Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 35.- EL PASADO SE ESFUMA #3
66%

35.- EL PASADO SE ESFUMA #3

—Yo… yo fui quien le sugirió denunciar, Ángelo. Y lo hizo, pero…—sacude la cabeza —no sé con exactitud que pasó entre ellos. Pero luego vino semanas después diciendo que había retirado la demanda por sus hijas, y me exigió no intervenir.

Por primera vez veo a mi nana lucir casi desolada.

—Intenté hacer que entendiera, tú sabes que siempre he amado a tus hermanos, pero no podía dejar pasar algo así. Sin embargo, no puedes ayudar a alguien que no desea ser ayudado. Y Jenna parecía no querer más la ayuda.

—¿Y Lucca? —pregunto, con un hilo de voz—. ¿Hablaste con él?

—No. Porque si lo hacía… iba a decir cosas que no podrían deshacerse. Y tú acababas de volver. Lo mirabas como si todavía fuera tu héroe. —me sostiene la mirada—. Lucca significaba tanto para ti, bambino… tanto. ¿Quién era yo para arrebatarte eso de tu hermano?

—Me ocultaron la verdad.

—Te protegieron a su manera —responde—. Mal, quizás. Pero creyeron que era lo mejor.

—¿Y ahora? ¿Qué hago con esto? —Jackie se acerca y toma mi rostro entre sus manos, como cuando era niño.

—Ahora decides quién quieres ser tú. No quién fue tu hermano. No lo que otros hicieron. Tú.

Me sonríe una última vez antes de incorporarse, deja un beso en mi frente, y luego se marcha.

No sé cuánto tiempo permanezco en la sala, hasta que decido ir a descasar.

Mis pasos resuenen en las escaleras, avanzo intentando no pensar demasiado, intentando darle a mi mente un descanso, pero todo se va al caño cuando llego al pasillo.

Mi atención viaja a algo que he intentado evitar estas semanas, a la madera que está a unos pasos de distancia, pero que no he mirado porque me había rehusado a pasar por el pasillo.

—¿Ángelo? —la voz de Daphne se me cuela en los oídos. La miro brevemente. Se ha cambiado por el pijama, y tiene el cabello en un moño—. ¿Está todo en orden?

—No me ha dejado verlas —susurro en un suspiro cansado—. Y sospecho la idea de que les está diciendo que no he intentado visitarlas.

Sacudo la cabeza, tomando una inhalación que le permite a mis pulmones tener el aire suficiente como para calmar mi repentina crisis de angustia.

—Nada de lo que les diga hará que dejen de quererte —elimina la distancia, sus dedos se entrelazan alrededor del hueso de mi muñeca y me mira, elevando el rostro para conseguir conectar su mirada con la mía—. Te adoran y te quieren tanto, tres semanas no harán que borren tan a prisa ese amor.

Tomo una inspiración, elevando los hombros y mirando detrás de ella, hacia el oscuro pasillo.

—A veces me preguntó porque Lucca me escogió —es una interrogante que me he planteado desde el segundo en el que me enteré de que ellas estarían bajo mi cuidado—. Porque si con todo lo que hizo, y si nunca confió en mí…

—Ángelo —la dulzura de la voz de Daphne me envuelve, consiguiendo traerme de vuelta a este momento—. Tú hermano claro que confió en ti, creyó en tu palabra.

—Fue condescendiente porque…

—No, no fue condescendiente —asegura, la firmeza está implícita en cada una de sus palabras—. Él creyó en ti.

Vuelvo la mirada hacia los nombres de las tres niñas a las que extrañaba tanto. Y entonces el recuerdo de esa noche vuelve, la mañana siguiente luego de que fuera por mí a aquel bar y me sacara casi a rastras del sitio.

«Eres mejor que eso, tú nunca serás como yo» «No creo en nada de lo que esa mujer dice, tú eres por mucho el mejor de los Lombardi». Parecía como si mi mente quisiera eliminar esas frases de mi memoria, pero ahora, mirando los pequeños brillos del nombre de sus hijas, lo recuerdo bien.

—¿Sabes que es lo peor? —inquiero hacia ella—. Que nunca tendré la oportunidad de confrontarlo, que nunca terminaré de entender su actuar con su familia, con la mujer que él decía amar tanto.

Bajo la vista por unos cortos segundos.

—Nunca podré saber qué es lo que Lucca pensaba, lo que Antoni o mi madre digan, no será suficiente.

Lo admiré por tanto tiempo que no me daba cuenta de lo que en realidad estaba ocurriendo, nunca quise ver más allá de la imagen de hijo perfecto y hermano ejemplar, fue una admiración ciega que ahora comienza a pasarme la cuenta.

Sacudo la cabeza.

—Debí darme cuenta.

Siento las cálidas manos de Daphne acariciar la piel descubierta de mis brazos. El contacto me resulta reconfortante, me vuelve los pies a la tierra, mantiene mi cordura a raya.

—Hay preguntas que nunca tendrán una respuesta, Ángelo —susurra con dulzura—. Y está bien, debemos aprender a vivir con eso.

Voltea hacia la puerta, las comisuras de sus labios se curvan hacia arriba, formando una diminuta sonrisa.

—Ha sido un día agotador, y necesitas estar tan fuerte como sea posible para enfrentar lo que viene.

Toma mi mano, entrelaza nuestros dedos y deja un apretón.

Miro una última vez los nombres, terminando por asentir.

Avanzamos por la oscuridad del pasillo hasta la habitación, ambos ingresamos en silencio y cuando cierro la puerta con suavidad detrás de mí, lo decido.

No importan las acciones pasadas, no importa lo que mi hermano hizo, ahora tengo a sus hijas bajo mi cuidado, ahora, ellas son mi responsabilidad.

Si él no fue el hombre esperado, si no cuidó de su familia como debería, yo repararía ese error.

Son mi familia, son mis niñas.

No importa el pasado, importa el presente, y el futuro. Y no descansaré hasta tenerlas de vuelta. Hasta conseguir que esos tres desastres, volvieran a casa.

Al sitio del cual nunca debieron de haber salido.