28.- LA NADA MISMA #2
—No les prestes atención —Ángelo me arrebata el celular—. Son revistas de chismes, decir mentiras es su especialidad.
—Dicen que estoy contigo por interés.
—Dirán eso incluso si mi pareja fuese tan millonaria como yo —dice con molestia—. Daph, esto no es por ti. ¿Sí? Ignóralos, se les olvidará tan pronto tengan un nuevo chisme que cubrir.
No tengo oportunidad de darle una respuesta porque su celular suena, se acerca para dejar un corto beso sobre mis labios y se da la espalda, marchándose tan rápido que no puedo decir nada más.
—Esto es una mierda —musito.
—Bueno, no parece ser tan malo —casi olvido que Antonella se encuentra a mi costado—. ¿Estás bien? Luces un poco…tensa.
Asiento, cerrando los ojos por una fracción de tiempo.
—Estoy bien —la punzada de dolor vuelve y hago una mueca mientras llevo la mano a la zona—. Aunque necesitaré más jarabe para evitar úlceras.
—¿Úlceras? ¿Estás bien? —inquiere Anto.
—Estrés —admito caminando hacia la habitación de sus hermanas—. Estaré bien. No te preocupes.
No tomo la oportunidad de ver si me ha creído o no, porque me marcho a prisa. Era apenas inicio de semana y todo estaba resultando mal para mí.
Y el resto de la tarde, solo empeora.
Mi madre me llama, demasiado preocupada para mi gusto.
Parecía ser que su temor de que se me tachara de algo que no era comenzaba a hacerse realidad, Jodi también me llama para decir lo que ya sé, y aunque soy consciente de que revisar mis redes sociales no va a ayudar, lo que encuentro son solo más noticias que me tachan de cazafortunas.
Así que el dolor aumenta, el estrés aumenta, y siento que no puedo lidiar con una bebé, con una niña que no deja de gritar y un niño que parece querer arrancarle la cabeza a su prima.
—¡Dile que me de mi juguete! —grita Jacob.
—Bella dale…
—¡Es mío! ¡No es tuyo! —exclama en un grito enojado.
—Deja de gritar que despertarás a Lía —exijo—. Bella hablo en serio, dale el juguete. Tienes muchos de eso.
Un grito agudo me hace cerrar los ojos, se deja caer al piso y sé que el berrinche ha comenzado, Jacob se acerca para tomar el juguete que Bella tiene entre sus manos y los gritos aumentan.
Lía despierta sobresaltada por los gritos, y en ese instante pierdo el control.
Siento el ácido subir por la garganta, la úlcera ardiendo como si alguien me hubiera encendido un fósforo dentro del estómago.
—¡Basta los dos! —grito estallando —Bella es solo un juguete, deja de ser tan malcriada.
Me acerco a prisa, arrebatándole de las manos el artefacto y mirando a ambos.
—¡Ninguno va a tenerlo!
—¡Devuélvemelo! —grita Bella claramente en medio de un berrinche.
—¿Qué está…?
—¡Tío! ¡Daphne nos ha gritado! —solloza, aferrándose a su pantalón—. ¡Me quitó mi juguete y me dijo malcriada!
El ácido me sube otra vez. Siento que el estómago se me retuerce como si tuviera alambres dentro. Ángelo me mira. No entiende. Solo ve a su sobrina llorando… y a mí de pie, con el juguete confiscado como prueba del crimen.
—Sí, claramente escuché los gritos así que quiero saber que ha pasado —exige mirándome.
—Estaban peleando, y les llamé la atención. A veces necesitan que alguien los trate de ese modo —respondo con firmeza—. O se convertirán en niños consentidos.
—Eso no te corresponde a ti —dice con calma.
—Entonces la próxima vez que hagan un berrinche, ven a resolverlo —espeto cruzando por su lado.
—Hey, ¿A dónde crees que vas? —salgo de la habitación y el me sigue, no me detengo aun cuando me llama y eso lo obliga a acelerar el paso.
Toma uno de mis brazos, impidiendo que continúe con mi camino.
—¿Qué está ocurriendo? —inquiere.
Mi corazón late con fuerza, el dolor en el abdomen aumenta y solo deseo llegar a mi habitación para tomar el medicamento. Siento mis latidos aumentar de intensidad, tanto que soy capaz de sentir la vibración en mi pecho.
—Daphne… —la voz de Ángelo se escucha lejana, los latidos de mi corazón se hacen cada vez más fuertes que se convierte en una sensación desesperante—. Daph…
Siento los brazos de Ángelo rodearme en el momento justo en el que mi cuerpo pierde las fuerzas. No soy capaz de decir o hacer algo, solo soy capaz de sentir como mi cuerpo se desconecta, y todo se reduce a nada.
ÁNGELO.
Daphne no reaccionó ni siquiera cuando llegamos al hospital. Y verla en ese estado causó en mí una maldita sensación que no había experimentado jamás.
—Dime que al menos los castigaste —Franco me mira —hicieron que tu chica colapse del estrés.
—No fueron ellos…
—Por favor, Ángelo. Con todos los problemas con el banco y la hipoteca, me sorprende que dejes que además tu sobrina le falte el respeto.
—¿Qué? —Franco me mira—. ¿Qué problema con el banco? ¿E hipoteca?
—¿Ella no te lo dijo? —pregunta—. ¿No habló contigo?
—No, ella no…—el recuerdo del intento de conversación que Daphne quiso tener, justo en el momento en el que Antonella nos interrumpió llegan a mi mente—. ¿Cómo lo sabes en todo caso?
—Jodi lo mencionó, está preocupada por su amiga. Consultó conmigo unos asuntos legales, para saber si había manera de ayudarla. Dijo que ella hablaría contigo, supuse que lo hizo. Tienen una orden de desalojo, que será ejecutada pronto sino pagan.
Me dejo caer sobre una de las sillas sintiéndome frustrado conmigo mismo. Ahora todo tenía sentido, porque Antonella dijo que Daphne parecía tan tensa, y lo que ella le dijo luego de enterarse de lo que ocurría con las revistas.
No tengo tiempo de responder, porque el doctor aparece. Me incorporo con prisa cuando lo miro, esperando que dijera que Daphne ya se encuentra despierta.
—¿Cómo está? —inquiero—. ¿Ha despertado?
—Aún no despierta, pero eso no es lo principal ahora —dice—. Tiene úlceras estomacales, probablemente ocasionadas por estrés y presión, le daremos la medicación adecuada antes de que se ocasionen más heridas internas, pero es probable que se tenga que quedar algunas horas más.
—¿Estará bien?
—Con el medicamento lo estará, pero necesitará estar libre de presión y estrés, o las úlceras pueden volver —informa—. ¿Desea pasar?
No tiene que preguntarlo dos veces, Franco dice que llamará a Jodi para avisar a la madre de Daphne del estado de su hija, y asegura que volverá a casa para ver si mis sobrinas e hijo necesitan algo más.
Cuando ingreso a la habitación, la consciencia me carcome.
Joder, Ángelo. ¿Por qué no puedes tomarte solo un momento para pensar antes de actuar como un idiota impulsivo?
—Lo siento, mia regina —susurro colocándome a su lado—. Cada día solo te confirmo más que soy un idiota.
Tomo una inhalación, tomando su mano y fijando mi entera atención en ella. Algo se revuelve con fuerza en mi interior al mirarla sobre la cama, como si de pronto la sola idea de ocasionarle más daño me aterrara por completo.
Nunca me he preocupado por alguien más que no fuese yo, nunca me vi en la necesidad de considerar, tan solo por un instante, que alguien más también enfrentaba sus propias batallas.
No me aparto de su lado, aguardando por el momento en el que ella abriera los ojos. Estaba consciente de que es probable que no desee verme, pero mantenía la esperanza de que eso no ocurriera.
Aún está dormida cuando su madre llega, y solo en ese momento me permito apartarme de su lado.
—Señora Lennox, lamento que tengamos que conocernos de este modo —hablo hacia la mujer.
—Señor Lombardi, agradezco que haya traído a Daphne al hospital. No creí que las úlceras volvieran, mi pobre niña.
—Estoy al tanto de las deudas —ella me mira de inmediato—. Así que quiero que me de los datos de los bancos, y de todo acreedor con el que tenga algún adeudo.
—Señor Lombardi…
—Cubriré sus deudas, señora Lennox. Así que…
—No —dice con firmeza—. Le dije a Daphne que no aceptaríamos ayuda de usted, suficiente hace la prensa acusando a mi hija de ser una cazafortunas. No quiero…
—Su hija está en este hospital por una acumulación de estrés, tiene úlceras porque seguro en el último par de semanas ha intentado encontrar el dinero para que la orden de desalojo no sea ejecutada.
Dinero que usted sabe, no van a conseguir.
Así que, si le importa tanto su hija, déjeme hacerme cargo.
Puedo hacerlo, y le juro que no deseo ninguna clase de pago por esto.
Permanece en silencio por varios minutos, al final, toma una inhalación y me encara.
—Mi hija no es ninguna cazafortunas, es una mujer excelente, y trabajadora. Si aceptó el trabajo de niñera con usted, fue solo porque necesitamos el dinero. No porque haya querido un camino fácil hacia la elite italiana, quiero dejarle eso en claro, señor Lombardi.
Miro a Daphne lucir tan serena sobre la cama, con la respiración suave y el rostro en paz.
Lo sé, sé perfectamente que ella no es ninguna de las cosas que la llaman en las revistas. Ella es extraordinaria, sublime, Daphne es todo aquello que siempre he deseado encontrar.
—Lo sé. Y es por eso que la quiero tanto —admito delante de su madre—. Mis intenciones con su hija son las mejores, le doy mi palabra.
La señora Lennox parece un tanto más aliviada, mira a su hija y se acerca hasta conseguir tomar su mano.
—Me haré cargo de todo —le aseguro consiguiendo que me mire—. No tendrá que preocuparse por nada.
Y tras esa afirmación, miro una última vez a Daphne y salgo de la habitación, dispuesto a resolver unos cuantos pendientes.
Siendo realistas, era casi imposible que la madre de Daphne consiguiera el dinero en menos de tres semanas, eran demasiadas cuentas pendientes, y pagos atrasados que los intereses, de no haber saldado los créditos, jamás dejarían de crecer.