Los diarios de Emma M. Lion 1: Una señorita muy poco victoriana 11 de abril
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11 de abril

Hoy ha venido Arabella a tomar el té.

—Phineas y Oliver Brookstone te mandan saludos —dijo cuando estuvimos instaladas—. Aunque me temo que han huido al continente.

—¿Por qué? —pregunté bastante decepcionada—. Acaba de empezar La Temporada. Contaba con su compañía.

—Demasiadas jóvenes casaderas, al parecer. Oliver tenía miedo de estar casado para San Miguel, y no podemos tolerar algo así.

—No, supongo que no. ¿Qué dijo su madre?

Una lenta sonrisa iluminó el rostro de Arabella.

—Mi querida Emma, fue idea de lady Brookstone.

Quién tuviera una madre tan colaboradora.

Cuando se fue Arabella, vino Agnes a llevarse las cosas del té y se mostró algo alborotada.

—¿Qué te preocupa, Agnes?

—He encontrado otra peluca de la señora Killoran en la cocina, señorita Lion.

—Ah. Entonces ¿no es la primera?

—La tercera. Se pone contentísima cuando se las devuelvo porque le da ocasión de charlar, como si yo no tuviera una cocina que llevar y una casa que limpiar. ¡Tengo un empleo, señorita Lion! ¡No me queda tiempo para devolverle su peluca cada vez que aparece por aquí!

—¿No puedes llevarla a la confitería?

—No, la señora Killoran está en La Lista.

Levanté una mano en señal de rendición.

—Las reglas de La Lista no se pueden negociar. —Y, al ver su expresión abatida, añadí—: ¿Y si la devuelvo yo mañana mientras tú haces bizcocho de canela? ¿Qué te parece esa solución?

Me bendijo en inglés y en gaélico y me prometió comprar huevos suficientes para el bizcocho.