35.- EL PASADO SE ESFUMA #2
—Esperé porque no quería perder dos veces.
Esperé a estar seguro de que, cuando señalara el fraude, el sistema no tendría más remedio que escucharme.
Este juicio no es sobre mi nueva vida, abogado; es sobre el fin de una estafa que duró cinco años simplemente porque yo no tenía las armas para detenerla antes.
Miro hacia donde está Daphne. Sé que ella puede ver cómo mis nudillos se vuelven blancos sobre el estrado. El abogado está intentando pintar mi paternidad como un contrato de negocios que he decidido rescindir por falta de rentabilidad.
—Acepté a Jacob porque decidí creer en la ley por encima de mis sospechas —digo, y mi voz suena gélida—.
Decidí que, si un papel decía que era mi hijo, yo cumpliría con mi deber.
Pero no voy a permitir que una estafa procesal me obligue a cargar con las consecuencias de la infidelidad de Renata para siempre.
Cierro los ojos por un segundo recuperando mi autocontrol.
—Y no se atreva a venir aquí a decirme que no lo intenté —Me inclino hacia adelante, dejando que toda la frialdad de mi mirada caiga sobre el abogado de Renata—.
Existe un registro legal, un expediente que parece que su memoria ha decidido omitir convenientemente.
Poco después de que Jacob naciera, solicité una prueba de ADN por mi cuenta, en un laboratorio independiente.
Y los resultados fueron claros: la paternidad se negaba. Ese niño no era mío.
Siento un murmullo recorrer la sala, pero no aparto la vista del abogado, que por primera vez parece haber perdido su sonrisa de suficiencia.
—¿Sabe qué pasó con esa prueba? —continuo, y mi voz suena como un látigo—.
Los abogados de la señora Davies la desestimaron en menos de cuarenta y ocho horas.
Alegaron que se había roto la cadena de custodia, que yo había manipulado las muestras y que la única prueba válida era la que ella había presentado, la que tenía el sello oficial que hoy sabemos que fue comprado.
Me detengo un momento, y por primera vez en todo el interrogatorio, la dureza de mi voz desaparece, dejando paso a una verdad que me desgarra el pecho frente a todos los presentes.
—Y hay algo más que usted parece no entender, abogado —digo, y siento cómo el nudo en mi garganta amenaza con cerrarse—. A pesar de todo lo que acabo de decir, a pesar del fraude, de la traición y de la red de mentiras de su clienta... amo a Jacob. Lo amo con mi vida.
El silencio en la sala se vuelve absoluto. Miro al jurado, no con la mirada del magnate implacable, sino con la del hombre que ha pasado cinco años entregando el corazón a un niño que quiere como suyo.
—Usted habla de "conveniencia", pero no tiene idea de lo que han sido estos cinco años.
A pesar de que solo pude verlo un breve momento cuando nació antes de que me sacaran de esa habitación...
a pesar de que cada una de mis visitas durante años tuvo que ser bajo la mirada de un guardia, como si yo fuera un extraño en su vida...
a pesar de que ella se encargó de que apenas pudiera pasar tiempo con él, limitando cada segundo de nuestro vínculo...
lo amo. Me enamoré de él a través de cristales y de visitas cronometradas.
Aprendí a conocer sus gestos en los pocos minutos que me permitían estar a su lado.
He luchado por cada hora, por cada abrazo supervisado, mendigando el tiempo con el niño al que amo como mi hijo.
No estoy aquí para dejar de amar a Jacob.
El amor no se borra con una sentencia judicial.
Estoy aquí porque ese niño merece la verdad.
Merece un padre que lo sea por elección y no por una estafa.
Y yo... yo merezco dejar de sentir este vacío cada vez que él me llama "papá" y recordar que todo esto fue una trampa.
No estoy tirando a Jacob a la basura, abogado.
Estoy tratando de salvar lo que queda de mi alma después de que ella la hiciera pedazos usando lo más sagrado que existe: el corazón de un niño.
Un silencio recorre la sala. El abogado mira su carpeta, luego se gira hacia el juez y dice:
—No más preguntas, su señoría.
Dos horas más tarde, nos encontramos en la misma sala, esperando la resolución final.
Siento el corazón en la garganta, apretándome tan fuerte que temo que pueda colapsar aquí mismo.
—He evaluado las pruebas presentadas, así como los testimonios que han sido dados —fija la atención en los documentos frente a él y eleva la vista—. Y he llegado a la conclusión, de que este caso solo tiene una respuesta, no hay necesidad de prologar la audiencia por más tiempo.
Retengo la respiración, todos mis músculos se tensan al instante en el que el juez hace el ademán de hablar otra vez.
Me siento ahogado por la corbata y tengo la tentación de aflojarla tan solo un poco para conseguir un respiro.
Los músculos de mi columna vertebral se ponen tan rígidos que me obligo a mantenerme erguido, con una posición de poder.
«No importa que tan asustado te sientas, nunca dejes que los demás lo noten»
Me repito las palabras de Lucca, parece que algunos de sus consejos servían después de todo.
—He tomado en consideración la seguridad del menor, y he establecido que la demanda del señor Lombardi por impugnación de paternidad, es aceptada.
Las pruebas periciales de ADN independientes, realizadas bajo la supervisión de este tribunal, son concluyentes: no existe vínculo biológico entre el demandante y el menor Jacob Davies.
Suelto el aire, toda la presión se va de mis hombros cuando escucho la última palabra. Es como si de un segundo a otro, toda la carga, el peso que traía conmigo desde hace años, al fin desapareciera.
—Asimismo —prosigue el juez, golpeando el mazo para restaurar el orden—, ante la evidencia de manipulación de pruebas en el proceso inicial y el fraude procesal cometido por la parte demandada, este tribunal ordena la anulación inmediata del acta de nacimiento original.
El apellido Lombardi será removido y se dará parte a la fiscalía para investigar la responsabilidad penal de la señora Renata Davies y del laboratorio involucrado.
Señor Lombardi, todas sus obligaciones paternales serán removidas, y todos los pagos correspondientes a manutención se suspenderán.
Su apellido será removido del menor, y se colocará el del padre biológico si la madre y el padre lo desean así.
Hay un breve silencio.
—Ahora, señora Davies —continúa el juez—.
Es encontrada culpable de difamación, daño moral y perjuicios premeditados, tendrá que regresar todos los bienes de los cuales el señor Lombardi fue despojado, y aquellos que fueron vendidos deberán ser reembolsados en un monto económico correspondiente.
Además de una indemnización monetaria para reparar los daños ocasionados, junto con el sesenta por ciento de las acciones del despacho jurídico de las cuales fue despojado el señor Lombardi, volverán a su poder.
Me siento eufórico, tan malditamente aliviado de que esto al fin haya terminado.
—Por otra parte, considerando el bienestar y seguridad del menor, el señor Lombardi podrá mantener el vínculo afectivo que se ha cultivado en estos años, solo si el menor desea que esto se lleve a cabo.
De ser así, el señor Lombardi contará con periodos de visitas, y si los padres incurren de nuevo en actos delictivos, podrá ser considerado un tutelar para el menor.
Un aire orgulloso me llena el pecho, Renata reclama, el abogado también y solo cuando el juez deja caer el mazo produciendo un sonido seco, el silencio se instala.
—Se levanta la sesión.
Un grito eufórico brota detrás de mí, sonrío mientras acepto el abrazo de Franco y luego me abro camino hacia la mujer que me espera con una sonrisa radiante.
—¡Te lo dije! —exclama antes de lanzarse a mis brazos—. ¡Te lo dije, amore mío!
La recibo con gusto, apegándola a mi pecho y disfrutando de la sensación que me produce el tenerla tan cerca.
—Las verdades siempre salen a la luz —susurra.
—Y como siempre, tienes razón en absolutamente todo, mia regina —susurro antes de besarla—. Gracias por estar aquí.
—Yo siempre a tu lado, mi sexi italiano—susurra volviendo el agarre en nuestras manos mucho más firme.
Mi mente aún no procesa del todo que la pesadilla ya se ha acabado. Apenas estoy procesando el hecho de que Renata ya no tiene ningún arma en contra mía, de que cuando el juicio por la tutela llegara, mi nombre estaría limpio.
Tan limpio como siempre debió de haber estado.
Que tal vez, si Jacob lo deseaba, aún podría verlo, convivir con él. Aun podría hacer todas esas cosas que siempre quise.
Había olvidado lo bien que se sentía estar libre de acusaciones, la tranquilidad que significaba el hecho de no tener que cuidarme las espaldas. Ahora, ahora podía ir con todo para luchar por mis niñas. No había nada que me lo impidiera, ya no había ninguna mentira que pudiera arrebatármelas.
Voy a luchar por mi familia, y voy a recuperarlas. Se los prometí, les prometí que no sería para siempre, y me mantendría fiel a esa promesa, así fuese lo último que haga.
Jackie nos recibe con una deliciosa cena en cuanto llegamos a casa.
Antoni y Franco se quedan a cenar, y durante esos momentos en donde compartimos la cena, y reímos, me olvido un poco de las batallas que aún esperan por mí.
Cuando mi hermano y amigo se van, permanezco en la sala con Daphne entre mis brazos, hasta que Jackie aparece de nuevo.
Daph dice que llamará a su madre, y se escabulle para dejarme solo con mi nana.
—¿Por qué tienes esa cara? —cuestiona. Intento sonreírle.
—Solo sigo teniendo ciertos temas en la cabeza —suspiro. Hay un silencio, hasta que aprieto los párpados y me atrevo a preguntarle—. ¿Tú sabías que Lucca golpeaba a Jenna?
No parece sorprendida, respira hondo, como si cada palabra fuera una piedra.