Los finales perfectos no existen 6. Kate
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6. Kate

Kate

Aquella mañana me costó unos minutos más de lo habitual salir de la cama. Había descansado poco. Tras el reencuentro con Ben del día anterior se me había removido todo y, al acostarme, repasé sin pretenderlo cada minuto que había pasado en su casa.

Rodé sobre el colchón hasta llegar al borde, planté los pies en el suelo de madera y caminé descalza hasta la ventana. Descorrí las cortinas, permitiendo que la luz suave del amanecer iluminase la estancia con timidez.

Luego me duché, me hice la rutina facial y me peiné mientras escuchaba el último episodio de Rom-com Diaries , un pódcast de cine romántico, en el que explicaban la importancia del vestido verde en la película Expiación .

Salí del baño envuelta en un albornoz blanco.

Al entrar en el vestidor, me embriagó la fragancia fresca de las peonías del jarrón que reposaba sobre el alféizar de la ventana.

El armario descubierto se extendía a ambos lados de la estancia, formado por estanterías y cajones blancos.

En la parte superior colgaban los vestidos y las americanas alineadas; en los estantes inferiores guardaba el calzado.

Al fondo, frente al ventanal, se encontraba el tocador, blanco y con un espejo dorado de estilo barroco encima.

Paseé la mirada por la ropa, decidiendo qué ponerme.

Después de vestirme con un conjunto sobrio de Chanel de chaqueta y pantalón de tiro alto en color crema, me senté en el taburete de terciopelo rosa que había frente al tocador.

Cogí el frasco de Twil­ly de Hermès de la bandeja de mármol y me eché unas gotas en el cuello, detrás de las orejas y en las muñecas.

Por último, me maquillé con sutileza: un toque de máscara de pestañas, corrector y rubor en los pómulos.

Tras calzarme mis Jimmy Choo favoritos, cogí el bolso y bajé las escaleras.

Encontré a Preston sentado frente a la mesa redonda del comedor, con la mirada clavada en el periódico. Delante de él se desplegaba un desayuno abundante. Había bollería, huevos revueltos y fruta cortada. El olor a café recién hecho inundaba el ambiente.

Mi amigo levantó la cabeza y me dio los buenos días con una sonrisa.

—Diane ha traído croissants de castañas y chocolate de la pastelería francesa que tanto te gusta —me informó.

Diane era la persona que nos ayudaba con la limpieza y la comida.

—¡Qué bien! —Me acomodé en la silla contigua a la suya—. ¿Dónde está? —Quería darle las gracias personalmente.

—Acaba de marcharse a hacer los recados. Tardará un rato en volver. —Preston le dio un sorbo a su café solo—. ¿Qué tal fue la cena con tu padre? —me preguntó al dejar la taza sobre el platillo.

Cuando volví a casa la noche anterior, él aún no había regresado.

Lo oí subir las escaleras cerca de medianoche, mientras daba vueltas en la cama.

Aunque Preston y yo compartíamos el apartamento, dormíamos en habitaciones separadas.

Él usaba el cuarto de invitados, pese a que la mayoría de sus pertenencias estaban en el mío para guardar las apariencias.

—Bien. —Me extendí la servilleta de tela sobre el regazo—. Ha llegado a un acuerdo para comprar la NBS.

Preston me miró boquiabierto.

—¿No sabías nada?

Negué con la cabeza y cogí la jarra plateada.

—Hasta anoche, solo estaban al tanto un par de miembros de la junta directiva —expliqué, vertiendo el café en la taza—. Mañana se emitirá un comunicado de prensa.

Intercambié la jarra del café por la de la leche y agregué un poco a mi bebida.

—La empresa de tu familia va a adquirir la cadena en la que trabaja tu marido. Esto se pone cada vez más interesante —bromeó Preston.

—Para de decir «marido», por favor. —Corté un trozo de croissant con los cubiertos y suspiré—. Espero que Ben firme los papeles y que esto nunca llegue a oídos de mi padre.

—A mi madre le daría un infarto si descubriera que voy a casarme con una futura divorciada.

Se me escapó la risa.

Para la madre de Preston, nuestra boda era una herramienta más en la promoción de su campaña electoral. Que su nuera se hubiese casado a los dieciocho años no era la clase de propaganda que le interesaba difundir.

—Mira el lado positivo —agregó Preston—: Ahora, si Ben no firma el divorcio, podrás despedirlo.

Me acerqué el tenedor a la boca y degusté el croissant en silencio. Por resentida que estuviese, jamás le haría eso.

—Mi padre me ha propuesto ser la nueva directora de contenido de la plataforma de la NBS tras la adquisición. —Cambié de tema—. Cree que las producciones que quiero llevar a cabo encajarán mejor con su catálogo y que será un buen entrenamiento para cuando herede la empresa.

—¡Enhorabuena! —Preston ensanchó la sonrisa—. ¡Eso es fantástico! ¡Por fin podrás quitarte a Marty de encima!

Marty era el director de contenido de la plataforma de stream­ing de Morgan Media. Él tenía la última palabra a la hora de decidir qué películas y series producíamos.

—Sí —asentí—. Aunque faltan meses para eso. El director se jubilará cuando la compra se haga efectiva.

Le di un último trago al café y me limpié la boca con la servilleta de tela.

—Algo más te ronda la cabeza —adivinó mi amigo.

—Anoche se me ocurrió un final alternativo para la primera temporada de Legacy .

—¿Esa es la serie de los hermanos que se despedazan por heredar la empresa familiar?

—Sí. Justo. Mi idea supone un cambio sustancial en la trama romántica, que creo que puede impresionar más a la audiencia, y es hacer que Rowan, el hermano mayor y despiadado, se líe con Lucy, que es una trabajadora de la empresa familiar y el personaje más inocente de la serie.

Ambos están casados, por lo que lo suyo sería una aventura.

Lo interesante es que, al final de la temporada, ella le traicionará para quedarse con su puesto de trabajo.

Imagino que Marty no me lo aprobará porque se aleja de nuestra línea tradicional.

—Si sabes que te dirá que no, ¿por qué le das vueltas?

—Porque sé que la idea tiene potencial y quiero apostar por ella. He pensado en contársela primero al guionista. Si él cree que es buena y la incorpora al guion, podré presentársela a Marty. Quizá si le damos el trabajo hecho, habrá más probabilidades de que acepte, ¿no?

Preston alzó las cejas sorprendido.

—¿Katherine Morgan saltándose la autoridad y actuando a espaldas de su jefe? Esto no lo vi venir.

Intenté no sonreír por su tono burlón.

—No pretendo saltarme a Marty. Simplemente quiero contar con el respaldo de Kevin.

—Bien pensado.

Un poco más tarde, me bajé del coche en Midtown. Las oficinas de Morgan Media estaban en el centro de la ciudad. La empresa había trasladado la sede principal de Boston a Nueva York hacía unos años. Ese había sido el motivo de mi mudanza a la Gran Manzana.

Esquivé la oleada de transeúntes que caminaban apresurados con un café para llevar en una mano y el teléfono en la otra. Entré en el rascacielos por la puerta giratoria y atravesé el vestíbulo de techos altos y suelo de mármol reluciente. Pasé por los tornos y me dirigí a los ascensores.

Me bajé en la planta dieciséis. Después de saludar al recepcionista, crucé el espacio diáfano hasta la antesala de mi despacho. Me detuve frente al escritorio de mi asistente y le dije:

—Buenos días, Adam. Ponme con Kevin Smith, por favor.

Kevin era el guionista de Legacy .

—Enseguida, señorita Morgan.

Entré en el despacho y dejé el bolso en la mesa.

De pronto, estaba nerviosa. No quería que Kevin pensase que no valoraba su trabajo o que creía que mis ideas eran mejores que las suyas. No me había dado tiempo a sentarme cuando sonó el teléfono fijo. Estiré el brazo y descolgué:

—¿Diga?

—Señorita Morgan, tengo al señor Smith en la línea dos —me contestó Adam.

—¡Perfecto, gracias! —Presioné el botón dos y lo saludé—: Buenos días, Kevin.

—Hola, Katherine. ¿Cómo estás?

—Bien. Quería hablar contigo porque he leído la versión final del guion de Legacy . Me ha encantado cómo mantienes la tensión entre los hermanos hasta el último episodio.

—Me alegro de que te haya gustado.

—También quería comentarte que se me ha ocurrido un final alternativo que puede impresionar a la audiencia… Como te digo, solo es una idea… ¿Quieres que te la cuente?

—Dispara.

—Creo que Lucy podría tener una aventura fuera del matrimonio con Rowan y traicionarlo al final de la temporada para conseguir el ascenso por el que ambos compiten.

Si el romance saliera a la luz, supondría un escándalo para la familia y el padre de Rowan podría desheredarlo.

Por ello, finalmente cedería al chantaje.

—Mmm… Para que funcione habría que incluir la subtrama romántica desde el inicio…

—Lo sé. He pensado que estaría bien mostrarlo al final del primer episodio. Podríamos incluir alguna escena de sexo en el despacho, y más adelante en alguna localización romántica, como la cabaña familiar del lago.

—¿Quieres meter escenas de sexo entre una mujer casada con el mejor tipo del mundo y el cabronazo de la serie?

—Sí. Creo que a los espectadores les gustará ver que Lucy es el punto débil de Rowan. Me parece una buena manera de humanizarlo un poco, ¿no?

Kevin guardó silencio unos segundos.

—Es tan buena idea que me da rabia que no se me haya ocurrido a mí…

—¿Sí? —pregunté ilusionada.

—Sí. ¿Marty está al tanto de este cambio?

—Todavía no… He estado pensando y creo que, si incorporases los cambios al guion, podría intentar convencerlo.

—Imposible. Esto conlleva semanas de trabajo y el guion ya está aprobado. Además, estoy metido en otro proyecto.

Me desinflé como un globo.

—Ah… No te preocupes. Lo entiendo.

—¿Por qué no modificas tú el guion?

—¿Yo?

—Te lo has leído tantas veces que te lo sabes de memoria. Tienes la idea, que es buena, de verdad. Solo te falta escribirla.

—Lo pensaré… Bueno, no te quito más tiempo. Gracias por atenderme.

—De nada. Si quieres, envíamelo cuando lo tengas y le echo un ojo.