Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 28.- LA NADA MISMA #3
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28.- LA NADA MISMA #3

Pero me bastaba saber que Daphne y su madre no tendrían que preocuparse por eso nunca más.

Sin embargo, no esperaba la reacción que obtuve de ella al entrar a la habitación.

—¡No necesito que un hombre resuelva mi vida! —reclama ignorando las palabras de su madre.

—Daph...

—No —me manda a callar con un gesto—. Eres un idiota desconsiderado, ¿y luego pagas todas nuestras deudas? ¿Qué te crees?

—Cariño, Ángelo solo quiere ayudar —dice su madre.

—Y yo creí que tú no estabas de acuerdo con esto —reclama incrementando su molestia.

—No lo estaba —su madre se incorpora con firmeza—.

Pero estas en un hospital por sufrir un colapso por estrés, porque te ocasionaste úlceras de nuevo y estuviste inconsciente varias horas.

Así que Ángelo me ofreció su ayuda, nos dio su ayuda, y lo menos que merece, es nuestro agradecimiento, no que lo llames idiota.

—Está bien —intervengo—. Me lo merezco.

Ella me mira, luego observa a su hija.

—De acuerdo, los dejaré solos —sentencia tomando su bolso y cruzando por mi lado para abandonar la habitación.

Nos sumimos en un silencio incómodo, hasta que me atrevo a romperlo.

—Hablaré con los niños —es lo primero que digo. —Dije estupideces y me disculpo por eso. Porque a pesar de todo tienes tanta autoridad en esa casa como yo.

—Ángelo…

—Lamento que los niños hayan sido causa de que hayas terminado aquí —la interrumpo —debí ponerles un alto. Y no cuestionarte frente a ellos.

Daphne cierra los ojos un segundo.

—No terminé aquí por los niños —susurra—. Terminé aquí porque llevo días fingiendo que todo está bien… y no lo está.

—Bueno pues ya no tienes que preocuparte por eso —sentencio —Sé que no necesitas que un hombre te resuelva la vida, sé que no buscas que un hombre te lo de todo, porque eres bastante testaruda como para conformarte.

Eres más que solo una chica que va detrás de un millonario, me lo demostraste desde el segundo en el que te conocí.

Tomo su mano.

—Hablaré con ellos, no volverán a faltarte el respeto.

Su mirada se suaviza.

—Yo también grité… —dice apenas—. Yo también dije cosas que no debía. Pero estaba tan cansada, Ángelo… tan cansada de fingir que todo estaba bajo control.

Me acerco más.

—No tienes que fingir conmigo.

Conecto la mirada con la suya.

—Y no quiero que vuelvas a pensar que tienes que cargar todo sola. Pudiste haberme pedido ayuda, te la hubiese dado.

—No quería alimentar los rumores.

—Los rumores no me importan más que la mujer de la que estoy enamorado.

Las palabras salen con tanta naturalidad, que la sorpresa golpea su rostro.

—¿Enamorado? —susurra.

—Claro que sí, ¿acaso no es evidente? —sonrío —estoy absoluta y perdidamente enamorado de ti, mia regina.

Sus ojos brillan. No quiero ni puedo seguir callando los sentimientos que tengo por ella.

He sido un cobarde muchas veces, pero no estoy dispuesto a serlo ahora. Así que le digo la verdad.

—Me enamoré de la manera en la que me retas, en la manera en la que no dejas que nadie pase sobre ti.

Me enamoré de la manera en la que cuida de los desastres.

Me enamoré de la forma en la que convives con Jacob, o de la amistad que has formado con Antonella.

Me enamoré de todas esas cosas, que te hacen ser tú.

—Ángelo…

—Y eso me aterra. Porque lo que yo significo, no va contigo.

—Me gusta elegir mis batallas, Ángelo.

—Daphne…

—Déjame elegir mis batallas.

Un suspiro resignado brota de mis labios.

—Las cosas se pueden poner feas, amore.

No responde, permanece contra mi pecho por un par de minutos más antes de apartarse, fijando la mirada en la mía.

—Dijiste que me necesitabas para no perder la cabeza —me recuerda—. Quiero asegurarme de que te mantengas cuerdo.

Me acerco hasta conseguir rozar mis labios con los suyos, luego los atrapo entre los míos y disfruto de la explosión de calidez que me envuelve cuando lo hago. Coloco la mano en la parte trasera de su cuello, sujetándola con firmeza para sentirla más cerca.

—No quiero que esto nos destruya, mia regina. No me lo perdonaría jamás.

—Quiero pelear esta batalla contigo, me gusta elegir, detesto que elijan por mí. Y, ¿quieres saber un secreto?

Asiento.

—Yo también estoy locamente enamorada de ti.

Me aparto, siendo incapaz de retener la sonrisa.

—¿Cómo no hacerlo? —inquiere—. Es una locura quererte tanto, pero lo hago. Y ya que tú te has declarado, creo que debo hacerlo igual. Estoy enamorada de ti, Ángelo Lombardi.

Algo estalla en mi interior, de una manera tan fuerte y arrasadora que acaba conmigo. Pero no para mal, acaba conmigo para llevarme a un sitio encantador, en uno donde siempre he querido estar.

Con un amor correspondido, con un sentimiento tan sincero como el que ella me ofrece.

Y con eso simplemente la beso, cayendo de nuevo por alguien, dándole el poder sobre mí otra vez, siendo consciente de que esta vez, no me importa ser destruido por una chica como Daphne Lennox.

Porque si amar profundamente sin reparos es sinónimo de destrucción, entonces lo haré. Sin importar el resultado, sin importar si al final del camino, me he reducido a la nada misma.