27 de marzo
Envié una nota a Mary diciéndole que estoy en Londres.
Para animarme después de tres días bastante melancólicos, releí varias de las cartas que me ha enviado desde que dejamos el colegio.
Me reí tanto que tuve que abrir la ventana para respirar, con los brazos en jarras y lágrimas en la cara.
Qué alivio tan bienvenido reír a pesar de todo y desterrar así el fantasma de Maxwell.
Estoy segura de que mañana será mejor.