17 de junio
Al despertarme, sentí un silencio.
O un espacio vacío.
Me turbó hasta que recordé que El Inquilino no estaba. Es extraño lo rápido que una se acostumbra a algo. O a alguien, según sea el caso. Me pregunto adónde habrá ido. Y por qué.
Fui a la iglesia con tía Eugenia y con Arabella. Tía Eugenia solo asiste a los servicios de St. Paul’s.
«Si no puedo rendir culto en un edificio majestuoso, no me interesa la práctica», explicó tajante.
Lo cual, supongo, no es una cita directa del Nuevo Testamento.
El verdadero sermón se centró en el siguiente mandamiento: No Robarás.
Sin embargo, yo solo oía: No Leerás el Diario de Tu Vecino.
Basta.
Por la mañana, iré a la casa del duque, diario en mano, para confesar mi delito.
Si no regreso con vida, sepan que yo, Emma M. Lion, he vivido una vida plena y valiosa.