Los diarios de Emma M. Lion 2: Una señorita muy poco victoriana 6 de mayo
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6 de mayo

El sermón de esta mañana ha estado bien.

El Joven Hawkes ha hablado largo y tendido de la historia de José como metáfora.

De que lo vendieron a los egipcios y después salvó a toda su traicionera familia.

No sabría decir si los jóvenes que aplaudían y protestaban en la última fila han contribuido al sermón o lo han desmerecido. Puede que sea cuestión de opiniones.

A José le regalan una bonita túnica. Aplauso.

A José le roban la túnica, se la desgarran y se la manchan de sangre. Protesta.

A José lo venden como esclavo. Protesta .

A José lo tienta la esposa de Potifar. Aplauso .

José resiste la tentación. Protesta .

Fue en este momento cuando el Joven Hawkes interrumpió el sermón y ordenó al carnicero que despejara la última fila. Hubo varias protestas y aplausos adicionales, tanto por parte de los expulsados como de los demás vecinos de St. Crispian’s.

Una vez que hicieron salir a toda prisa a los amigos de Cambridge del Joven Hawkes, este se recompuso y empezó de nuevo, pero no sin antes murmurar lo bastante alto como para que todos lo oyéramos: «Cualquiera que piense que lo que hizo la esposa de Potifar fue una buena idea ha demostrado no tener el menor juicio.

Que vuelva a probar a ser cristiano la semana que viene».

Me marché sintiéndome bastante animada.

Cuando regresé a casa y subí a mi buhardilla, me quedé estupefacta.

—¡¿Agnes?! —grité volviendo la cabeza.

Oí sus pisadas en las escaleras mientras corría y corría hasta que llegó sin aliento.

—No hace falta que corras cuando te llamo, Agnes. Puedes caminar. Bien, ¿por casualidad sabes de dónde ha salido?

Y ambas miramos al Gato que se había recostado con un aire bastante engreído sobre mi cama.

—¡Uf! ¡Un gato! ¡El señor Flat odia los gatos! ¡No! ¡Señorita Lion! No sé nada de este minino. No he dejado la puerta abierta, lo juro.

Fue entonces cuando me di cuenta de que había no una, sino dos notas esperando entre los tablones de la pared.

Así que esa era la solución infalible de El Inquilino a nuestro problema.

—No te preocupes, Agnes. Sé por qué está aquí, pero no cómo ha llegado. Gracias.

Una vez que se marchó y cerré la puerta, volví a clavar la mirada en la criatura.

—Tienes unos ojos preciosos —le dije, dando por sentado que la adulación era un camino seguro a la hora de tratar con aquel aristócrata del reino animal.

Parpadeó y apartó la mirada como una bestia mítica.

—¿Entiendo entonces que no debo dirigirme a ti directamente? Vaya, qué importante eres.

Tras sacar la primera nota de la pared, la abrí.

NUESTRA SOLUCIÓN.

Abrí la segunda. Al parecer, El Inquilino sentía la necesidad de ofrecer una explicación más elaborada en cuanto a por qué había un felino recostado en mi cama.

UN AMIGO SE HA MARCHADO DE LONDRES POR NEGOCIOS, PERO NO SIN ANTES ADQUIRIR POR ACCIDENTE UNA NUEVA ESPOSA, QUE ERA DUEÑA DE UN GATO.

SE HA LLEVADO A  LA ESPOSA CON ÉL. EL GATO NECESITABA UN HOGAR TEMPORAL.

VIENDO QUE SE TRATABA DE UNA SITUACIÓN MUTUAMENTE BENEFICIOSA, HE EMPLEADO A TEOBALDO MIENTRAS DURE EL VIAJE AL EXTRANJERO DE MI AMIGO.

CON UN POCO DE SUERTE, NUESTRO PROBLEMA SE HAbrÁ RESUELTO PARA ENTONCES.

Releí la nota tres veces y, la verdad, se me pasaron varias preguntas por la cabeza.

Pregunta uno : ¿Cómo se encuentra uno en posesión de una esposa por accidente? El hecho de que fuera o no dueña de un gato es irrelevante.

Pregunta dos : Una repetición asombrada de la primera pregunta. Lo reconozco, el «por accidente» me ha desconcertado. Considero que debo saberlo.

Pregunta tres : ¿Teobaldo? ¿Como el del diálogo de Romeo y Julieta ?

Teobaldo: ¿Qué queréis vos conmigo?

Mercucio: ¡Noble Rey de los Gatos, solo una de vuestras nueve vidas!

¿Es este, en efecto, el Rey de los Gatos?

Sería extraordinario si fuera cierto.

Pregunta cuatro : De nuevo, concierne a la esposa accidental. ¿Está ella al tanto de que es un accidente?

—Supongo que no sabrás cómo ha sucedido todo esto, ¿verdad? —le pregunté a Teobaldo.

Él bostezó perezosamente y ladeó la cabeza mientras me observaba con ojos serpentinos.

Teobaldo es un gato atigrado listado. Gris con rayas y manchas negras y, en el vientre, una mancha blanca que le llega hasta el cuello. Parece un joven caballero con deudas de juego. Supongo que era el tipo de criatura que yo esperaba que se mudara a Lapis Lazuli Minor.

Oh, qué divertidas son las Moiras.

Me senté y redacté lo siguiente:

Teobaldo se ha puesto cómodo. Estoy dispuesta a confiar en este experimento , y veremos si no es demasiado perezoso para cazar los ratones.

Me gustaría hacerle dos preguntas. La primera: ¿cómo ha encontrado Teobaldo el camino desde su lado del desván al mío?

La segunda es bastante indiscreta: ¿cómo se adquiere una esposa por accidente?

Reconozco que mi pregunta es irrespetuosa y descarada, pero debe admitir que este esbozo se merece un desarrollo .

Tras ocuparme de la correspondencia, bajé para dedicar un rato a la oración reflexiva mientras intentaba forzar la cerradura de la biblioteca. Mis oraciones fueron en vano, pues la puerta no cedió. Puede que no debiera haberme reído tanto en la iglesia.

Más tarde

El Inquilino se limitó a deslizar una nota a través de la pared.

EL MATRIMONIO FUE UN ACUERDO COMERCIAL INESPERADO.

MIRE HACIA EL SUELO A SU IZQUIERDA.

Los hombres no son unos chismosos tan excelentes como las mujeres.

Oh, desventura. Pero no parecen tener ningún reparo en abrirte un agujero en la pared.

Puesto que ahora, en la esquina de mi habitación, hay un agujero con la forma de un rectángulo del tamaño de Teobaldo y una tela de cachemira azul y morada —similar a la que se emplearía para hacer un chaleco masculino— colocada en el otro lado, como una especie de cortina.

Al arrodillarme para investigar y correr la cortina hacia un lado, me descubrí escudriñando lo que parecía ser un armario.

Había botas, zapatos y abrigos colgados.

—¿Qué narices…? —dije en voz alta.

Fue en ese momento cuando otra nota atravesó la pared y flotó con elegancia hasta el suelo. Después de gatear hasta ella —para gran diversión de Teobaldo—, la abrí.

EL GATO DEBE MOVERSE CON FACILIDAD ENTRE LAS CASAS.

LA PUERTA ESTÁ EN LA PARTE TRASERA DE MI ARMARIO , DE MANERA QUE NI SU INTIMIDAD NI LA MÍA SE VERÁN INTERRUMPIDAS .

SI DESEA QUE DEVUELVA LA PARED A SU ESTADO ANTERIOR , ESTOY DISPUESTO A HACERLO , POR PERJUDICIAL QUE SEA PARA NUESTRO OBJETIVO COMÚN .

SI LOS COLORES DE LA CORTINA LA AGRAVIAN , LO SOLUCIONARÉ DE INMEDIATO .

EN CUANTO A LA ALIMENTACIÓN Y OTRAS NECESIDADES , NO TIENE QUE PREOCUPARSE DE SU CUIDADO . YO ME HARÉ CARGO DE TODO .

Respondí:

Pese a que me sorprende la puertecita de cuento de hadas en mi habitación, entiendo la lógica.

Y  no, los colo res de la cortina no me agravian.

Le advierto que es posi ble que mi criada le consienta demasiado a Teobaldo una vez que deje de tenerle miedo.

Además , conviene que sepa que en St. Crispian’s los gatos solo tienen siete vidas, no nueve como en el resto del país.

LOS GATOS TAMBIÉN TIENEN SIETE VIDAS EN brASIL .

Qué extraño.

A lo que no obtuve contestación.

Sin querer importunar, pero con la sensación de que debía haber alguna presentación más allá de la exterminación de roedores y la esperanza de vida de los gatos según la ubicación, saqué una de mis tarjetas de la caja y la deslicé a través de la pared.

Emma M. Lion

Lapis Lazuli House

Londres

Al cabo de varios minutos, una tarjeta se deslizó en dirección opuesta y cayó al suelo. Era de un blanco frío con letras negras. Sin adornos. Sin calidez.

*Niall Pierce

Nueva York

LONDRES

La tinta con la que había tachado «Nueva York» y escrito «Londres» estaba todavía húmeda y manché ligeramente la tarjeta. Permanecí a la espera mientras me preguntaba si debía enviarle algo a modo de respuesta. «Gracias» me parecía innecesario. «Encantada de conocerle», lo mismo.

Así que elegí algo menos discreto.

¿Es usted estadounidense?

Y una hora más tarde:

NO .

Y eso fue todo.