12 de abril
Esta mañana he visitado a la señora Killoran. Se alegró de recuperar su peluca.
—Que Dios la bendiga. Es mi preferida. No sabía dónde se había metido. Una vez se la vi puesta a Edward Norriage. ¿Té? Tengo muchas cosas que contarle, señorita Lion.
Y me las contó.
De manera que consigno una vez más una característica de St. Crispian’s que, por lo que yo sé, no se da en ninguna otra parte.
Sí, tenemos un fantasma romano, letreros escritos de atrás adelante, pero esas son cosas al alcance de cualquiera.
Este atributo tan… peculiar preferimos mantenerlo en secreto.
Disponemos incluso de un comité que visita y explica educadamente el fenómeno a los recién llegados al vecindario.
Los hechos son los siguientes: los objetos en St. Crispian’s tienden a extraviarse.
No, no los roban ni se olvidan. Se… escapan.
Un sombrero, un cojín o un libro pueden aparecer de pronto en la casa de un vecino, o incluso de un desconocido que viva en otra calle.
La naturaleza de estos extravíos no es personal, son como son.
Del todo arbitrarios. A mí me han desaparecido un alfiler de sombrero, un paraguas y un zapato, que me fueron devueltos en persona —cuando llevaban mi nombre— o al Reed and Rite —cuando no—.
Cuando era niña solían extraviárseme una o dos cosas en cada visita.
La única que no recuperé nunca fue un yoyó.
Culpo a Stephen Wheelwright de saltarse las normas DEP y quedárselo, puesto que le vi uno igual al mío y, cuando lo miré suspicaz, echó a correr.
Es un sistema sustentado en el honor y, durante siglos, hasta los vecinos menos de fiar de St. Crispian’s han colaborado en la devolución de los efectos personales a sus legítimos dueños.
Cuenta la leyenda que en una ocasión la madre de lady Trewartha perdió su tiara de rubíes.
Más tarde la encontró una fregona en una casa de Sterling Street.
La criada, pobre cual florecilla silvestre, se apresuró a devolver la tiara.
Como resultado de realidades tan peculiares, los habitantes de St. Crispian’s etiquetan todo lo que pueden con su nombre y número de calle.
Mis etiquetas dicen: Emma Lion, WL, 27. WL es claramente por Whereabouts Lane.
No todos los objetos pueden marcarse. Uno no quiere poner una etiqueta a una media o una pipa.
Para esos casos tenemos el Reed and Rite.
El Reed and Rite es un salón de té y confitería, además de una tienda que vende artículos de primera necesidad.
Tiene dos puertas principales: una en el piso bajo, donde están el salón de té y los excelentes pasteles, y otra en el piso primero, donde es posible comprar esas cosas que a menudo se necesitan pero se olvida adquirir.
Papel, tinta, horquillas, cadenas de reloj, plumieres, además de algunos regalos venidos de parajes lejanos.
Un lugar inteligentemente práctico, con algunos toques de fantasía.
El propietario, un hombre llamado Jape, se cansó de que su mercancía desapareciera y reapareciera en otras casas.
Los objetos eran devueltos, pero resultaba todo de lo más engorroso.
Así que, en un intento por simplificarse la vida, dispuso una serie de estantes en la trastienda del salón de té y la llamó El Recaudo, un lugar donde llevar todos los artículos extraviados del vecindario.
En consecuencia, cuando alguien acude a tomar té y pastel de carne al Reed and Rite, puede inspeccionar los estantes y las mesas en busca de sus objetos extraviados.
Según las normas de la Sociedad DEP, si alguien encuentra una pertenencia en la trastienda, debe localizar su entrada en el registro, donde figurará la persona que la encontró.
A continuación escribe la fecha y se lleva su pertenencia.
También es posible llevar un objeto encontrado al Reed and Rite si de verdad no se dispone de tiempo para devolverlo directamente a su dueño.
Cualquier cosa que no haya sido reclamada en el plazo de un año se guarda en una caja y se subasta en el mercadillo anual del barrio, cuyos beneficios se destinan íntegramente a la Sociedad Teatral de St. Crispian’s.
El sistema ha funcionado a las mil maravillas y la sociedad teatral, que representa Julio César cada mes de julio, dispone de una robusta asignación para vestuario.
Lo que me devuelve a La Lista.
Si el nombre de alguien figura en La Lista, los objetos con su etiqueta han de serle devueltos directamente.
Es una de las leyes de St. Crispian’s. (Sí, alguna tenemos).
No se puede dejar en el Reed and Rite, por cómodo que resulte.
El Reed and Rite, además, envía un catálogo detallado de objetos sin etiquetar un mes después de su llegada a la tienda a todos los suscriptores de La Lista.
Si alguien identifica un objeto extraviado, lo notificará por mensajero y el objeto le será devuelto. Sencillo. Elegante. Digno.
Mi nombre no está en La Lista. La suscripción es carísima.
Puesto que no se me ha extraviado nada, llevo sin ir al Reed and Rite desde mi regreso, pero a menudo tengo ganas de coger el poquísimo dinero que me queda y gastármelo en un pastel.