Los diarios de Emma M. Lion 2: Una señorita muy poco victoriana 20 de mayo
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20 de mayo

Hoy he ido a la iglesia y no he oído ni una sola palabra.

Al salir, volví a casa e intenté leer, primero a Isaías y luego Como gustéis . Cabría suponer que, entre la Biblia y Shakespeare, una encontraría algo que captara su atención. No conseguí pasar de la primera página de ninguno de los dos.

Abrí mi diario y releí la entrada que escribí anoche.

Me inquieta. En parte, porque no parecía del todo yo misma. Y, en parte, porque me pregunto si este señor Niall Pierce me hace sentir que puedo abrir una puerta que suelo mantener bien cerrada, incluso para mí.

En un intento por levantar el ánimo, le envié a Mary una nota con diez observaciones absurdas.

Dos eran a propósito de Teobaldo.

Tres eran a propósito de cosas que ha dicho la madre de Agnes.

Cuatro eran a propósito de las idas y venidas por Whereabouts Lane tal como se entienden desde mi buhardilla.

Y la última era un comentario sobre el horario a todas luces predecible y corriente de El Inquilino, también conocido como señor Pierce, pues el uso de Niall ha quedado Firmemente Revocado.

Considerando que es domingo, tuve que esperar hasta que vi a Toff corriendo Whereabouts arriba para llamarlo a gritos por la ventana y rogarle que entregara mi misiva.

En ese momento, Teobaldo entró en la habitación por su acceso privado y me miró como si lo hubiera despertado de la siesta. Luego se apropió de mi cama para reanudar su descanso del Día del Señor.

Siento curiosidad por saber si sería capaz de reconocer un ratón si lo viera.