2. Kate #3
—¡Eso es genial, papá! —exclamé como si el pecho no se me acabase de hundir—. ¡Enhorabuena!
—Publicaremos un comunicado de prensa a lo largo del día de mañana —continuó, ignorando la felicitación—: Quería que fueses la primera en saberlo. He pensado que deberías ser tú quien lidere su plataforma de streaming . El contenido que quieres producir encajará mejor en su catálogo.
Desde hacía dos años era productora en la plataforma de streaming de Morgan Media, la empresa de la que mi padre era dueño y director ejecutivo.
Éramos conocidos por las películas y series dramáticas, históricas y policiacas.
Yo soñaba con producir comedias románticas, pero cada vez que intentaba sacar adelante un proyecto que se saliese de esa línea, el director de contenido no me daba luz verde.
Aunque el trabajo me gustaba, me frustraba que no me permitiesen sacar adelante las historias en las que creía.
La oferta que acababa de hacerme mi padre era su manera de mostrarme lo contento que estaba con que fuera a casarme con alguien de su agrado.
En su día me había dejado claro que no conseguiría ascender ni producir lo que quisiera si no le demostraba que podía seguir y representar los valores tradicionales de la compañía.
—Confío en tu visión de negocio —prosiguió—. Ser directora de la plataforma será un buen entrenamiento para cuando tomes el relevo dentro de unos años.
—¿Qué pasa con el director actual? —le pregunté antes de hacerme ilusiones.
—El señor Miller ascenderá a consejero cuando la compra de la cadena se haga efectiva. Estos procesos llevan su tiempo, pero puedes empezar a trabajar ya con él. Hazle una visita para que te cuente qué estrategia de contenido siguen, que te presente a la plantilla y que te enseñe las oficinas.
—De acuerdo. Le diré a mi asistente que agende una reunión con él. Gracias por la oportunidad.
Mi padre asintió conforme y bebió de su copa.
El camarero apareció con la comanda y dejó un plato de filet mignon delante de cada uno de nosotros.
—¿No habías pedido pescado? —Mi padre arrugó el ceño.
—Sí…, pero no pasa nada. —Hice un gesto con la mano para restarle importancia—. Puedo comer…
—Disculpe. —Se dirigió al camarero, que estaba a punto de salir—. Mi hija había pedido pescado. Cámbieselo.
—Lamento la confusión, señorita. —El hombre retrocedió sobre sus pasos y cogió el plato—. Es mi primer día —se justificó con cara de situación—. Ahora mismo se lo traigo.
—No se preocupe. —Sonreí apurada, con la esperanza de compensar el tono exigente de mi progenitor—. Muchísimas gracias. Muy amable.
No sabía dónde meterme.
El camarero se retiró y volvimos a quedarnos solos.
—El chico ese que conociste en Montauk va a presentar Saturday Late Night —comentó mi padre como si fuera algo irrelevante.
El estómago se me contrajo de manera desagradable.
La última vez que hablamos de Ben fue el día que rompió conmigo, hacía trece años.
Mi padre nunca apoyó la relación. Estaba convencido de que las intenciones de Ben no eran buenas.
Desoí sus advertencias convencida de que me quería de verdad.
Ben me dejó al día siguiente de habernos fugado para casarnos, poniéndome la excusa de que nos habíamos precipitado, y también me aseguró que no tenía que preocuparme, puesto que había hablado con el oficiante para que no registrase el matrimonio.
Me sentí tan tonta y avergonzada por no haber escuchado a mi padre que le oculté que me había casado con él.
—Lo sé. Me he enterado por la prensa —respondí escueta.
—Jamás pensé que alguien como él llegaría tan lejos…
Bebí otro poco de champán. No sabía qué responder.
—Espero que no te suponga ningún problema —agregó pasados unos segundos.
Solté la copa y me limpié los labios con la servilleta de tela. Intenté no demostrar emoción alguna cuando dije:
—Por supuesto que no. Ni siquiera me acordaba de él.
Me acomodé el pelo detrás de la oreja.
Los segundos que tardó mi padre en escrutarme se me hicieron eternos.
—Por cierto, Preston y yo estamos encantados con el salón del Cipriani. —Cambié de tema con la mayor naturalidad posible—. Es espectacular. Tiene capacidad para mil quinientos invitados…
—Hablando de eso, el señor Cheng y su mujer vendrán a la boda. Asegúrate de que los sienten cerca.
El señor Cheng era uno de sus compañeros de negocios. No me sorprendía que le hubiese invitado sin consultarme. La mayoría de los asistentes al enlace venían de compromisos que tenían tanto la familia de Preston como mi padre, e incluían políticos, directivos de empresas y socios de negocios.
—Claro, papá. —Forcé la sonrisa—. Hablaré con la organizadora de la boda para que lo tenga en cuenta cuando reparta las mesas.
—Estupendo.
Lo único en lo que pensé mientras apuraba la copa de champán era que ojalá Ben firmase los papeles del divorcio pronto. No podía permitirme que nuestro matrimonio llegase a oídos de mi padre. Y menos ahora que estaba tan cerca de cumplir mis propósitos laborales y producir el contenido que quería.