Los días que nunca coincidimos La mujer del ascensor
9%

La mujer del ascensor

Durante las siguientes dos semanas Adrián y Valeria comenzaron a coincidir con una frecuencia sospechosa. Primero en el ascensor. Después en el café. Luego en la fila del almuerzo. Ninguno admitía estar modificando horarios.

Valeria era analítica, rápida para detectar contradicciones y desesperantemente puntual solo cuando le convenía. Adrián organizaba su escritorio por tamaños, odiaba llegar tarde y tenía la costumbre de observar a las personas antes de confiar.

-¿Crees en las coincidencias? -preguntó él una tarde.

-Creo que les damos significado después.

-Entonces el destino es retrospectivo.

-Exactamente.

Adrián quiso contarle lo de la llamada. No lo hizo. Aún era demasiado pronto para contaminar algo sencillo con la historia de su familia.

Esa misma tarde Rafael apareció sin avisar.

-Deja quieto el pasado.

-No sé ni cuál pasado.

-Mejor.

-¿Quién era Nicolás?

Rafael se quedó inmóvil.

Adrián había encontrado el nombre en una vieja agenda de Elena.

-¿Dónde viste eso?

-Entonces existe.

Rafael se marchó sin responder.

En otra parte del edificio, Esteban abrió por primera vez el sobre que había escondido. Dentro había una llave, una fotografía antigua y una frase:

TOMÁS NO MURIÓ COMO TE CONTARON.

En la fotografía aparecían varios hombres jóvenes. Gabriel Ferrer. Tomás. Rafael. Otro hombre, parcialmente oculto.

Esteban guardó todo cuando Carolina entró.

-¿Qué escondes?

-Trabajo.

Ella no le creyó.

Esa noche Adrián invitó a Valeria a cenar. El restaurante era malo, el mesero olvidó la mitad del pedido y una alarma de incendio los obligó a terminar comiendo pizza en una acera.

Valeria se rio hasta llorar.

-Primera cita memorable.

-¿Esto cuenta como cita?

Ella lo miró.

-Tú dime.

Adrián no respondió. Se acercó.

El beso fue breve.

Después otro.

Cuando se separaron, Valeria sonrió.

-Eso sí contó.

A dos calles, dentro de un automóvil, alguien tomó una fotografía.