4. Ben #2
—Menos mal. —Dejé caer los hombros, fingiendo alivio—.
Si lo hicieras, tendría que saltar detrás para rescatarte, cosa que sería una putada gigantesca, porque estamos a mediados de abril y el agua del Atlántico está helada, ¿sabes?
—Hice una pausa—. Y, en el hipotético caso de que hubiera una tabla ahí abajo, no cabríamos los dos y la verdad es que no tengo ganas de morir hoy, Rose.
Una sonrisa tímida asomó a sus labios.
—Siempre podemos compartir la tabla, Jack —contestó.
Sonreí, encantado de que hubiese pillado la referencia.
Ella desvió la vista al infinito, como si le diera vergüenza mirarme.
Estaba decidido a sacarle conversación. Abrí la boca al mismo tiempo que ella giraba la cabeza en mi dirección y, entonces, hablamos a la vez:
—¿Qué haces aquí fuera? —pregunté yo.
—Me sorprende que hayas visto Titanic —confesó ella.
—¿Qué? —Fruncí el ceño, haciéndome el ofendido—. Por supuesto que he visto Titanic . Es una de las películas que más premios ha ganado junto con Ben-Hur .
—Y El retorno del rey .
—Punto para Rose. —La señalé con el dedo índice.
—No me llamo Rose.
—¿Ah, no? ¿Y cómo te llamas?
—Kate.
—¿Winslet? —Se me escapó la risa.
Ella negó con la cabeza como toda respuesta.
Atraído como un mosquito hacia la luz, di un par de pasos hacia ella.
—Yo soy Sharp. Ben Sharp. —Alargué la mano y Kate me la estrechó con delicadeza.
Tenía la piel caliente y extremadamente suave.
—Lo has dicho igual que James Bond —observó al soltarme.
—¿Has visto alguna de sus pelis?
—Mmm…, alguna que otra, sí. Licencia para matar , Muere otro día , Casino Royale , Quantum of Solace …
—Vaya.
—¿Sorprendido?
—No más que tú.
La sonrisa tierna que me dedicó me dejó descolocado.
Kate tenía los ojos azules, la nariz y las mejillas salpicadas de pecas y un lunar diminuto encima del labio.
—Ahora que hemos hecho las presentaciones, ¿vas a contarme qué haces aquí sola? ¿Tan rollazo es la fiesta?
—Qué va. La fiesta está bien. Yo solo… —vaciló— necesitaba tomar un poco el aire. Dentro hace mucho calor —terminó, colocándose un mechón rubio detrás de la oreja.
—Vamos, que quieres largarte y no sabes cómo.
—De verdad que no es eso. —Ella volvió a jugar con su pelo.
—No estarás escapando de tu prometido malvado, ¿verdad, Rose?
Se tapó la boca con la mano y soltó una risita suave. Al oírla, me entraron unas ganas tremendas de sonreír.
—¿Estás obsesionado con Titanic o algo así? —preguntó divertida.
—Con James Cameron, más bien. En una sola película el tío te planta una historia de amor, un falso documental, un clímax que dura una hora y pico, y un final perfecto.
—Estoy de acuerdo con todo, excepto con el final. Es de todo menos perfecto. Jack cabía en la tabla —comentó contrariada—. Cuando muere se te rompe el corazón en mil pedazos.
—¿No crees que precisamente su muerte hace que la peli sea memorable?
—No. No. No. —Negó con energía—. Después de todo lo que han pasado, los personajes merecían un final feliz.
—A mí el cierre me parece impresionante.
Cuando Rose muere de mayor, y Jack y ella se reencuentran frente al reloj, las manecillas marcan las dos y veinte, que es la hora a la que se hundió el Titanic.
—Me apoyé las manos en las sienes, abrí mucho los ojos e hice el gesto como de que me explotaba la cabeza—.
James Cameron lo tenía todo pensado. Es un puto genio.
—No conocía el detalle del reloj…
—Tendrás que volver a verla. Todos los años hacen un ciclo de James Cameron en el cine de Montauk. Ponen Titanic , Terminator y Avatar .
—Esas no las he visto…
—¡No me jodas! —Me llevé la mano a la frente y negué con la cabeza—. Fingiré que no has dicho eso.
Kate me miró con cara de circunstancias.
—Soy más de clásicos —confesó.
— Terminator es un clásico y Avatar lo será en el futuro. Se estudiará en las universidades, estoy seguro.
—Creo que tenemos conceptos distintos de lo que es un clásico. Para mí lo es Cuando Harry encontró a Sally , Desayuno con diamantes o Atrapa a un ladrón .
—No las he visto.
—Haré como que no has dicho eso —repitió mis palabras.
Volví a sonreír.
—¿Cuál es tu película favorita? —me interesé.
—No sé si puedo elegir solo una… —murmuró pensativa—. He visto muchas veces La ventana indiscreta . A mi madre le encantaba.
—¿Y a ti cuál te gusta?
Se encendió la luz del salón por el que ella había salido y ambos dimos un respingo.
—¿Kate? —dijo una voz nasal y masculina desde el interior—. ¿Estás ahí?
Ella me adelantó y se ocultó detrás de la pared de la esquina, como había hecho yo antes.
Fruncí el ceño extrañado.
—¿Qué me das si te libro de ese tío? —le pregunté a Kate en voz baja.
—Nada.
—¿Una cita? Podríamos ir al cine.
Ella se puso roja y no contestó.
Rich hizo acto de presencia abriendo la puerta corredera. Escaneó el porche y se dirigió a mí.
—Estoy buscando a una chica rubia. Lleva un vestido blanco. ¿La has visto?
—¿Te refieres a una chica guapísima, que tiene los ojos azules y un lunar encima del labio? —le pregunté.
—Justo. ¿Sabes dónde está? —Su tono se tornó esperanzado.
—Rich, Rich, Rich —dije con retintín, caminando hasta él—. La información no es gratis.
Él captó la indirecta al vuelo.
Con una sonrisa arrogante, sacó un billete de veinte dólares de la cartera y lo alargó en mi dirección.
Lo acepté de buena gana.
—La he visto asomarse hace dos minutos por el balcón del segundo piso —mentí con naturalidad a la par que me guardaba el billete en el bolsillo del pantalón—. El de la parte delantera.
Sin decir nada más, Rich se dio la vuelta y se marchó por donde había venido.
—De nada, gilipollas —musité entre dientes.
A continuación, me planté delante de Kate.
—Después de todo, sí que estás huyendo de un novio malvado, igual que Rose.
—Rich no es mi novio. Solo es… el hijo del socio nuevo de mi padre. Le acabo de conocer.
—Y no le soportas.
—Yo no he dicho eso.
—Tranquila, no hace falta. Te has escondido como si viniese Freddy Krueger.
Oí un silbido a lo lejos. Era la señal de Mike para que volviera a mi puesto porque, o bien había ajetreo, o bien nuestro jefe merodeaba por la zona.
—Tengo que volver al trabajo. —Señalé con el pulgar por encima del hombro.
—Yo también debería entrar. Encantada de conocerte, Ben.
—Igualmente.
Hice amago de irme, pero de pronto me sentí algo inquieto. ¿Debía pedirle el número de teléfono? ¿Cuáles eran las probabilidades de que me rechazase? No aguantaba al petardo de Rich, pero ¿tendría novio?
«Bah. A la mierda».