Los diarios de Emma M. Lion 1: Una señorita muy poco victoriana 14 de abril
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14 de abril

Hoy he conocido al primo ficticio de Mary, Jack.

Fuimos a visitar la colección de la National Gallery en Trafalgar Square y nos detuvimos largo rato en las Barry Rooms. Me divertí, y me habría divertido aún más de no estar preocupada por si el primo Jack tenía intención de robar varias piezas de la colección Turner.

En cuanto a Jack…

Es igual que Mary en estatura y me recordó a un gato de gran tamaño. No un gato doméstico —gordo y enfadado con el mundo—, sino uno salvaje, furtivo, zalamero y peligroso.

Lleva el pelo, castaño claro y peinado hacia atrás, lo bastante largo para darle aspecto canallesco. Sus ojos no son de un color memorable, pero sí resulta memorable cómo parecen escudriñar todo lo que los rodea. De sonrisa fácil, casi me pareció ver los hilos de marioneta tirándole de la cara.

No me fío un pelo de él.

Me encontré con los dos delante de la casa de huéspedes de Mary en Southwark, donde pasé por el calvario de convencer a la señorita Lamb de que soy una acompañante adecuada para Mary. Decidió que yo era tolerable, pero quedó entusiasmada con Jack. El cual fue la encarnación misma de la seducción.

Una vez obtenida la aprobación de la señorita Lamb, pusimos rumbo a Trafalgar Square. Fue entonces cuando hicimos las presentaciones. Mary me cogió la mano y me hizo detenerme mientras Jack aflojaba el paso y una expresión traviesa asomaba bajo su sonrisa impostada.

—Emma… —Mary se volvió hacia mí y señaló con la mano al endiabladamente apuesto hombre a su derecha—, te presento a Jack Hollingstell, mi querido y ficticio primo.

—Qué oportuno que sea usted tan ficticio, señor Hollingstell —dije.

—Llámeme Jack, por favor —contestó él tendiéndome la mano.

Se la estreché y me ofreció un cigarrillo.

Reconozco que me reí de él. El gesto no tuvo nada de cortés. Resultó evidente que me había reído DE él.

—Oh, cielos. Mira a quién tenemos aquí. Un auténtico Don Seguro de Sí Mismo. ¿De qué teatro lo ha sacado Mary, señor Hollingstell?

—De ningún teatro, Emma —intercedió Mary—. Hollingstell es hijo no primogénito.

—Cómo no —dije con cierta frialdad a pesar de mi sonrisa divertida—. Quién dudaría de su relato de nobleza venida a menos.

—Soy un hijo absolutamente nada primogénito, señorita Lion —contestó Jack con una carcajada.

—Permítame que dude incluso de eso.

Sonrió de una manera tan pícara que me habría hecho creer casi cualquier cosa.

—Señorita Lion, con independencia de lo que sepa o no de mi persona, soy un primo ficticio excelente y ayudaré a su amiga con el máximo respeto. Y, dicho esto —extendió ambos brazos—, será un placer acompañarlas a la National Gallery. ¿Vamos?

Fuimos y los dos se rieron mucho.

En su próxima visita, tengo intención de preguntar a Mary qué proporción de ese salario que gana con tanto esfuerzo va a parar a los bolsillos guarnecidos de seda de él. Tanto talento no puede salir barato.