Los diarios de Emma M. Lion 2: Una señorita muy poco victoriana 17 de mayo
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17 de mayo

El primo Archibald ha vuelto. Parecía angustiado y atormentado por haber pasado demasiado tiempo en el páramo remoto de la casa de su hermana.

—No estoy en casa para nadie —dijo, mientras se apresuraba hacia sus aposentos con el sudor corriéndole por los lados de la cara—. Ha sido un día caluroso y el tren olía mal. ¡No, no! —Me agitó un dedo delante de la cara—. A ti no puedo verte. Hoy no hablaremos. Acabaría conmigo por completo.

Cerró la puerta de su habitación con firmeza y nos dejó a Agnes y a mí plantadas en el pasillo. Solo queríamos ofrecerle té y pasteles.

—Su familia tiene una manera muy peculiar de mostrar afecto, señorita Lion.

Nunca se ha dicho nada más cierto.