Los diarios de Emma M. Lion 1: Una señorita muy poco victoriana 2 de abril
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2 de abril

Lo primero que pensé cuando me desperté esta mañana, tumbada de espaldas y mirando la luz tocar las paredes a través de las ventanas, fue esto: lady Eugenia Spencer cree que tengo una acompañante.

En consecuencia, tía Eugenia Spencer no me ha buscado quien me acompañe en su ausencia.

Es mi deseo hecho realidad.

Di un paseo temprano para reflexionar sobre mi buena suerte.

Soy una joven responsable. No soy ni tonta ni ignorante.

A la mayoría de mis compromisos sociales iré con mi tía, y, cuando lo precise, pediré a mi amiga Saffronia March que me acompañe.

Ella será mi guardiana. Su última carta me la escribió desde Venecia, donde, por lo que sé, permanecerá hasta junio, lo que me deja solo unos pocos meses para arreglármelas sola.

Tengo ganas de ver a la señorita March. Es una rara avis , una artista que vive de su obra.

Es independiente, inteligente, no tiene miedo de decir lo que piensa y cuenta treinta y seis años, lo que la cualifica para ser acompañante y también para moverse con la libertad de una viuda, pero sin el engorro que supone sobrevivir a un marido.

Nos hicimos amigas siendo yo niña, pues acostumbraba a venir a Lapis Lazuli House con su trabajo para que mi padre le diera su opinión sin remilgos y con sinceridad.

Mi padre lo hacía. La señorita March me ha contado que aquellas críticas afianzaron su talento.

Desde la muerte de mi padre, hemos seguido en contacto, sobre todo por carta, y tengo grandes planes ahora que las dos vamos a ser residentes en St. Crispian’s.

Ella vive calle arriba, en una casa con un estudio y vistas a nuestro pequeño parque, Jacob’s Well.

Imagino que tía Eugenia desaprobará a la señorita March, pero tengo edad suficiente para imponer un mínimo de criterio. El mismísimo príncipe de Gales ha adquirido una de las estampas de Italia de Saffronia March. ¿Quién puede contravenir tan alta estima?