Los días que nunca coincidimos La primera mentira
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La primera mentira

Adrián apareció en casa de Valeria con desayuno, flores demasiado grandes y una disculpa mediocre.

-No sé pedir perdón -admitió.

-Lo noté.

-Pero estoy intentando.

Ella lo dejó entrar.

Le contó parte de la verdad: la llamada, el catorce de octubre, Rafael, la fotografía. Omitió a Samuel.

Valeria escuchó sin interrumpir.

-¿Ves? No morí por saberlo.

-Lo sé.

-Entonces la próxima vez confía.

Adrián prometió intentarlo.

Pasaron el día juntos. Se rieron, discutieron sobre música y terminaron acostados viendo una película que ninguno siguió.

La relación se volvió oficial sin ceremonia. Simplemente un día Adrián dijo "mi novia" durante una llamada y Valeria levantó la cabeza.

-¿Tu novia?

-¿No?

Ella fingió pensarlo.

-Tendré que revisar el contrato.

Pero sonrió.

Mientras ellos construían algo, Esteban seguía al hombre que creía haber entregado el sobre. Lo perdió en una estación. Al regresar al automóvil encontró una fotografía reciente de Carolina con los niños.

Detrás:

TU PADRE TAMBIÉN PENSÓ QUE PODÍA DETENERLO.

Esteban vomitó junto a la acera.

Esa noche entró al cuarto de sus hijos y los observó dormir.

Carolina apareció detrás.

-¿Qué pasó?

-Nada.

Ella cerró los ojos.

-Otra vez esa palabra.

Esteban se giró.

Por un momento estuvo a punto de contarlo todo.

No lo hizo.

En otra casa, Valeria se quedó dormida con la cabeza sobre el pecho de Adrián.

Él miró el teléfono.

Un mensaje desconocido:

PREGÚNTALE A ELLA POR LA BICICLETA AZUL.

Adrián borró el mensaje antes de que Valeria despertara.

Segunda mentira.

Esta vez consciente.