26.- DISCULPAS Y VERDADES
DAPHNE
—¿Por qué tuvimos que volver antes? —Antonella me cuestiona cuando ingresamos a la casa con las maletas.
—Tu tío tuvo que volver a resolver unos asuntos —respondo con una ligera sonrisa—. Ya sabes lo ocupado que es.
—Sí, pero dijo que serían solo tres días para nosotros —reprocha.
Sube con rapidez las escaleras, cargando la maleta tan bien como puede. Suelto un suspiro mientras me encamino detrás de ella. Ángelo no había querido decir más sobre el tema, se perdió entre llamadas casi todo el vuelo de regreso y para Antonella era fácil deducir que algo ocurría con su tío.
—No te enojes con él —ella voltea cuando me detengo en su puerta—. Es un asunto importante, así que no podía posponerlo.
—¿Tú sabes de que se trata? Seguro que te dijo porque volvíamos tan a prisa.
Sí, claro que me lo dijo.
—No, debe ser muy importante para no poder compartirlo —miento—. Pero no te desanimes, seguro encontramos algo que hacer para que no te aburras tanto en las vacaciones.
Sonríe con ligereza y eso me basta, llevo mis maletas hacia mi habitación y luego bajo por el resto del equipaje.
Jacob y Bella entran arrastrando unas pequeñas maletas. Y Ángelo viene detrás de ellos con Lía en brazos.
—Tengo que reunirme con Franco —informa—. ¿Está bien si te quedas con ellos?
—¿Por qué me preguntas? Es mi trabajo —le recuerdo con una sonrisa—. Ve tranquilo que se quedan en buenas manos.
Sonríe, me dedica un asentimiento antes de entregarme a la pequeña.
—Es seguro que vuelva tarde —informa—. Si necesitas algo, envía un texto e intentaré responder lo más rápido posible.
—De acuerdo —se acerca con rapidez para dejar un corto beso sobre mis labios, y luego se marcha. Giro, mirando a Bella y Jacob correr por las escaleras y me veo en la necesidad de ir tras ellos—. Nada de correr en las escaleras.
Le cambio la ropa a Lía por una mucho más cómoda que el vestido que trae puesto, y luego voy hacia la habitación de Jacob.
Sorpresivamente Bella no se encuentra con él, se mantiene frente a la cama sacando la ropa de la pequeña maleta.
—Deja eso, puedo hacerlo yo luego —él voltea, me mira por un par de segundos antes de detenerse.
—¿Mi papá tenía trabajo? —inquiere.
—Así es, es un hombre algo ocupado —murmuro acercándome. Baja la vista por algunos segundos y luego continúa sacando la ropa—. ¿Todo bien?
—Mamá dijo que papá estaría ocupado —dice sin mirarme—. Dijo que no tendría tiempo para mí.
—Eso no es verdad —camino hasta acercarme al colchón, coloco a Lía sobre la alfombra y luego lo miro —. Tu padre es un hombre ocupado, sí. Pero claro que tendrá tiempo para ti. Es imposible que él te deje a un lado.
No me responde de inmediato, emite un corto suspiro y luego gira hacia mí.
—¿Eres la novia de mi papá?
Sonrío levemente. No sé muy bien cómo es que debería presentarme ante él.
—Sí —respondo al cabo de unos segundos—. Pero también soy la niñera. Y cuido de tus primas, y de ti.
—Mamá dice que papá es malo, Russell también lo dice. Ninguno quería que viniera aquí, pero yo quiero pasar tiempo con papá. Él no es malo, ¿verdad?
El pecho se me aprieta con la pregunta. ¿Por qué un niño pensaría que su padre es malo?
—No, pequeño, tu padre en realidad es un hombre maravilloso. Es muy bueno, algo orgulloso y autoritario sí, pero es una buena persona. Creo que lo has visto, ¿no es cierto? Te quiere mucho. Y está muy feliz porque estés aquí con él.
—Entonces ¿por qué nos fuimos de vacaciones y tuvimos que volver? ¿Por qué nunca puede quedarse? ¿Por qué mamá dice que él no me quiere?
—Jacob, tu papá te ama. Mucho más de lo que puedes imaginar.
—¡No! —grita, y su voz se quiebra—. Si me quisiera, estaría conmigo.
Se hace un silencio pesado. Jacob aprieta los puños.
—Quiero ir con mi mamá.
La frase me atraviesa como un puñal porque sé lo que significa. Y sé lo que va a hacerle a él cuando la escuche. Porque es exactamente el miedo que siempre ha tenido.
—Jacob…
—Quiero ir con mi mamá —repite —. Ella sí tiene tiempo para mí.
Me arrodillo frente a él, pero no me deja tocarlo. Se talla los ojos con un enojo que no debería pertenecerle a un niño,
—Dile que me lleve. No quiero quedarme aquí si él no me quiere. Dile que quiero irme.
Un nudo inmenso me aprieta la garganta, porque sé que no es en realidad lo que piensa.
Es una idea que alguien sembró con paciencia, repitiéndola lo suficiente hasta que echó raíces en un corazón demasiado pequeño para defenderse.
—¿Puedo contarte un secreto? —cuestiono extendiendo la mano hacia él.
Me mira desconfiado. Pero asiente. Da un pequeño paso, tomando mi mano.
—¿Sabes que tu padre me contó de ti? Me dijo que eres un niño precioso.
Que no ha podido pasar mucho tiempo contigo, pero que estaba emocionado por traerte.
Y que conozcas a tu familia. Que eres lo más bonito que tiene.
Que le da vergüenza no haberte tenido cerca antes…
y que tiene miedo de no saber hacerlo bien contigo.
Forma un pequeño mohín.
—Tu papá no es bueno diciendo cosas bonitas, ¿sabes? —continúo con suavidad—. Es serio, gruñón… a veces parece de piedra. Pero cuando habla de ti… su voz cambia. Tu papá sí te quiere —le digo con firmeza—. Y le duele que pienses que no.
Le acaricio el cabello.
—Lleva mucho tiempo esperando poder ser tu papá. No va a irse ahora que por fin te tiene cerca.
—No quiero irme—dice —no le vas a decir lo que dice ¿verdad?
Hago un gesto sobre mis labios.
—Seré una tumba.
Su rostro cambia, una sonrisa entusiasta se apodera de sus labios mientras parece volver a tener la energía que lo acompaña desde el primer día. Bella aparece entonces y es como si ambos se olvidaran de mí porque se marchan corriendo.
Miro a Lía. Luego el sitio en donde Jacob se ha marchado. Tomo una inhalación, mirándola dar pequeños pasos por la habitación. Cuando eleva sus ojitos hacia mí, sonríe.
—Que preciosa eres, ven aquí —abro los brazos y ella camina con algo de prisa, pero sin detenerse, la recibo en brazos cuando ella se lanza y ríe cuando dejo varios besos en una de sus mejillas—. Eres todo dulzura, estoy segura de que tu madre estaba orgullosísima de presumirte.
Ella emite algunas palabras y eso solo me hace sonreír un poco más. Cuando salgo de la habitación de Jacob, me encamino hacia la de Bella.
Una rápida mirada me basta para saber que los niños están bien así que los dejo jugar en la habitación. La música de Antonella comienza a escucharse levemente a través de las paredes, y todos parecen haber encontrado algo que hacer.
Mi celular suena cuando me encuentro a mitad de las escaleras así que termino de bajar para dejar a Lía sobre el suelo quien parece harta de estar entre mis brazos, y la sostengo de una sus manos mientras tomo el celular y respondo sin mirar bien de quien se trata.
—Daphne —la voz de mi madre se escucha al otro lado.
—Hola mamá —saludo—. ¿Qué ocurre?
—Cariño, ¿has estado pagando la cantidad correspondiente de la hipoteca? —cierro levemente los ojos mientras suspiro.
—Solo el interés —musito—. Es demasiado aportar al capital.
Un corto silencio se instala en la línea.
—¿Por qué? ¿Ha pasado algo? ¿Te han llamado del banco?
—Ojalá hubiese sido eso, cielo. Tenemos que ponernos al día con todos los pagos que tu padre adeudó, o de lo contrario, tendremos que desalojar la casa.
Me detengo, retengo la respiración al tiempo que cierro los ojos con fuerza. No podía ser cierto.
—No pueden desalojarnos, hemos pagado el interés, mamá no pueden…
—Pagar el interés sin cubrir parte de la hipoteca no sirve de nada, Daph. No hemos cubiertos los pagos adeudados y el banquero dijo que han esperado suficiente tiempo.
—¿Cuánto tiempo tenemos? —inquiero sintiendo que la respiración me falta.
—Cuatro semanas, o la casa pasará inmediatamente a la venta. He intentado pedir un préstamo en el trabajo, pero el historial crediticio no nos ayuda, cielo. Me comunicaré con un consultor de vivienda para pedir su ayuda, no quiero que te preocupes demasiado, ¿sí? Voy a resolverlo.
—Mamá…
—Vamos a salir de esta, cielo. Siempre lo hacemos, ¿recuerdas?
Mis ojos arden y me aclaro la garganta, obligándome a hablar con firmeza.
—Hablaré con Ángelo —es lo primero que se me ocurre decir.
—No, no harás eso —dice mi madre con seguridad—.
Él es tu jefe y posiblemente tu pareja, no quiero que la gente a su alrededor comience a hablar de ti, no voy a tolerar que manchen tu imagen, Daphne.
Se bien como es ese mundo, así que no les daré la oportunidad de que especulen que es una relación basada en el interés.
—Es mucho dinero, no podremos…
—No te preocupes por eso, te llamé solo para que estés al tanto ¿sí? No quiero que te preocupes.
Intento responder, pero el llanto de Lía me saca del trance. ¿en qué momento fue que solté su mano?
—¡Lía! —un grito aterrado brota de mis labios cuando la miro cerca del escalón que comunica a la cocina, y en cuanto veo la sangre, sé que estoy en problemas.
—¿Un descuido? ¿Qué estabas haciendo? —Ángelo camina con molestia delante de mí, sostiene a Lía en brazos mientras salimos de la sala de urgencias.
—Estaba en una llamada, yo…
—¿Qué tan importante era para que la descuidaras por tanto tiempo? —me encojo cuando eleva la voz—. Recibió tres puntos, ¿te parece que eso es algo leve?
—Ángelo yo…
—Que seas mi pareja no te limita de tus responsabilidades como la niñera de mis sobrinas.
La frase me golpea de frente. Me quedo unos pasos atrás intentando procesar las palabras. Solo cuando nos encontramos dentro del auto, me atrevo a responderle.
—No intento limitar mis responsabilidades. Fue un accidente.
Él no responde y resoplo. Luego del accidente, apenas y tuve tiempo de colgar la llamada y pedirle al señor Bruno que nos llevara a urgencias, pero claramente al no tener ningún parentesco con Lía, tuve que llamar a Ángelo.
Lo que realmente no esperaba, es que llegara tan enojado gritándole a medio mundo, incluyéndome en la lista.