Los días rojinegros: Memorias de un niño obrero VI #5
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VI #5

Hacia las nueve y media de la mañana, la tropa comenzó a replegarse regresando de nuevo y dificultosamente a los cuarteles de los Docks de donde había salido a las seis de la misma mañana.

La retirada había sido difícil pues los soldados eran perseguidos por los tiros de los paisanos que, desde aquel momento, se habían crecido utilizando, en principio, el ardid de emplear balas de papel de los muelles cercanos a las que hacían rodar a empujones en el adoquinado, al mismo tiempo que se parapetaban tras ellas.

Disparaban y las hacían rodar de nuevo avanzando y protegiéndose con las mismas de los disparos.

El cuartel de Artillería de Montaña n.º 1, de los Docks, fue sitiado levantándose barricadas a menos de cien metros.

En aquellas circunstancias llegó una Compañía en ayuda de los artilleros de los Docks pero, al desembocar en la Avenida Icaria tuvo que enfrentarse con los numerosos grupos armados.

Esta Compañía de Infantería era una de las dos del Regimiento de Alcántara número 14, que a las nueve y media de la mañana habían salido del cuartel del Parque de la Ciudadela, con el propósito de dirigirse una, a la calle Caspe y ocupar la emisora de Radio Barcelona situada frente al Teatro Novedades, la otra, debía secundar en sus operaciones a los artilleros de los Docks.

Cuando se aprestaron a reforzar a éstos, se hallaron abocados a tan difícil coyuntura que solamente el capitán que mandaba la Compañía y algunos soldados consiguieron penetrar en el cuartel.

Todo el resto de la Compañía fue apresada por la milicia y la guardia de Asalto.

La otra Compañía procedente del cuartel de Alcántara logró alcanzar el Arco de Triunfo, pero fue tiroteada desde la Estación del Norte.

A pesar del hostigamiento de que fue objeto prosiguió su marcha, logrando llegar hasta la Plaza de Urquinaona, quedando definitivamente bloqueada por el nutrido fuego que brotaba sobre sus efectivos desde todas las bocacalles inmovilizándola.

Los grupos armados se desplazaban en continuo movimiento empleando la técnica de la guerrilla urbana a la que los activistas de la CNT y FAI habían sido adiestrados, dirigiendo con su experiencia a los demás obreros.

Al mismo tiempo la lucha se libraba en la lindante Plaza de Cataluña y, en sentido longitudinal norte, se combatía con un incesante tiroteo, contra el convento de los Padres Carmelitas, donde a medida que el tiempo iba transcurriendo, los militares refugiados en él se encontraban en una situación más angustiosa.

La Compañía de Alcántara, bloqueada en la Plaza Urquinaona, acabó siendo apresada.

Sólo su capitán y algunos de los oficiales lograron librarse de ser capturados.

A media mañana del domingo, a pesar de los hechos relatados, seguían resistiendo, además de los puntos indicados, como el convento de los Carmelitas, la Plaza de Cataluña, los cuarteles de San Andrés, la Capitanía General, las Atarazanas y el segundo escuadrón de Montesa que después de apoderarse de la barricada del Paralelo, emplazada delante del conocido café Chicago había quedado al mismo tiempo inmovilizada en la misma, sin serle posible ni tomar el sindicato de la Madera que estaba en la calle del Rosal, esquina con el Molino Rojo.

El escuadrón fijado en la barricada si bien no podía avanzar por el Paralelo para enlazar con las fuerzas de los cuarteles de Atarazanas, a la vez impedía con enconada resistencia el avance de los grupos obreros cuyos intentos repetidos para reconquistar la barricada de la que habían sido expulsados, les costaba numerosas pérdidas.

Hasta las once de la mañana del domingo, la tropa fue dueña de la barricada.

Un capitán alentaba a los soldados para que no se desanimaran en el combate, mientras las ametralladoras tableteaban y las cintas de proyectiles iban siendo disparadas por las máquinas, y el fuego de fusilería respondía al tiroteo de que era objeto la defensa.

En aquella hora grupos obreros encabezados por Francisco Ascaso, avanzaron por la calle San Pablo hacia la Brecha del mismo nombre dispuestos a apoderarse de la barricada.

Se parapetaban en los muros de las casas y escondían en los quicios de las puertas desde las que, después de disparar, reaparecían para ganar otro puesto adelante.

Muchos, alcanzados por las balas, caían derribados para siempre.

Ascaso, parapetado y a la expectativa en un punto estratégico, apuntó al oficial que dirigía la defensa de la barricada y lo abatió con una descarga de su pistola ametralladora.

Otro oficial que iba a sustituirle en el mando cayó en aquel preciso instante abatido de un balazo.

El desorden y la desmoralización cundió rápidamente entre los soldados.

Poco después, los grupos armados, seguros ya de su triunfo, se lanzaron al asalto de la barricada del Paralelo y aniquilaron a los supervivientes.

La Revolución había triunfado. Ella era la única dueña de la ciudad pero nadie advertía que, al mismo tiempo, ya en aquellas horas se había transformado y dado comienzo a una guerra que ya se estaba generalizando en toda España.

La gigantesca hoguera y hasta las cenizas de la misma iban a durar largos años.