Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 28.- LA NADA MISMA
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28.- LA NADA MISMA

DAPHNE

Los días avanzaban, y aunque las cosas con Ángelo parecían estar cada vez mejor, hay una parte de mi vida que estaba cayéndose a pedazos.

El pensamiento sobre que lograría solucionar todo lo relacionado con la hipoteca de nuestra casa y la posible orden de desalojo que se efectuaría en dos semanas aproximadamente, se esfuma cada vez más rápido.

Jodi se da cuenta de que algo ocurre, y me reprendo por haber aceptado su salida a almorzar en mi único día libre.

—Si no dejas de mover el pie de ese modo harás que me ponga nerviosa —reprocha—. ¿Qué te ocurre?

—Nada —respondo intentando restarle importancia—. No me pasa nada.

—Bueno, pues has estado moviendo la pierna desde que llegamos y te has rascado los brazos desde el instante en el que me viste —señala—. Eso es síntoma de estrés grave.

—No dramatices —pido rodando los ojos.

—¿Tengo que recordarte que ante bajo estrés puedes tener ulceras de nuevo? —inquiere y hago una mueca—. Si no quieres que llame a tu madre para decirle que su hija está a punto de sufrir un colapso nervioso, entonces dime que es lo que ocurre.

—De acuerdo —me rindo sabiendo que no hay nada que pueda hacer para que Jodi lo deje pasar. Echo la espalda hacia atrás, dejándola descansar contra el respaldo del asiento, y le doy una rápida mirada a nuestro alrededor.

Las calles de Millán son pintorescas, alegres, llenas de gente local y turistas tomando fotografías, pero en esta ocasión, nada de eso me resulta agradable.

—¿Recuerdas las deudas que mi madre y yo teníamos con el banco?

—Jodi asiente con lentitud—. Bueno, pues no son las únicas.

Parece ser que mi padre antes de irse dejó una hipoteca pendiente, y colocó a mi madre como aval en caso de fallecer o no pagar, claramente no tenía intenciones de pagar el crédito porque apenas se fue, dejó de pagar la cantidad correspondiente.

Hubiese sido más sencillo si no hubiese muerto, de ese modo aún podíamos obligarlo a pagar, pero como sabrás, no hay nada que podamos hacer ahora que está tres metros bajo tierra.

Tomo una corta inhalación.

—Hace poco más de una semana, recibimos la notificación del banco.

Debemos cubrir los pagos faltantes o de lo contrario, se ejecutará una orden de desalojo —mi voz suena con pesar, ante la idea de tener que perder el único sitio seguro que teníamos—.

Es imposible pagarlo, Jodi, es muchísimo dinero que ni mi madre ni yo tenemos.

—¿Cuánto tiempo les dieron?

—Cuadro semanas, pero ha pasado una semana y media, y es evidente que no conseguiremos el dinero. Mi madre no quiere decirme, pero sé que aún no tiene el dinero suficiente, y no quiero que se mate trabajando más de lo necesario por una deuda que nosotras no adquirimos en primer lugar.

Mi voz se rompe y me obligo a recomponerme.

—Daph…lo siento tanto —dice mi amiga extendiendo la mano a través de la mesa—. Si hay algo que pueda hacer por ti, con gusto lo haré.

Limpio las lágrimas que amenazan con brotar y niego.

—Lo resolveremos —aseguro—. Mi madre intentó solicitar apoyo del gobierno, pero con la cantidad de deudas que tenemos, no calificamos. Y el asesor de vivienda dijo que es muy posible que perdamos la casa. Parece ser que nadie es capaz de darnos una solución.

—¿Has intentado hablar con Ángelo?

—No voy a pedirle dinero —aseguro—. No quiero…

—Daphne, estás a punto de perder tu casa, lo único que te queda como patrimonio —dice con desesperación—. No es exactamente pedirle dinero, puedes pedirle un préstamo de trabajo, muchas personas lo hacen. Solicitan cierta cantidad y luego, esta es rebajada en los cheques mensuales.

Niego.

—¿Cómo me vería pidiendo algo así?

—Bueno, pues te verías como alguien que quiere evitar que una orden de desalojo sea ejecutada —responde con obviedad—. No va a regalarte el dinero, dile que vas a devolverlo, es mucho más sencillo de solicitar otro préstamo al banco.

Plasmo una mueca cuando un leve dolor se presenta en mi vientre.

—Posible úlcera —señala Jodi—. Daphne, debes hablar con Ángelo. Si él se niega, entonces te ayudaré a encontrar otra solución, pero…intenta hablar con él, ¿puedes considerarlo?

Lo cierto es que me resulta bastante vergonzoso tener que recurrir a Ángelo por ayuda financiera, pero considerándolo… Si perdemos la casa, ¿en dónde viviremos? Jodi tiene razón.

—Lo pensaré —respondo después de un par de minutos.  Mi amiga sonríe con suavidad.

—Todo va a resolverse —susurra—. Sé que detestas pedir ayuda, Daph, pero hay situaciones que lo ameritan, y esta es una de ellas.

Desearía que no fuese así, desearía poder resolverlo por mis propios medios, ahorrarle todas las preocupaciones a mi madre y deshacerme de todos los problemas que mi progenitor dejó tras su partida.

Pero no es posible.

Jodi me deja en casa cuando nuestra salida concluye, y realmente nada está saliendo como me gustaría porque al llegar, mi madre se encuentra en casa.

—¿Te irás? —inquiero viéndola tomar su bolso.

—Entro al trabajo a las seis —dice con una sonrisa cansada.

—Mamá, no es necesario ese turno de noche —murmuro—. Yo puedo hablar…

—No, fui clara, Daphne. No quiero el dinero de tu novio, no lo necesitamos.

—¡Claro que lo necesitamos! —exclamo—. ¿Crees que podemos reunir los miles de dólares en dos semanas? No podemos, mamá. Con suerte cubriremos un par de meses atrasados, pero el banco los requiere todos, y sabes tan bien como yo que es casi imposible.

No me responde, cruza por mi lado en dirección a la puerta.

—¡Mamá! ¿Puedes escucharme? —inquiero—. ¡No debes matarte trabajando por esto!

—¿Y qué esperas que haga? —grita encarándome—. ¡No dejaré que acusen a mi hija de interesada! ¡No permitiré que se te tache de algo que no eres, Daphne!

—Puedo pedirle un préstamo —sugiero—. Le devolveré el dinero, hasta el último centavo. Pero no tienes que matarte trabajando.

Mi madre suspira, acortando los pasos que nos separan y acaricia mi rostro.

—No importa si lo devuelves o no —dice con una sonrisa triste—. Nadie va a perdonar el hecho de que tu novio cubra nuestras deudas, el dinero y la familia, se mantienen a parte, Daphne, no lo olvides.

No me permite reprochar, ni siquiera cuando intento hacerlo, cuando intento decirle que no me importa nada más que no dejar que nos arrebaten lo único que nos queda.

Pero no me escucha, y yo desearía que lo hubiese hecho.

El estrés y yo en definitiva somos una mala combinación. Le doy un largo trago al jarabe para evitar las úlceras estomacales y me obligo a mí misma a aparentar que nada ocurre cuando ingreso a la mansión Lombardi.

Es lunes por la mañana y se supone que debería estar con las pilas recargadas para atender a las sobrinas e hijo de Ángelo, pero no es así.

—¡Daphne! —sonrío cuando Bella me recibe en la entrada—. Te extrañamos.

—Yo igual los eché de menos —admito—. ¿Dónde están todos?

—La abuela vino de visita —informa con una sonrisa—. Y ahora ella y el tío Ángelo están hablando.

—¿Tu abuela Beatrice? —Bella niega.

—Mi abuela Hilary —dice—. Ven, quiero mostrarte el castillo que hice.

Toma una de mis manos y me conduce hasta su habitación. Sonrío al entrar y mirar la gran cantidad de mantas que están esparcidas por la habitación. Incluida la cuna de Lía sirve como soporte.

—¿Y tú hermanita?

—La señora Wilson la llevó al jardín —dice sin mirarme—. ¡Entra!

Dejo a un costado mi bolso para conseguir entrar, apenas y lo conseguimos, pero Bella parece tan entusiasmada que olvida que soy el triple de su tamaño.

Solo accede a dejarme salir sin hacer un berrinche cuando la señora Wilson vuelve con Lía en brazos.

—Ha comido —informa con una sonrisa—. El señor Lombardi está en su estudio, pero pidió que no lo molesten.

—De acuerdo —y ahí se va mi oportunidad de poder hablar con Ángelo sobre el préstamo.

Intento pensar que se desocupará pronto, pero cuando sale del estudio un par de horas después, no parece dispuesto a tener una conversación sobre dinero.

—Hola —dice con una leve sonrisa—. No me dijeron que llegaste.

—Bueno, Jackie dijo que no querías ser molestado, así que me aseguré de que ninguno de los niños lo hiciera —aseguro.

Él sonríe un poco más, envuelve mi cintura con uno de sus brazos y me atrae hacia su cuerpo, deja un corto beso sobre mis labios antes de apartarse y sonreír con más entusiasmo.

—Te eché de menos —admite—. ¿Todo en orden?

—Puedo preguntar lo mismo, Bella me dijo que la señora Dorian estuvo aquí —el suspira, su semblante cambia mientras asiente.

—Vino con su abogado, parece ser que está tomando esto de la demanda muy en serio. Franco dice que no hay muchas posibilidades a su favor, pero no quiero arriesgarme.

Asiento levemente.

—Escucha, ¿crees que podamos hablar luego de algo? —inquiero.

—Claro, ¿qué ocurre? ¿Pasó algo con los desastres? —niego—. ¿Entonces?

—Me gustaría que fuese en…

—¡Están en las revistas! —Antonella interrumpe nuestra conversación.

Sube corriendo las escaleras y llega hasta nosotros, prácticamente lanzando la revista hacia mis manos.

—¿Qué? —tan pronto como tengo el papel entre mis manos, mi angustia se dispara—. Ay no, somos…

—Somos la portada —dice Ángelo—. Fueron más rápidos de lo que imaginé.

Mis ojos viajan por las líneas, y por el título en letras rojas que llama más la atención.

¿El importante Ángelo Lombardi ahora se fija en sus empleadas?

El dolor en el estómago vuelve, y me las arreglo para tolerarlo y fingir que no estoy a punto de vomitar.

—Y no es solo eso, están también en Twitter, Instagram y Facebook —Antonella nos enseña la pantalla del celular, los titulares son prácticamente los mismos.

Fotografías de nosotros en Florencia, fotos mías con las niñas, y un par de Ángelo con Jacob, en donde se especula de su paternidad. Pero no es eso lo que llama más mi atención y aumenta mi grado de estrés, sino lo que se dice de mí.

Daphne Lennox, posible actual pareja del dueño de los casinos Maximous, empezó siendo la niñera de las sobrinas del difundo Lucca Lombardi. ¿Fue esta una estrategia para conseguir privilegios de la élite italiana?