EXTRA 1 #3
—Lo hiciste —aseguro—. Y es por eso que tengo algo para ti.
Ángelo arquea una de sus cejas, se quita las gafas mientras sus labios forman una sonrisa un poco más leve.
—Ah, ¿sí? —me toma de la cintura, apegándome a su cuerpo—. ¿Y eso que es?
Meto la mano en el bolsillo trasero de mi pantalón y tomo la pequeña fotografía. Luego me aparto, aun manteniendo la mano detrás de mi espalda.
—Creo que podremos hacer otra apuesta.
Arruga la frente, la curiosidad se filtra en sus ojos mientras se mantiene expectante. Tomo una inhalación mientras llevo la mano hacia adelante, y le entrego la fotografía.
—Hay un nuevo desastre en camino —Ángelo permanece en silencio por un tiempo que me parece eterno.
Toma la imagen de la ecografía con lentitud, sus hombros se elevan y algo en mi explota cuando no tengo la reacción esperada.
—¿Estás…estás embarazada? —inquiere con cautela—. ¿Realmente embarazada?
Asiento.
—Oh, por Dios —exclama y algo en él se activa—. ¡Oh por Dios!
Me rodea de pronto con sus brazos, me aferro a él cuando me eleva y gira sobre su eje, rio con fuerza cuando no se detiene, sino que continua.
—Y buenas noticias, esta vez es solo uno —le aseguro.
—Pero ¿hace cuanto…?
—Tres meses —informo—. Me di cuenta apenas y fui con Jodi. Quería estar cien por ciento segura, porque las pruebas rápidas mostraron negativo.
—Mia regina…esto es…—la emoción explota en sus ojos, me toma del brazo y tira de mí hasta poder abrazarme de nuevo. Mi visión se nubla mientras me apego a su cuerpo— esto es un sueño.
—Creo que será nuestro último desastre —murmuro divertida—. Tenemos los suficientes.
—Claramente —asegura colocando las manos para acunar mi rostro—. Ti amo tanto amore mio.
—All'infinito.
Sonríe cuando escucha la respuesta, se inclina hasta posar sus labios contra los míos, el contacto esta cargado de emoción, de ese sentimiento que hemos experimentado a lo largos de los años.
—Siempre hasta el infinito —responde—. Mia regina.
—Mi sexi italiano —su rostro se ilumina y vuelve a besarme.
Cuando se aparta, vuelve a centrar la atención en la fotografía, la mira por varios minutos antes de conseguir mirarme a los ojos.
—Va a ser un pequeño desastre igual que sus hermanos.
—No lo creo —aseguro y él arquea una de sus perfectas cejas.
—¿Quieres apostar? —inquiere divertido. Una risa me invade mientras extiendo la mano hacia él.
—Somos una pareja de casinos —le recuerdo—. Así que acepto la apuesta, señor Lombardi.
—Le ganaré de nuevo, señora Lombardi —responde con aire socarrón, pero con una sonrisa encantadora.
Sellamos la apuesta con ese gesto antes de reír con fuerza, vuelve a abrazarme esta vez con el entusiasmo disminuido luego de la noticia, pero sigue sintiéndose igual.
Tan cálido, tan seguro, tan él.
Y por si tienen duda, no, esta vez él señor Lombardi no ganó la apuesta.
Dante Lombardi fue nuestro último hijo, nació a mediados de verano, con un clima precioso en Italia, un niño idéntico a su padre, tan parecido desde el segundo en el que lo sostuve por primera vez en mis manos.
Fue nuestra calma, nuestro respiro. Después de siete desastres, merecíamos un poco de calma, ¿o no?
Dante conforme creció se convirtió en el intermediario entre sus hermanos, el que siempre conseguía que los trillizos se salieran con la suya interviniendo con su padre, el que, a pesar de ser mucho menor, cuidaba de Carina y de Lía, se convirtió en la adoración de Bella por la forma tan dulce que lo caracterizaba.
De todos los Lombardi, Dante fue la calma, fue esa lluvia que apaga los fuegos, esa calidez que disminuye la fuerza de tornados fue el protegido de sus hermanos, y a su vez, él les correspondía con tanto amor y dulzura.
Fueron tan distintos, pero al final, son nuestros niños, tan amados y únicos, cada uno nos ha cambiado de formas impensables, cada uno viene con una consecuencia maravillosa, forma parte de un todo, se han incrustado y dejado una marca.
Y al final del camino entiendes que tal vez, la destrucción no siempre está asociada a la tragedia, a veces, tenemos que destruirnos para volver a surgir de una manera tan maravillosa e increíble, como el mayor de los desastres.
Hay una palabra en italiano a la que ninguna otra lengua le ha podido encontrar traducción, es Sovramagnificentissimamente.
Una palabra de 27 letras con la que se puede mostrar una desenfrenada felicidad, un sinónimo de algo más que maravilloso, algo que va mucho más allá de “increíble” o “excepcional”
Y si tuviera que elegir una sola palabra para describir como fue mi vida con Ángelo y mi familia, sin duda alguna sería: Sovramagnificentissimamente.
Una sola palabra, veintisiete letras, un sentimiento imposible de explicar eclipsado en ellas.
Ángelo y yo fuimos felices, con cada uno de nuestros niños, tuvimos una familia preciosa y nos amamos hasta el infinito.
Como prometimos el día de nuestra boda, nos amaríamos hasta el infinito, siempre hasta el infinito, hasta el último día de nuestra existencia, con nuestra promesa intacta de esperarnos el uno al otro, siempre al final del camino.