrisa y dejé otras dos junto a las suyas.
—¿Y qué vas a hacer? —Chris nos imitó y soltó otras dos fichas junto a las nuestras.
Dejé las cartas sobre el tapete verde y tomé con calma un trago de cerveza.
—Quiero hablar con ella, pedirle perdón y ver si todavía tengo una oportunidad. Alexandra, ¿hay alguna manera de ganar un poco de tiempo para aplazar la firma del divorcio o algo así…?
—Sí, pero ¿puedo darte antes un consejo? —Alexandra estiró el brazo y arrojó dos fichas más al centro de la mesa.
—Sí.
—Mira, si mi ex entrase ahora mismo por la puerta y me pidiese otra oportunidad, me tiraría por la ventana.
—Vaya, gracias por los ánimos…
—Déjame terminar, por favor —me pidió Alexandra—. Iba a decir que, si quieres una segunda oportunidad, tendrás que ganártela. Si yo fuese Kate y tuviese todo este historial romántico e intenso contigo a las espaldas, tendrías que arrastrarte por el fango como un cerdo para que te perdonase.
—No hay problema. Haré lo que haga falta.
—No me estás entendiendo. Cuando digo «arrastrarte», me refiero a muy profundo. El barro tendría que llegarte a las cejas y cuando estuvieses cansado, sucio y a punto de tirar la toalla, ahí, en ese momento, te perdonaría.
—Qué específica.
—Metiste la pata hasta el fondo y han pasado trece años, las cosas no se van a arreglar simplemente pidiéndole perdón.
Y, por supuesto, nada de volver a quedar con tus amigas con derechos.
Se acabó meter a otras mujeres por medio.
Ni por celos ni nada. Kate tiene que sentir que solo tienes ojos para ella.
En aquel momento ni se me pasaba por la cabeza quedar con nadie, mucho menos acostarme.
—Si me vuelven a escribir, les diré que no quiero seguir quedando y ya está.
—Esta semana te ha pillado con otra —dijo Logan—. Remontar será difícil.
—Pero no imposible —puntualicé.
—Esa es la actitud. —Me felicitó Alexandra—. Tendrás que hacer algo grande para que te perdone.
—Mmm… Podría llevarla a la mejor cita de su vida.
—Por curiosidad… —empezó Chris—, ¿cómo vas a llevarla a la mejor cita de su vida si no quiere ni verte?
—Tendré que encontrar la manera de convencerla. En realidad, me gustaría llevarla al cine.
—¡El cine! ¡Eso es! —Alexandra dio un golpe en la mesa—. ¿Qué hemos aprendido de las películas románticas?
—¿Que todo se soluciona al final de manera surrealista gracias a un gran gesto? —bromeé.
Mi amiga entrecerró los ojos.
—Eres idiota —aseguró—. Pero sí, en este caso, me refería justo a eso. ¿Se os ocurre algún gesto?
Se hizo el silencio.
—¿Cuál es su película romántica favorita? —siguió ella.
— Titanic —solté sin ningún tipo de duda.
—Morir congelado en el océano es un gran gesto romántico —pinchó Logan.
—También le encantaba El diario de Noah . En esa, el tío se tiraba no sé cuántos años construyéndole una casa a la protagonista. Estoy jodido, porque no tengo ni idea de coger un martillo.
—Y no eres tan guapo como Ryan Gosling —opinó Logan.
—Tío, ¿puedes tomarte esto en serio? —le pregunté a Logan.
—El año pasado vi una película de Anne Hathaway que me encantó —siguió Alexandra—. Se titula La idea de tenerte , ¿la has visto?
—No me suena.
—En esa peli, el protagonista esperaba al amor de su vida durante cinco años. En eso llevas ventaja. Puedes ir a casa de Kate y confesarle que llevas trece años esperándola.
—No tengo ni idea de dónde vive.
—Siempre tienes la opción de ir preguntando puerta por puerta, como hizo Hugh Grant en Love Actually —sugirió Chris.
—En Mamma Mia , Pierce Brosnan le pidió matrimonio a Donna delante de todo el mundo —agregó Logan.
A través de los altavoces comenzó a sonar «I Want You Back».
—¡Es otra señal! —exclamé contento.
—Ben, esta canción suena cada domingo —contradijo Chris—. Está en la lista de reproducción.
Hice un bailecito en la silla mientras canturreaba.
En ese momento, sonó el timbre. Debía de ser el repartidor del restaurante japonés.
—¡Por fin! —exclamé, levantándome de un salto—. ¡Me muero de hambre!
Atravesé el salón hasta la entrada. Abrí la puerta y me encontré con un hombre pelirrojo, vestido de negro de la cabeza a los pies.
—Buenas noches. Traigo una pizza para Benjamin Sharp —me informó con voz monocorde.
Reparé en la caja que sostenía. El logo de Joe’s Pizza adornaba la tapa.
—Te has confundido. No he pedido pizza.
—Si eres Benjamin Sharp, esto es para ti.
Fruncí el ceño extrañado.
Me incliné hacia atrás y giré la cabeza en dirección al salón.
—¿Vosotros habéis pedido pizza? —me dirigí a mis amigos.
Me respondieron en un coro de «noes».
Volví a encarar al repartidor justo cuando Logan exclamó:
—¡Benji, jamás se dice que no a comida gratis!
—¿Eres Benjamin Sharp, sí o no? —insistió el hombre que estaba plantado en la puerta.
—Sí…
Abrió la caja de pizza y la dejó caer al suelo. A continuación, me estampó un sobre contra el pecho.
—¡Que te aproveche la demanda, gilipollas!
Me sacó una foto y salió corriendo.
—Pero ¿qué cojones…? —Salí al pasillo—. ¿Esto es una broma?
El tipo se precipitó dentro del ascensor y se perdió de mi vista.
Mis amigos se agolparon a mi espalda.
—¡¿Ha dicho demanda?! —exclamó Alexandra alarmada.
Al voltearme, me encontré con tres pares de ojos preocupados mirándome desde el recibidor.
—Sep. —Entré en casa y cerré la puerta con el pie—. Tranquilos, debe de ser una broma de los del curro…
No me dio tiempo de acabar la frase. Alexandra me arrebató el sobre y extrajo los papeles del interior.
—¿No te has dado cuenta de que no era un repartidor de verdad? —me preguntó mientras escaneaba el documento a la velocidad de la luz—. ¿Es que no has aprendido nada de las películas?
—Eh… —Me quedé pillado.
—Ay, Ben… —Alexandra me miró con cara de situación y me temí lo peor—. Kate te ha demandado.
—¿Cómo? —Me pasé la mano por el pelo.
Mi humor cayó en picado. De pronto, se me había cerrado el estómago.
—El motivo que alega para divorciarse es ruptura de la relación irrecuperable.
—¿Ruptura de la relación irrecuperable? —repetí perplejo—. Genial.
Arrastré los pies hasta la mesa del salón y planté el culo en la silla. Necesitaba un momento para digerir la noticia.
—Lo siento, tío. —Chris me puso la mano en el hombro.
Alexandra y Logan se nos acercaron.
—¿Por dónde íbamos? —les pregunté, recogiendo las cartas como si nada—. Logan, era tu turno, ¿no?
—Ben… —contestó mi amigo—. No tenemos que seguir jugando.
—¿Sabéis qué? —Solté las cartas y me puse de pie—. Necesito un cigarro.
—Por encima de mi cadáver. —Logan me cortó el paso y se cruzó de brazos—. Llevas un año sin fumar, no vas a recaer ahora.
—¡Ostras! —exclamó Alexandra—. Su abogada es Julia Spencer…
Giré sobre los talones para encararla.
—Suena a que estoy jodido… —musité.
—Un poco. Es la mejor abogada de divorcios de Nueva York. En el gremio se la conoce como «la Segadora del Anillo». Porque te ayuda a librarte de la alianza en un abrir y cerrar de ojos.
—Sí, sí. No hace falta que lo expliques. —Con una exhalación de derrota, me dejé caer en el sofá—. En fin, ¿qué opciones tengo ahora? —le pregunté a Alexandra.
—Aceptar o impugnar. —Ella tomó asiento a mi lado.
Logan y Chris se quedaron de pie al otro lado de la mesa del café.
—Si no contestas en veinte días, a efectos legales, se te da por enterado y ella podrá divorciarse sin tu firma.
Logan sacó la botella de whisky escocés del armario y sirvió un chupito. Cogí el vaso que me tendía y lo vacié de un trago. El sabor afrutado me calentó la garganta al bajar. Estiré el brazo y Logan volvió a rellenarme el vaso.
—Este divorcio es como la puñetera carta de Hogwarts. No parará de llegar hasta que lo firme. —Me bebí el segundo chupito del tirón.
Joder. Yo pensando en recuperarla y ella me demanda alegando ruptura de la relación irrecuperable.
—¡Ben! —Alexandra me dio una palmada en la rodilla—. ¿Y si no estuviera todo perdido?
Sus ojos resplandecían como si acabase de ganar la lotería.
—¿Y si te dijera que puedo garantizarte que te encuentres con ella, al menos, una vez más antes del divorcio?
—¿Cómo? —pregunté atónito.
—Podemos impugnar y mandarle una contrademanda.
La ley de distribución equitativa reconoce el matrimonio como una relación social y económica, y exige que el juez divida los bienes de manera justa.
Según nos has contado, Kate tiene un imperio millonario y os casasteis sin un acuerdo prematrimonial…
Podemos pedirle la mitad de su patrimonio.
—¿Qué? —Arrugué las cejas—. No quiero la mitad de su patrimonio.
—Ya lo sé. No vamos a ir a por él de verdad. Simplemente se lo haremos creer a ella y a su abogada, para alargar un poco el proceso y ganarte algo de tiempo.
—Si hacemos esto… luego, ¿podría dar marcha atrás y firmar el divorcio? ¿Sin pedirle nada?
—Sí, para retirarnos siempre hay tiempo.
—¡Alexandra, esto es una idea buenísima! —la felicité.
—Yo no estoy tan de acuerdo… —Chris negó con la cabeza—. La última vez que hubo una gran idea en este grupo, Logan montó un negocio de oponerse a bodas por sugerencia de Ben y acabaron partiéndole la cara.
—Es verdad… —contestó Logan—. Pero gracias a eso libré a la prima de Ben de acabar en un matrimonio de mierda, pude pagar la residencia de mi abuela y conocí a mi novia —acabó con una sonrisa.
Ladeé la cabeza, reflexivo, y me rasqué la barbilla.
Llegados a ese punto, parecía que aquella locura era la única baza que tenía para ganar algo de tiempo y volver a verla.
Era probable que Kate se cabrease al recibir la contrademanda, pero elegí creer que cuando me escuchase me perdonaría.
Y luego haría como el puñetero Ryan Gosling en El diario de Noah y recuperaría a mi chica.
Si había conseguido que se enamorase de mí una vez, podría conseguirlo una segunda, ¿verdad?
—Vamos adelante con el contradivorcio —le dije a Alex convencido.
—¡Genial! —Mi amiga dio una palmada—. Dame una de tus fichas de póker.
Hice lo que me pedía.
—Esta ficha es mi honorario de retención. —Alexandra la colocó junto a las suyas—. El resto me lo pagarás más adelante.
—¿Vas a cobrarme siendo tu amigo?
—Di que sí, Alexandra, sácale los cuartos. —Se rio Logan.
—Desde ahora mismo, soy tu abogada —me dijo Alexandra a la par que alargaba el brazo con la palma abierta. Se la estreché y dijo solemne—: El lunes a primera hora le mandaré una contrademanda a la abogada de Kate. Señor Sharp, le garantizo que recuperaremos a la señorita Morgan.
Le devolví la sonrisa, más animado.
—Mmm…, veinte pavos a que Kate le manda a la mierda a la primera de cambio —soltó Logan.
—¿De verdad vas a apostar en mi contra? —pregunté ultrajado.
Chris y Alexandra se rieron.
—Benji, no te lo tomes como algo personal. Esto son negocios. Además, tú apostaste que Hannah pasaría de mi cara después de la boda de Chris.
—¿Sabes qué, capullo? Te doblo la apuesta. —Le estreché la mano—. Voy a recuperar a mi mujer.