Los diarios de Emma M. Lion 1: Una señorita muy poco victoriana 17 de abril
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17 de abril

Archibald y yo nos hemos intercambiado notas por medio de Parian y Agnes. Hemos negociado una hora y un lugar para nuestro cara a cara. En un determinado momento de los intercambios del día, Agnes me preguntó si tendría que hacer de padrino.

—No he retado a duelo a Archibald, Agnes —contesté mientras le daba otra nota—. Y, de hacerlo, desde luego no dejaría que fueras testigo de un asesinato.

—¡Ay, señorita! —Abrió mucho los ojos.

—No temas, Agnes. Archibald Flat vivirá para seguir estafando.

—Es que creo que sería mucho mejor si, en lugar de dispararle y terminar en la horca, lo envenenara usted.

—¡Agnes!

—No era mi intención… Lo que pasa es que ha dicho Parian…

—Jamás debes hacer caso de lo que diga Parian. ¡Jamás! ¿Me oyes? Y, ahora, entrega esta nota y vuelve al trabajo.

Adopté la expresión más severa de que fui capaz hasta que la oí en las escaleras del piso de abajo, y, entonces, los tres días de incertidumbre se manifestaron en un ataque de risa que se prolongó durante un cuarto de hora.

Es posible que la propuesta de envenenamiento de Agnes sea, en última instancia, lo que salve la vida al primo Archibald.

La reunión ha sido fijada para la mañana del día 19, en el gran salón que no se usa, a las diez en punto.

Solo el tiempo dirá cuál de los dos sale vivo.