14 de mayo
He pasado la mañana en el banco con el señor Penury.
El primo Archibald, fiel a su palabra —los prodigios nunca cesan—, ha enviado tanto la información financiera necesaria respecto al gobierno de Lapis Lazuli House como mi salario.
La cantidad no era exactamente la Bonita Suma prometida por los tres años completos, sino más bien la correspondiente a dos años y medio.
—Debe de haberse embolsado el resto —me quejé.
—¿Tiene la cantidad prometida por escrito y firmada por un notario?
—No.
El señor Penury esbozó un gesto compasivo y luego dijo:
—Estos son los gastos de la administración de Lapis Lazuli House, incluidos los salarios de su criada y su mayordomo.
Miré las cifras. A Agnes, criada y cocinera, le asignaban dos libras al año, mientras que a Parian el Glorificado, ese que tan poco hace, le pagaban casi treinta.
—Esto no puede ser. Agnes hace la mayor parte del trabajo en la casa. Parian no hace casi nada. Me niego a pagar tales salarios.
—Es lo habitual en el caso de una criada y un mayordomo. Incluso podría decirse que la joven recibe un pago generoso.
—Pero también es nuestra cocinera, señor Penury; trabaja sin descanso y siempre está exhausta. Como mínimo, deberían recibir el mismo salario, y hasta eso me parece escandalosamente injusto.
—Divídalo como quiera, señorita Lion, pero no supere las treinta y dos libras en el pago de entrambos. Sigamos adelante.
Y adelante seguimos. Pero no sin antes sonreír al oír la palabra «entrambos» pronunciada en voz alta.
Entrambos.
Entrambos.
Estoy divagando.
Entre el mantenimiento de la casa, el pago de los salarios, el coste de la comida, los impuestos, etcétera, el señor Penury había elaborado un presupuesto anual para nuestro sustento.
Es espartano, pero, aun así, me siento esperanzada.
Sobre todo al ver que había incluido una asignación mensual para mí.
—No le valdrá para comprarse un sombrero ni guantes, pero debería poder tomarse una taza de té de vez en cuando. Una joven tiene tanta necesidad como un joven de llevar unas monedas en el bolsillo.
Casi beso al señor Penury.
—Bien, veamos. —Y se recostó contra el respaldo de la silla—.
Una vez que su primo, el señor Flat, pague a sus acreedores (y tengo una lista para usted), la renta la mantendrá durante dos años.
Después de eso… —levantó las manos como un actor en el escenario—, debe encontrar una fuente de ingresos.
Lapis Lazuli House es totalmente suya, así que solo debe preocuparse por los gastos de administración.
No me interrumpa, señorita Lion. Cierre la boca.
Bien, tiene el salario que le ha enviado el señor Flat.
No es mucho, pero podría generar una pequeña cantidad de intereses.
Le aconsejo que, de momento, lo deje intacto en el banco.
Intacto. Lo he metido en una cuenta distinta, solo a su nombre, en la que su dinero estará a salvo.
También propongo que el dinero que gane alquilando Lapis Lazuli Minor vaya a parar a dicha cuenta.
A ver si somos capaces de generarle unos ingresos anuales, por escasos que sean.
Como acabo de comentarle, le he dado suficiente para tomar el té una vez a la semana. Ese es su capricho. No hay más.
—¿No hay nada para libros?
—No hay nada para libros.
—Pero…
—Utilice una de las muchas bibliotecas.
Así que me vi llevada a admitir mi debilidad.
—Me temo que yo leo despacio y que me gusta escribir en los libros. Las bibliotecas son antitéticas a ambas cosas.
—Parece que tendrá que usar su ingenio.
—El primo Archibald tiene una biblioteca, pero me tiene prohibido entrar.
—Sí. Según los términos del testamento, esos libros, por ley, son suyos.
—¿Y qué hay de que se haya gastado mi dinero? ¿Puedo reclamarle los libros?
—En la ley no hay nada que le permita exigir tal cosa, por injusto que sea.
—Entonces se echó hacia delante de nuevo y apoyó los codos en el escritorio antes de entrelazar las manos—.
Señorita Lion, voy a darle un consejo que le parecerá grosero y vulgar.
Le pido que nunca repita estas palabras ni relacione mi nombre con ellas.
Abrí los ojos como platos, pues imaginé que estaba a punto de sugerirme una vida de mala reputación. Afortunadamente, continuó:
—A lo largo de los dos próximos años, debe buscar cualquier forma de obtener beneficios.
¿Tiene parientes y amigos ricos? Aprovéchese de ellos.
Cada vez que la inviten a tomar el té, ahorre la cantidad que tenía designada para ello.
¿Si le ofrecen dinero? Acéptelo. ¿Regalos?
Véndalos. Traiga el dinero aquí y deposítelo en su cuenta.
Busque una vocación respetable. Respetable, escúcheme bien.
—El señor Penury había empezado a negar con el dedo delante de mí.
Supongo que convertirme en una dama de mala reputación no es una opción—.
Meta todo lo que gane en esta cuenta. Sea creativa.
Sea audaz. Entonces veremos cuál es su situación.
Es imposible, pero no es la primera vez que se logra lo imposible.
Asentí con la cabeza, me sentí inspirada. Fue un discurso tan noble como el que podría haber pronunciado cualquier rey.
—Gracias, señor Penury.
—Buena suerte, señorita Lion.
Buena suerte, desde luego.