Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 46.- UN PASO A LA VEZ #3
89%

46.- UN PASO A LA VEZ #3

Ella tenía razón, no importan los errores del pasado, ahora solo quería mirar hacia adelante, teniéndola a ella de mi mano. Solo quería asegurar que, después de todo y de tanto, la felicidad aún esperaba por nosotros al final del camino.

Tres días después me dan de alta en el hospital, un verdadero alivio porque comenzaba a volverme un poco loco.

Volver a casa se siente tan bien, una sensación hogareña se apodera de mi sistema tan pronto como consigo escuchar el sonido lejano de las risas de Jacob y Bella.

Daphne empuja la silla de ruedas en la que me encuentro, la férula del brazo restringe un poco mis movimientos y la herida en la pierna me impide caminar de forma adecuada, pero a pesar de eso, me siento bien.

Más que leves mareos y la sensación de sueño constante, la contusión en mi cerebro no dejó ninguna otra secuela. Teniendo en cuenta que un auto casi me pasa por encima, es algo por lo cual alegrarse.

—Señor Lombardi —el par de guardias de la entrada nos saludan cuando cruzamos por su lado.

Luego de lo sucedido, Antoni había sugerido que debía contratar a un equipo de seguridad, y tomando en cuenta los hechos, ignorarlo hubiese sido algo realmente estúpido.

Así que tomé su palabra, y ahora cerca de diez guardias pertenecientes al equipo de seguridad se encontraban esparcidos por la casa.

Un par custodiaba la entrada, Daphne y yo teníamos uno designado y los desastres tenían otro.

Un par más cuidaba la puerta de entrada y los demás vigilaban los jardines delanteros y traseros.

—¡Papá!

—¡Tío!

Bella y Jacob aparecen, mis labios se curvan hacia arriba en una sonrisa radiante. Ambos sonríen enseñando los dientes y Antoni los detiene antes de que puedan lanzarse contra mí.

—Tío Antoni —Jacob se queja y aquero una de mis cejas. Menos de una semana ¿y ya formaron una relación tío/sobrino? —solo quiero saludar a papá.

—Bueno, hombrecito, entonces con menos entusiasmo —advierte.

Sonrío con diversión cuando Jacob y Bella refunfuñan y caminan hacia mí con los brazos cruzados sobre el pecho.

—¿Me extrañaron?

—¡Sí! —exclaman ambos pareciendo olvidar su reciente molestia.

—Venga, denme un abrazo —pido invitándolos a venir con el brazo que tengo libre.

Jacob es el primero en acercarse, sonríe antes de envolver sus pequeños brazos alrededor de mi cuello.

Retengo el quejido de dolor que amenaza con brotar de mis labios cuando me inclino hacia adelante, porque las costillas rotas son verdaderamente dolorosas.

Pero sentirlo abrazarme de esa forma se siente bien.

Y cuando bella lo hace también y luego deja un beso contra mi mejilla, me siento afortunado de poder verlos de nuevo.

—Yo igual los extrañé —admito.

Cuando elevo la mirada, veo a Antonella de pie en las escaleras. Una sonrisa tira de sus labios mientras se acerca.

—¿Tú no vendrás a darme un abrazo? ¿O ya estás lo suficientemente grande como para eso?

Una sonrisa se cuela por sus labios, un poco más entusiasta que la anterior.

Sus pasos rápidos bajando las escaleras hacen eco en la casa y un par de instantes después, la tengo abrazada contra mí.

El dolor en las costillas se vuelve insignificante cuando me abraza, cuando me alegro de tener la oportunidad de abrazarlas otra vez.

—Te extrañamos mucho —dice apartándose—. Nunca te vuelvas a poner en riesgo.

Las comisuras de mis labios suben un poco más porque es exactamente lo mismo que Daphne me ha pedido, no ponerme en riesgo.

—Si alguna de ustedes lo está, entonces lo haré —murmuro— porque son todo para mí, Anto. Y quiero que no les quede ni una sola duda.

—Hace mucho tiempo que las dudas desaparecieron —asegura.

Me abraza de nuevo justo cuando el pequeño pero tierno grito se deja escuchar.

Lía camina hacia mí, Sally la sostiene de uno de los brazos mientras los pasos rápidos e inestables de mi pequeña sobrina se dirigen hasta donde me encuentro.

Sonrío con un poco más de entusiasmo y cuando ella lanza un chillido emocionado, me olvido definitivamente del dolor porque solo puedo mirarla.

—Hola, princesa —Daphne la toma en brazos, detesto tener la férula ahora mismo porque eso me impide cargarla. Sin embargo, está lo suficientemente cerca como para permitirme acariciar los bonitos risos que le cubren la frente.

—Bueno, después de la bienvenida nos disculpamos, pero tengo que llevar a mi novio a descansar.

—Futuro esposo —corrijo. Daph rueda los ojos, pero no aparta la sonrisa de los labios y repite:

—Futuro esposo.

Por razones evidentes no puedo ocupar la habitación que solíamos ocupar en el piso de arriba.

Así que acondicionamos la de huéspedes para que pudiéramos estar ahí durante el tiempo de la recuperación.

Daphne me ayuda a pasar a la cama, tolero el dolor en las costillas mientras me acomodo sobre el colchón y suelto un suspiro aliviado cuando la comodidad me recibe.

La puerta de la habitación se abre y retengo la maldición cuando miro a Franco.

—Esto se está haciendo costumbre —nos sonríe avergonzado.

—Lo siento, solamente traigo esto —eleva los papales—. Me pediste que hiciera todo para que Jacob pudiera ser tu hijo legalmente, así que he llenado las fórmulas, pero antes será el juicio de Renata y Russell, y eres el principal testigo, así que el juez probablemente te llame a declarar.

—¿Cuánto tiempo?

—Será en tres semanas el juicio, así que debemos darnos prisa.

—Bien, pero por favor la próxima vez toca la maldita puerta —reclamo—. O le diré a mis guardias que no te dejen pasar.

Franco resopla.

—Cada día que pasa te vuelves más amargado, checha, Daph —dice señalando a mi chica— no vaya a ser que te lo contagie.

Franco ríe con fuerza cuando lanzo contra él uno de los almohadones.

Hace un ademán de despedida, y luego se marcha sin disculparse por entrar así a la recámara, y considero realmente pedirle a Jay, el guardia, que no vuelva a dejarlo pasar.

Sin embargo, el pensamiento de los juicios que vienen me hace sentir repentinamente agotado.

Miro a Daphne, entiende el significado así que se acerca.  Se acomoda a mi costado, subiendo las piernas y sonríe.

—Tenemos que planear la boda —susurro contra sus labios —y una luna de miel…

—Una cosa a la vez —dice con una sonrisa.

—¿Qué tal si comenzamos con que vuelvas a besarme? Y de ahí pasamos a…

Golpea mi pecho y no aguanto la risa. Nos apartamos ante el grito de Bella y Jacob, ambos ingresan corriendo a la habitación y me quejo cuando ambos saltan sobre la cama.

—¡Niños! —reprende Daphne—. ¡Bajen de ahí!

—¡Auch! ¡Bella! —reprendo cuando brinca cerca de la pierna inmovilizada.

—¿Puedo dibujar ahí? —inquiere señalando la férula.

—¡Yo también quiero!

—No, ninguno va a dibujar —sentencio.

Me miran molestos, y luego ocurre. Echo la cabeza hacia atrás cuando Bella llora y Daphne, en vez de lucir molesta luce…divertida.

—Eché de menos esto.

—Yo no, ni por un segundo —me sincero, pero al final termino riendo con ella.

Un paso a la vez, había dicho, y por ahora, nuestro primer paso era acallar el llanto que los dos desastres en la habitación habían hecho en menos de un minuto.

Ya luego podríamos ocuparnos de lo demás.