Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 47.- ¿QUE TANTO ESTAS DISPUESTO A SACRIFICAR?
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47.- ¿QUE TANTO ESTAS DISPUESTO A SACRIFICAR?

ANGELO

Me hubiese gustado decir que el par de semanas siguientes fueron tranquilas, que fue una recuperación sin pendientes y sin problemas ajenos, pero la verdad es que no fue así.

—Bonita férula —bromea Franco cuando ingresa a la habitación, elevo la mirada quitándome las gafas al mismo tiempo y lo observo—. No sabía que te gustaba el rosa.

—Obra de Bella—. Él se ríe.

—Tengo buenas y malas noticias —dice mirando las carpetas—. ¿Cuál deseas que te de primero?

—Las malas —respondo dejando a un lado los últimos reportes sobre el estado de los casinos.

—Bueno, la mala es que no puedo seguir posponiendo la fecha de la audiencia para que solicites la tutela y custodia de Jacob. Puedo sacar fecha del juicio para dos semanas, pero sus abuelos paternos quieren pelearla.

Echo la cabeza hacia atrás.

—Puedo objetar que seguirá en contacto con Russell y Renata y eso sería perjudicial para él, y también se toma en cuenta los deseos del menor, si Jacob quiere estar aquí, tal vez debas permitir que hable con el juez.

—Es demasiado pequeño —musito.

—Estaré con él todo el tiempo —promete—. Va a ayudarlo a quedarse a tu lado, no tendrá que ver ni a Russell ni a su madre, serán los abogados, el juez y la trabajadora social.

—Lo pensaré —sentencio en un suspiro—. ¿Ahora cuál es la buena?

—No volverás a declarar, tu testimonio anterior será suficiente, y se dictará sentencia en tres días. Las acusaciones vienen de la fiscalía, así que si deseas estar presente…

—Claro que deseo estar presente —interrumpo—. Quiero ver en primera fila cuando esos dos caigan y obtengan lo que se merecen.

Franco sonríe. —Vas a disfrutarlo, ¿cierto?

Mis labios se tensan en una sonrisa.

—Como nunca antes.

—Bueno, entonces te mantengo al tanto —dice asintiendo—. Te llamaré si hay algún cambio.

—De acuerdo.

Cuando mi amigo sale de la habitación, tomo una corta inhalación y me apoyo contra la almohada.

—Papá —la suave voz se cuela por la habitación y me hace abrir los ojos, Jacob empuja la puerta y asoma la cabeza por la abertura que se forma—. ¿Puedo entrar?

—Claro que sí —respondo mirándolo—. ¿Qué hay? ¿Te has aburrido ya?

Asiente, sorpresivamente no se lanza a la cama como viene haciéndolo en días anteriores, sino que escala el colchón hasta conseguir subir, y se acomoda cruzando las piernas.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Lo que sea, puedes preguntarme lo que quieras.

—¿Voy a volver a ver a mamá? —sus ojos se entornan hacia mí, sus cejas se fruncen levemente mientras me mira.

—Ven aquí —palmeo mi costado de la cama y cuando lo tengo lo suficientemente cerca, cruzo el brazo libre por detrás de su espalda—. ¿Quieres ver a tu madre?

Parece pensárselo, pero termina negando.

—Ella me da miedo —dice en un hilo de voz—. Es buena conmigo, y me quiere, pero me da miedo cuando quiere hacerte daño.

—Escucha, campeón, Russell y tu mami hicieron cosas malas, hicieron cosas que pudieron lastimarnos. Y cuando haces cosas malas como esa, hay una consecuencia.

—¿Hay un castigo?

—Sí, algo así.

—¿Cuál va a ser el castigo de mamá?

—Ella tendrá que pasar muchos años en un lugar, no podrá salir de ahí porque si sale, puede hacer daño otra vez. —sus cejas vuelven a fruncirse en un gesto que denota confusión—. Mientras tanto, por todos esos años, si tú quieres, puedes estar aquí, conmigo.

Mi corazón da un vuelco furioso tan pronto como reconozco la mirada emocionada. Sus ojos adquieren un brillo mientras sonríe.

—¿Voy a vivir contigo? ¿Aquí con Daphne y Bella? —sonrío, asintiendo.

—Tus abuelos también quieren que vayas con ellos —le informo—. ¿Ellos te tratan bien?

Asiente. —¿Pero puedo elegir quedarme aquí?

—Por supuesto, solo que hay personas que quieren asegurarse de que tú realmente quieres estar conmigo, y que eso es lo mejor para ti. Así que es probable que tengas que hablar con ellos, pero no te preocupes, Franco estará contigo.

—¿El tío Franco? —arqueo una de mis cejas, ¿qué ahora todo el mundo era “tío”?

—¿Tío Franco?

—Sí —sacude la cabeza—. Dijo muchas veces que él sería el tío Franco porque es como tu hermano, aunque el tío Antoni dijo que no es cierto —frunce las cejas y sonrío—. ¿Si es el tío Franco?

—Sí, lo es —aclaro, porque Franco me odiaría si lo contradigo, y por todo lo que ha hecho por mí, por ellos, todo su apoyo para ganar los casos, creo que se merece el título.

—Si tú eres mi papá, y Daphne tiene ese anillo tan bonito, y tío Antoni dice que se van a casar, ¿ella es mi mamá?

Una risa me invade, a mi pobre chica le daría un colapso de la emoción con tantos pequeños llamándola mamá.

—Sí, es decir, ella cuidará de ti, de todos ustedes.

—¿También cuida de ti?

—Todo el tiempo —admito—. ¿Tienes más preguntas?

Niega en el momento justo en el que dos toques se dejan en la puerta, y la voz de Sally al otro lado se deja oír.

—¿Está Jacob con usted? —inquiere abriendo la puerta, en cuanto mira a mi hijo su mirada se alivia—. Lamento molestar, es que consiguió escabullirse mientras atendía a Lía.

—¿Eso es cierto?

—Solo quería hablar contigo —sonríe inocente y extiendo la mano para sacudir su cabello.

—La próxima vez, avisa a Sally —indico.

Creo que va a quedarse, sin embargo, unos momentos después se baja del colchón y corre hacia donde su niñera se encuentra. Los miro salir y luego la puerta ser cerrada, un suspiro de alivio brota de mis labios cuando me quedo solo.

Él realmente quería quedarse aquí. A pesar de todo, nada ha cambiado.

Así que lucharía por él, como lo he hecho por mis desastres. Y no descansaría hasta garantizar, que él también pudiese quedarse a mi lado para siempre.

—Estoy bien —Daph entorna los ojos hacia mí mientras avanzamos hacia el interior del juzgado.

—¿No te duele? —inquiere mirando mi pierna.

—No —respondo—. Solo molesta, pero estaré bien, Daph. Puedo caminar.

No insiste más, entrelaza nuestras manos mientras avanzamos por los pasillos hacia el sitio en donde se llevará a cabo el juicio.

La embajada estadounidense había querido intervenir, tratando de que el juicio se llevara a cabo en Estados Unidos, pero el hecho de que el daño fue ocasionado a residentes italianos, incluyendo a una menor de edad, lo impidió.

Y agradecía que hubiese sido así, porque de haberse llevado fuera de Italia, la condena hubiese sido menor, tal vez incluso hasta hubiesen conseguido la libertad.

Atraparon a Renata poco después de que me arrollara con el auto. No consiguió escapar demasiado lejos; el vehículo quedó abandonado a unas cuantas calles de la bodega y cuando la policía llegó, todavía estaba lo suficientemente desorientada como para intentar correr.

Russell no tuvo la misma suerte. Lo encontraron horas después, escondido en un apartamento que había alquilado bajo un nombre falso. Los cargos en su contra eran largos: secuestro, intento de homicidio, extorsión, conspiración… y una lista más que seguramente crecería durante el juicio.

El agarre de Daphne en mi mano se vuelve un poco más fuerte cuando ingresamos a la sala, nos abrimos paso hacia los lugares que deseamos tomar, y nos posicionamos en una de las filas medias. Franco y Antoni se colocan detrás, al parecer ninguno había querido arriesgarse a dejarme venir solo.

La férula del brazo ha desaparecido, pero aún necesito un cabestrillo de tela, para mantener el brazo sin demasiado esfuerzo.

Mi cuerpo está rígido cuando ambos ingresan, cometieron el mismo crimen así que el juicio sería uno solo, en vez de dos diferentes. Cuando el juez entra, mi cuerpo parece entrar en tensión, tomo una inhalación reteniendo el aire por varios segundos antes de soltarlo de a poco.

El juicio comienza, mi cuerpo se mantiene en tensión en todo momento mientras escucho la intervención del juez, el juicio es solo para dictaminar sentencia así que, tras unos treinta minutos aproximadamente de intervenciones, el momento llega.

Ahora soy yo quien toma la mano de Daphne con fuerza, mi respiración se vuelve pesada mientras el juez comienza a hablar y pronto ansío escuchar la sentencia.

—Señor Hall —el juez se dirige primero a Russell, ya que según lo explicado las sentencias serían distintas, a pesar de que el juicio se llevó a cabo en conjunto—.

Con base en las pruebas presentadas ante este tribunal, los testimonios recabados y la participación comprobada en los hechos, se le declara culpable de secuestro agravado y tentativa de extorsión.

Por lo tanto, se le condena a veintitrés años de reclusión.

Suelto un respiro aliviado, la sala se llena de murmullos y reclamos, no resisto la tentación de mirar a Russell quien tiene el rostro contraído y las manos apretadas.

—Señora Davies, con base en las pruebas presentadas, los testimonios de las víctimas y la confesión registrada durante el proceso, este tribunal la declara culpable de secuestro agravado, tentativa de extorsión e intento de homicidio premeditado.

Considerando además el uso de arma de fuego, la participación en la retención de menores de edad y la gravedad de las lesiones causadas a la víctima, se le condena a treinta años de prisión.

Una nueva ola de murmullos llena la sala, no sé si en realidad sea correcto hacerlo, pero sonrío, lo hago en el momento justo en el que ambos voltean porque posiblemente saben que me encuentro aquí.

Elevo el mentón, sintiéndome tan malditamente feliz de que ambos al final hayan obtenido lo que merecen, de que pueda tenerlos tan lejos de mi familia, de las personas que me importan.

Me siento de la manera en la que he ansiado por tanto tiempo, lejos de la pesadilla, de las mentiras, de toda la farsa y el dolor.

Me siento…libre.

No hay motivo para permanecer en la sala, así que Daphne y yo compartimos una mirada y es suficiente para saber que es hora de marcharnos. Salimos esquivando a las personas y experimentando una nueva sensación cuando estamos fuera del enorme edificio de los juzgados.

La temporada decembrina se acerca, así que el clima frío se apodera de la ciudad. El cielo gris nos cubre mientras la brisa helada nos golpea, haciéndonos aferrarnos a los abrigos que portamos.

Pero a pesar de que podría considerarse un clima deprimente, no se siente así en lo absoluto. Mientras avanzamos hacia el coche, todo en conjunto se siente…liberador.

Como si hubiese sido el paso final para estar completamente bien, para entender que esta vez, realmente todo acabó.

—Se acabó —susurro cuando estamos en el interior del coche.

—Se acabó —repite Daph sonriendo de una manera tan radiante que me contagia—. Realmente lo hizo, amore.

Cinco años atrás, no hubiese podido imaginar que estaría experimentando esto otra vez.

Cinco años atrás, en la barra de ese bar de mala fama, rodeado del olor a alcohol y cigarrillo, ese viejo y destrozado Ángelo no hubiese sido capaz de considerar, ni por un segundo, todo lo bueno que la vida le tenía preparado entonces.

Y si tuviese que atravesar lo mismo, si tuviera que experimentar el mismo dolor para poder llegar a este punto, para sostener la mano de la chica a mi lado, para tener a los desastres, para poder cuidar de Jacob, lo haría, sin dudar.

Porque son mi familia, y ellos siempre van a ser mi primera elección.

¿Ángelo, que tanto estas dispuesto a sacrificar por la familia?

La respuesta es sencilla, no hay opciones, no hay dudas.

La respuesta es: Todo. Absolutamente todo.