Los finales perfectos no existen 8. Kate #3
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8. Kate #3

—Te veo resplandeciente —observé, mirando a Julia.

—Brillo como un hada porque, gracias a mí, hay otra mujer felizmente divorciada. —Sonrió antes de darle un sorbo a su copa de vino tinto.

—¿Qué tal por Hollywood? —le preguntó Preston—. ¿Muchos famosos?

—Lamento comunicaros que la única famosa con la que he estado ha sido mi clienta. Todo lo que he hecho en Los Ángeles ha sido trabajar.

Julia había volado a la Costa Oeste porque una actriz la había contratado para llevar su divorcio. Con solo treinta y un años, era una de las mejores abogadas de divorcios del país y estaba a punto de convertirse en socia del bufete en el que trabajaba.

—Le he conseguido un buen acuerdo de divorcio. Su ex ha aceptado una cláusula de confidencialidad que le prohíbe hablar de ella. Si la incumple, tendrá que darle una compensación económica de muchas cifras. La próxima vez que quiera ponerla verde en alguna revista, tendrá que pensárselo dos veces.

Su seguridad aplastante era un complemento más.

Como la mayoría de los abogados, siempre creía llevar la razón, era persuasiva y la persona más práctica que conocía.

Algunos la tildaban de fría y calculadora, pero no la conocían lo suficiente.

Julia escondía su ternura en las profundidades y no le regalaba su cariño ni confianza a cualquiera.

Si conseguías entrar en su corazón, ganabas una de esas amigas leales para toda la vida.

El camarero dejó una copa delante de mí y la llenó de vino.

—¿Qué tal tu reunión? —me preguntó Preston cuando el hombre se marchó con la comanda.

—Muy bien. El señor Miller me ha contado qué están produciendo ahora y me ha presentado a la junta directiva.

Trabajaré codo con codo con él desde la semana que viene.

Cuando se jubile me encargaré de definir la estrategia de contenido de la plataforma.

Ahora mismo producen películas y series de drama y comedia, incluso documentales, pero no tienen nada de romance.

Es lo primero que me gustaría incorporar al catálogo.

Ah, y entre mis funciones estará revisar y aprobar guiones.

Es una de las cosas que más ilusión me hacen.

—Me alegra verte contenta. Lo harás genial y, además, te quitarás a Marty de encima. —Julia se llevó una aceituna a la boca—. ¿Cómo ha ido el resto de la semana? ¿Novedades?

—El lunes visitamos el salón del Cipriani con la organizadora de la boda —le contó Preston—. Nos gustó tanto que ya lo hemos reservado.

—Mira qué bien, una cosa menos por hacer. —Desvió sus ojos marrones hacia mí—. ¿Cuándo quieres que vayamos al atelier ?

Me encogí de hombros y ella me observó con recelo.

—Suéltalo —me pidió, repiqueteando la mesa con las uñas pintadas de rojo sangre.

La miré sin comprender.

—Te conozco y sé que te preocupa algo.

Como buena abogada, era tremendamente observadora.

—Bueno… —vacilé—. El lunes fui a casa de Ben para llevarle una copia del divorcio.

—¿Que hiciste… ¿¿¡QUÉ!??

—Lo siento. Sé que me pediste que no contactase con él bajo ningún concepto, pero vi su cara en la prensa y me dio un arrebato.

—Le pilló con otra en casa —agregó Preston.

Los ojos de Julia estaban tan abiertos que asustaba.

—Kate, acordamos que yo me encargaba de todo.

—Ya… Sé que no debería haber ido. Os parecerá una tontería, pero creía que, viéndole una última vez, tendría un cierre…

Julia cambió a una expresión comprensiva.

—Después de trece años no necesitas un cierre —me dijo, tratando de suavizar el tono—. El silencio de todo este tiempo ha sido el cierre.

Asentí incómoda.

—¿Lo ha firmado? —preguntó mi amiga.

—No. Lo está revisando su equipo legal.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque me lo he encontrado hace un rato en las oficinas de la NBS y me lo ha contado… También me ha pedido una cita.

Julia se llevó una mano a la frente y soltó un resoplido eterno por la nariz.

—¿Vas a quedar con él? —preguntó mi amigo.

—¡Por supuesto que no!

Les conté el resto de la conversación que habíamos mantenido Ben y yo, omitiendo el ínfimo detalle de que lo había encontrado atractivo vestido de vaquero.

—¿Te ha dicho que va a cenar con su abogada un viernes por la noche? —La voz de Julia sonaba colmada de incredulidad.

Asentí.

—¿Qué le has respondido a eso? —quiso saber Preston.

Tomé otro sorbo de vino y me limpié la boca con la servilleta de tela.

—Le he preguntado si la abogada era una de sus amiguitas.

A Preston se le escapó una carcajada.

—¿Por eso llevas el anillo del revés y estás cabreada? —me preguntó divertido.

Me apresuré a darle la vuelta al anillo.

—Estoy cabreada porque parece que se está quedando conmigo. Le di tres días para firmar el divorcio y ahora me sale con que lo va a revisar esta noche con su abogada…

—Este cree que somos idiotas. —Julia negó con la cabeza—. A partir de ahora se acabó hablar con él de nada relacionado con el divorcio. Déjamelo a mí. Se va a enterar.

—Cuando te pones en modo abogada implacable, eres aterradora —bromeó Preston—. No me gustaría nada ser tu marido en estos momentos —acabó mirándome.

—A mí tampoco —puntualicé.