5. Ben #2
—Muchas gracias. Estaba todo riquísimo —le agradecí con una sonrisa—. Invito yo —me dirigí a mis amigos—. Para celebrar que he salido en una revista.
Saqué un par de billetes de la cartera y los dejé dentro del libreto negro que contenía el recibo.
—Quédese el cambio —le dije a la mujer.
—Muchas gracias. —Ella lo recogió y volvió a dejarnos solos.
—Ya que has pagado, lo justo es que escojas tu fortuna el primero —propuso Alexandra.
Cogí una galleta al azar, rasgué el envoltorio dorado y la partí por la mitad. Me metí un trozo en la boca y mastiqué mientras leía el papelito que me había tocado.
Todos los finales son comienzos.
Fruncí el ceño desconcertado.
Logan soltó una carcajada estruendosa.
—¡Lo sabía! —exclamó encantado—. «Esta galleta te hace guapo» —leyó el mensaje de la suya—. ¡Por fin tengo la confirmación que necesitaba! Ya puedo irme a la cama tranquilo.
—¿De verdad pone eso en tu papel? —pregunté escéptico y él me lo mostró—. No me lo puto creo.
Me reí al ver que era verdad.
—La mía dice que hay buenas noticias en camino —nos informó Alexandra—. Espero que sea que por fin van a subirme el sueldo en el bufete. ¿Qué pone en las vuestras? —Nos miró intrigada a Chris y a mí.
—«Un rayo de sol te conducirá a tu nuevo hogar» —dijo Chris, con los ojos fijos en su nota.
—Curioso. —Alexandra le sonrió antes de desviar la mirada hacia mí—. ¿Y en la tuya?
—«Todos los finales son comienzos» —contesté mientras masticaba la otra mitad.
Ella ahogó una exclamación y se tapó la boca. Me miró con los ojos desorbitados y entonces exclamó:
—¡Ay, Ben! ¡Es una señal de que tienes que recuperar a Kate!
—¿Qué dices?
—«Todos los finales son comienzos» —repitió entusiasmada—. Piénsalo. El final se refiere al divorcio. A su vez, el divorcio es lo que ha traído a Kate de nuevo a tu vida, por lo que también puede ser el comienzo.
—No es una señal. Solo es un mensaje estúpido en una galleta.
—Mi abuela decía que todo pasa por algo —siguió ella—. Podías haber elegido cualquier otra galleta de las que había en la mesa. ¿No te parece curioso que hayas cogido la que tenía ese mensaje?
—No, Alex. El mensaje tiene ese significado porque quieres dárselo. Claramente se refiere a que acaba mi carrera de guionista porque empieza la de presentador.
—Lo que tú digas, pero el mensaje ha llegado a ti cuando te he preguntado si quieres recuperar a Kate. No hay duda de que esto es obra del universo.
Negué con la cabeza.
—Si a un tío lo atropella un coche ahora en la calle, probablemente sea porque ha cruzado sin mirar y porque la gente en esta ciudad conduce de puto culo, no porque el universo haya intercedido.
—Le llevé la contraria—. Igual que yo estoy aquí porque quería veros, no porque un puñado de señales me haya guiado hasta este restaurante para coger una galleta con un mensaje genérico.
Mi amiga soltó un suspiro y dijo:
—Yo lo único que te pido es que prestes atención a las señales. A la gente que las ignora le pasan cosas malas.
—Las únicas señales en las que creo son las de tráfico.
—Chicos, no quiero cortaros el rollo —intervino Logan—. Pero somos los últimos y la camarera está deseando que nos piremos.
Me guardé el papel de la galleta en el bolsillo y me levanté.
Cuando salimos del restaurante, comenzaba a chispear y se había levantado una brisa fría. Me subí la cremallera de la cazadora hasta arriba. Acto seguido, saqué el paquete de chicles de menta y me comí uno; me ayudaban a combatir las ganas de fumar.
Tras despedirnos de Chris y Alexandra, con la promesa de vernos el sábado en el plató, ellos enfilaron en dirección a la Sexta Avenida mientras Logan y yo arrancamos a andar en sentido contrario.
—Oye, tío… —comenzó cuando nos alejamos un poco—. No sé si recuerdas lo que dijiste la noche que recibiste el divorcio, pero repetiste varias veces que no querías firmarlo. Incluso bromeaste con abandonar el país para no tener que hacerlo…
—No deberías tener en cuenta las tonterías que suelto por la boca estando pedo.
—Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad…
No tenía claro todo lo que había largado aquella noche, pero sí recordaba haberle confesado que Kate era la única mujer a la que había amado.
—Lo que ha dicho antes Alexandra me ha dado que pensar…
—¿El qué? ¿La chorrada de las señales?
Un relámpago iluminó el cielo, seguido del estruendo de un trueno. Las farolas que alumbraban la calle parpadearon.
—Yo no creo en esas mierdas —puntualicé.
En cuanto terminé de pronunciar la frase, las farolas se apagaron.
«Hostia, menuda coincidencia».
—Es un corte eléctrico, ¿verdad? —Logan sonó dubitativo.
—Sí, claro, ¿qué va a ser si no?
Comenzó a llover con más intensidad. Logan y yo apresuramos nuestros pasos, iluminados por los faros de los coches.
—Entonces ¿quieres firmar el divorcio? —me preguntó.
Por lo general, no me sentía cómodo con nadie hablando de mis problemas, pero Logan era una de las pocas excepciones a la norma. Nos habíamos visto en la mierda absoluta y habíamos estado el uno para el otro en momentos muy jodidos de nuestras vidas.
—En realidad, da igual lo que yo quiera. No creo que tenga otra opción, así que lo firmaré al llegar a casa.
—Bueno, si necesitas cualquier cosa, llámame —me dijo cuando llegamos a la esquina en la que nos separaríamos.
—Vale. Nos vemos el sábado, tío.
—Hasta el sábado.
Cuando llegué a casa, minutos después, estaba empapado.
Dejé un rastro de agua hasta la cocina. El bolígrafo de Kate seguía sobre la isla, junto a dos de las copias de los papeles del divorcio.
Me saqué la tercera del bolsillo interno de la chaqueta.
La extendí al lado para que se secase la humedad.
Tras apartarme el pelo mojado de la frente, cogí el bolígrafo y pasé el pulgar por las iniciales grabadas del capuchón.
Recordé lo que había dicho Kate horas antes:
«Hay un pósit donde tienes que firmar. En cuanto lo hagas, podremos seguir con nuestra vida como si este error no hubiese ocurrido».
La sensación incómoda regresó a mi pecho.
Me apoyé en la encimera y cogí el móvil del bolsillo trasero del pantalón. Eran las diez de la noche cuando marqué el número de la única persona que había conocido a Kate de joven.
—¡Pero si es el hombre del momento! —La voz alegre de Lola me llegó desde el otro lado de la línea.
La conocía de toda la vida. Nos hicimos amigos a raíz de que empezara a salir con Mike, durante el último año de instituto.
—¿Qué tal? ¿Cómo estás? —le pregunté.
—Bien. ¿Y tú?
Me lancé a la piscina de cabeza:
—Kate se ha presentado en casa con el divorcio.
—Vaya, quién iba a imaginar que la estrategia de guardar los papeles en un cajón no funcionaría. —Su tono irónico me hizo sonreír.
—Ya… Me ha dado tres días para firmarlo y no sé qué hacer. Quiero hablar con ella, pero han pasado trece años. Quizá ya no tiene sentido. Además, no estoy seguro de que a ella le apetezca…
—¿Qué es lo peor que puede pasar si lo intentas? ¿Que no quiera escucharte?
—Supongo.
—Yo voto por que lo intentes. Si Mike estuviese aquí, te diría lo mismo, y lo sabes.
—¿Tú crees?
—Ese hombre estuvo persiguiéndome desde preescolar. Jamás te aconsejaría que tiraras la toalla.
—En realidad, creo que Mike me diría que Kate juega en otra liga y que no me molestase en intentarlo, pero yo haría lo contrario.
La muerte repentina de Mike fue un palo para todos. Habían pasado un par de años y seguía echándolo de menos.
—¿Cómo está mi ahijado? —pregunté después de aclararme la garganta.
—Lleva un buen rato dormido. Hoy se le ha caído una paleta. Se ha metido en la cama contentísimo porque esta noche toca visita del Hada de los Dientes. Mira, te mando una foto.
Me aparté el teléfono de la oreja y puse el manos libres. En la imagen que me había enviado Lola, el pequeño Archie aparecía sonriendo, con el pelo oscuro revuelto y con un hueco donde debería ir la paleta derecha. Al verlo tan contento, me entró la risa.
—Madre mía, menudo estirón en un mes.
—Lo sé. Crece rapidísimo. Me gustaría congelar el tiempo y hacer que los días pasasen más despacio.
En un momento, me puso al día de cómo le iba a Archie en el colegio y a ella en el cine de Montauk. Luego se interesó por cómo estaba llevando yo los nervios del directo inminente.
—Por cierto, ¿quieres venir el sábado al programa? —le pregunté—. Se lo he comentado a unos amigos y a mi madre.
—Me encantaría, pero no puedo llevarme a Archie. Te apoyaremos desde el sofá. El niño está deseando verte en la tele. ¿Vendrás el mes que viene de visita?
—Claro.
—Oye, Ben… Mike estaría muy orgulloso de ti.
Tragué saliva. De pronto, veía borroso.
Cuando colgamos, guardé los papeles del divorcio en un cajón y arrastré los pies hasta la ducha.
Tenía dos días más para decidir qué quería hacer.