VI #3
Sin embargo, al quedar aislado el primer escuadrón de Montesa en la plaza de España, cada vez más hostilizado por el fuego de los paisanos, las fuerzas acusaron el efecto de las primeras bajas, heridos y muertos.
Algunos de los caballos que se habían utilizado para el movimiento de las piezas de artillería, alcanzados por las balas, yacían derribados y muertos en el suelo de la plaza o relinchaban despavoridos en tierra en tanto de sus heridas salía la sangre a borbotones.
A cada momento, la situación de la tropa era más grave, tiroteada desde todas partes y desde los puntos más insólitos por el paisanaje armado.
El primer escuadrón de Montesa, tiroteado a mansalva, acabó por abandonar las baterías, los heridos y muertos, así como los caballos, refugiándose en una precipitada retirada en el cuartel de la calle Tarragona, los pocos supervivientes que quedaban después de valerosa resistencia.
La sangre de soldados y oficiales manchaba las calles y aceras.
Las bajas en aquel sector habían sido numerosas.
El segundo escuadrón avanzando desde la plaza de España por El Paralelo, no halló obstáculos en su avance hasta que vio interrumpida su marcha al llegar a las cercanías de la Brecha de San Pablo, hallando el paso cortado por la imponente barricada levantada frente al café Chicago por afiliados al sindicato de la Madera.
Inmediatamente se entabló una lucha feroz, hasta que la tropa consiguió tomar al asalto la barricada apoderándose de la misma y siendo emplazadas inmediatamente en ella varias ametralladoras que comenzaron a disparar tanto hacia la bocana de la calle San Pablo como hacia El Paralelo en dirección a Las Atarazanas y el Puerto.
Acto seguido, parte del escuadrón se dirigió, al mando de un capitán, al asalto del sindicato de la Madera, sito en la calle Rosal, esquinada con el conocido Molino del Paralelo.
No lograron su objetivo, puesto que una cortina de proyectiles lo impedía.
Retrocedieron al mismo tiempo que dejaban sobre el adoquinado algunos muertos y heridos, parapetándose en la barricada que habían tomado y a la que tampoco podían abandonar por serle difícil al escuadrón proseguir su avance por El Paralelo donde francotiradores invisibles tiroteaban incesantemente.
A su vez, el tercer escuadrón de Caballería de Montesa, también, como los anteriores mencionados, salido de los cuarteles de la calle Tarragona, había proseguido su itinerario desde la plaza de España avanzando por la calle Valencia sin novedad.
Iba acompañado de una Compañía de falangistas voluntarios que se habían sumado al Alzamiento.
También, por la calle Urgel, en dirección a la calle Cortes Catalanas, actualmente Avenida de José Antonio, descendía una Compañía de infantería que había salido de los cuarteles de Pedralbes, con la misión de acudir en ayuda de la Capitanía General, situada en el Paseo de Colón, frente al Puerto de Barcelona.
Al mismo tiempo bajaba paralelamente a la calle por la que avanzaba la Compañía, un Regimiento por la de Aribau siendo el objetivo de estas fuerzas apoderarse de la Plaza Universidad, Cataluña y, una vez en ésta, del edificio de la Telefónica.
Estas últimas fuerzas, empero, antes de alcanzar la plaza de la Universidad, fueron ya tiroteadas desde los tejados, los quicios de las puertas y las esquinas, por numerosos grupos de paisanos armados, obstaculizando su marcha.
El tiroteo se generalizó transformándose en abierto combate entre las fuerzas del ejército y los grupos obreros, hasta tal punto que, el tercer escuadrón de Montesa, que avanzaba por la calle Valencia, sorprendido por lo que estaba ocurriendo, cuando se encontró en las proximidades del lugar donde la lucha se desarrollaba, aprovechó los primeros momentos de confusión, consiguiendo el escuadrón alcanzar la plaza de la Universidad.
La cooperación de la Compañía de voluntarios falangistas resultó de gran eficacia, al imponerse y efectuar algunas capturas entre los elementos obreros armados que se encontraban apostados en la plaza.
Entre éstos fue detenido el sindicalista Ángel Pestaña que fue retenido en el interior del edificio de la Universidad, hasta que, hacia las cuatro de la tarde del domingo, 19 de julio, fue libertado por los milicianos.
Los grupos obreros, a la presión de las fuerzas del ejército, se replegaron unos por la calle Pelayo y otros, por las Rondas de San Pedro y de San Pablo, al mismo tiempo que, al retroceder, disparaban sus armas contra falangistas y soldados.
La Plaza de Cataluña estaba atentamente vigilada por numerosos piquetes de obreros armados, apostados en la desembocadura de la Rambla de Canaletas, encarada a la amplia superficie de la plaza antedicha.
En otra de las bocanas de la misma, en el comienzo de la llamada Plaza del Ángel y calle Fontanella, se hallaban fijados otros grupos en constante observación de la llegada de tropas.
Cuando el ejército alcanzó la Plaza de Cataluña sorprendieron, con su rápida acción, tanto a la Guardia de Asalto, emplazada en algunas de sus bocacalles, como a los mismos obreros que, en el primer instante, creyeron que aquellas fuerzas del ejército estaban de su parte.
La reacción frentepopulista fue tardía y por lo mismo infortunada pues, la tropa, subdividiéndose con presteza y a tiro limpio abriéndose paso, tomó los edificios de la Telefónica, la Maison Doreé y el Círculo Militar parapetándose en ellos, abriendo desde los distintos puntos ocupados, nutrido fuego, desconcertando al paisanaje.
Desde los diversos puntos establecidos, Hotel Colón, Maison Doreé y el alto edificio de la Telefónica por las fuerzas del ejército, el dominio de la gran superficie de la Plaza de Cataluña era absoluto.
Así, pues, cuando los primeros grupos armados, reaccionando enardecidos, se lanzaron al ataque en arriesgados intentos de tomar al asalto los edificios tomados por las tropas, lanzándose a atravesar la anchurosa área de la bandeja que formaba la plaza, fueron barridos al ser alcanzados certeramente por las balas como fáciles dianas.
Uno de los primeros en caer fue Enrique Obregón, secretario de la Federación Local de grupos anarquistas.
Bien pronto, caballos, guardias de Asalto y obreros cenetistas, alcanzados por los proyectiles, sembraron con sus cuerpos la Plaza de Cataluña.
Las ráfagas de las ametralladoras del Ejército, apostadas en las ventanas de la fachada del gran Hotel Colón, en la Telefónica, la Maison Doreé y en el Círculo Militar hacían del todo imposible las salidas.
Sin embargo, la fijación de fuerzas militares, tropas y oficialidad, en los distintos puntos indicados de la plaza, limitaba e imposibilitaba la movilidad del Ejército que, ciertamente, dominaba totalmente la plaza pero, a la vez, confinaba a la fuerza en una situación de defensa muy efectiva pero que no podía prolongarse indefinidamente.
Los edificios elegidos y convertidos en reductos defensivos quedaban al mismo tiempo sitiados por las fuerzas heterogéneas del exterior que, cuanto mayor fuese la resistencia tanto más iba a ser su exasperación y desenfrenada su reacción final al apoderarse de los sitios ocupados por el ejército.
Cuanto más era el tesón defensivo de los militares, tanto más crecía la obstinación de los grupos obreros para acallar para siempre los fuegos enemigos.
Ya en aquellas horas de la mañana del domingo, 19 de julio, la ciudad comenzaba a arder por sus cuatro costados.
Aquella misma noche del 18 de julio, el Regimiento de Caballería de Santiago, había abandonado, a su vez, su acuartelamiento en la calle de Lepanto.
Había avanzado, formado a pie, por la calle Industria, Paseo de San Juan, tomando por la calle Córcega, hasta alcanzar la Diagonal (Avda. del Generalísimo) en su confluencia con el Paseo de Gracia.
El objetivo de estas fuerzas era, una vez trazado el recorrido anterior, descender por el Paseo de San Juan hasta adueñarse de la zona comprendida por el Arco de Triunfo y la estación del Norte, desde donde sería posible conectar con las fuerzas de los cuarteles de los Docks cuando éstas en su desplazamiento alcanzaran la Plaza de Palacio, Estación de Francia, comprendiendo el edificio de la Gobernación y su empalme con la Capitanía General situada en la prolongación de la Plaza de Palacio, en el Paseo de Colón.
Parte de la tropa que avanzó por el Paseo de San Juan hacia el Arco de Triunfo vio obstaculizada y frustrada su misión al ser tiroteada a mansalva por contingentes obreros del Clot, Pueblo Nuevo y San Andrés.
El resto de las fuerzas que componían el Regimiento de Caballería de Santiago se vio detenido en su marcha por la Diagonal, por la guardia de Seguridad y de Asalto que les cerraron el paso, abriendo fuego sobre la formación desde ambos lados de la avenida, apostados los guardias detrás de los troncos de los árboles, en los tejados de las casas y tendidos en los ángulos de las esquinas desde cuyo pavimento abrían fuego incesante sobre el grueso de la tropa formada en el centro de la amplia calzada.
Los grupos obreros armados de la CNT abrían fuego sin la preparación profesional de los guardias de Asalto y de Seguridad pero no menos peligrosos, supliendo con arrojo, a veces suicida, muchos de sus ineficaces disparos.