Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 25.- SIN IMPORTAR EL COSTO
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25.- SIN IMPORTAR EL COSTO

ANGELO

Dos días después, todo estaba listo para tomar unas cortas vacaciones en Florencia. No recuerdo cuando fue la última vez que me tomé la molestia de tener unas vacaciones, sin embargo, ahora la idea me hace muchísima ilusión

No podía alejarme demasiado de mis responsabilidades, sin embargo, sí que podía tomarme un fin de semana para disfrutar de mi familia.

Aunque el término “ disfrutar ” involucre intentar controlar a los dos torbellinos que ahora mismo están destrozando el colchón con sus brincos.

—¡No, no brinques sobre la cama! —exclamo cuando Bella casi se cae del colchón —. Bajen de ahí, ambos.

Suelto un suspiro cuando me doy cuenta de que no tienen intención alguna de hacerme caso.

—Bueno, me voy a mi habitación —dice Antonella mirándome con una sonrisa divertida antes de perderse por el pasillo.

Cuando creo que voy a perder la cabeza por la impaciencia de tener a los dos niños a punto de romperse la frente, Daphne entra.

—Niños, bajen de ahí, es hora de ir a la cama—. Les ordena. Y como si fuesen los niños mas tranquilos del mundo, la obedecen.

—¿Cómo es que te obedecen tan rápido? —inquiero cuando observo a Bella y a Jacob bajar de la cama para ir hacia donde Daphne les indica.

—Ya lo he dicho, tengo el toque —me guiña un ojo acercándose, y toma a Lía de mis brazos—. ¿Antonella se ha ido a su habitación?

—Ya sabes como es —respondo con una sonrisa—. Me pregunto cómo es que vamos a sobrevivir tres días de este modo.

Daphne ríe cuando nota el semblante que coloco al escuchar que Bella y Jacob han decidido continuar con los saltos, pero ahora cada uno en una cama distinta.

—Y apenas es la primera noche —dice palmeando mi hombro, y cruzando por mi lado.

Es toda una misión hacer que Jacob y Bella dejen de correr y brincar, llegamos con el tiempo justo para ordenar las cosas de todos y luego, bajar a cenar cerca de uno de los canales que comunican con los ríos de Florencia.

Jacob ríe al hablar con Bella, parece que en los pocos días que han convivido ha sido suficiente para crear en ellos una estrecha relación, y verlo… feliz… me llena el pecho de un alivio que no sabía que podía poseer.

Luego de la cena, vamos por helados aun cuando insisto es que es demasiada azúcar siendo tan tarde, pero parece ser que estar de vacaciones, justifica el consumo de azucares antes de la hora de dormir.

Cuando volvemos, los dos niños parecen estar agotados. Así que no es complicado hacerlos dormir.

No hay una cuna para Lía, único detalle que pasamos por alto, así que ella duerme justo en el medio de la cama.

—Procura no aplastar a tu sobrina —dice Daphne mientras se acomoda en uno de los costados de la cama.

Lleva su cabello recogido en un moño descuidado, varios mechones caen por su rostro, pero luce fresca. Se ha colocado un bonito pijama rosa y sonríe en mi dirección.

—Intentaré no hacerlo —bromeo quitándome los zapatos, y acomodándome del otro lado.

Lía duerme profundamente entre nosotros, la miro por un par de segundos antes de elevar la mirada hacia Daphne.

Ella observa a Lía, así que, por algunos segundos, solamente mantengo la mirada en ella. Recorriendo cada facción de su rostro, mirándola sonreír con ligereza y cuando eleva la mirada, encontrándose con mis ojos sobre ella, extiende el gesto un poco más.

—Me miras demasiado —dice suavemente.

—Creo que esa es mi cosa favorita, mia regina.

—Oh, es sorprendente lo romántico que puedes ser —apoyo el codo contra el colchón y sostengo mi cabeza con la mano hecha puño.

Ella extiende el brazo hasta conseguir acariciar el costado de mi rostro, siento las yemas de sus dedos trazar una caricia suave y el contacto me produce una sensación cálida.

—Daph, sé que a veces puedo comportarme como un idiota y probablemente lo seré, pero quiero que sepas que no haré nada para lastimarte, lo sabes ¿verdad? No sería capaz.

—Lo sé —responde con firmeza—. Ya lo has demostrado.

—Te quiero, en serio lo hago. Y la última vez que me sentí de este modo todo acabó terriblemente mal, pero estoy dispuesto a arriesgar todo por ti. Estoy dispuesto a atravesar el peor de los sufrimientos si al final voy a encontrarte del otro lado.

—Shht, no queremos traernos mala suerte —dice colocando el dedo sobre mis labios—.

Yo también te quiero, te lo he dicho y realmente no sé qué resulte de esto, pero yo espero lo mejor, de ti y de mí.

No quiero que atravieses sufrimientos, solo quiero que seas feliz y si lo eres conmigo, entonces no pido nada más.

—¿Por qué no pude conocerte antes? —inquiero en un susurro—. Antes de todo el desastre, de todo el dolor. Si tan solo te hubiese visto antes…

—Todo tiene un motivo, Ángelo —susurra de vuelta—. Hace cinco años, dudo que te hubieses fijado en una universitaria.

Se aparta levemente para conseguir acomodarse, pero sigue sintiéndose tan cerca.

—Bueno, puede que tal vez haya podido fijarme en una universitaria de comunicaciones, con el cabello rubio y unos ojos azul preciosos.

Daphne ríe, dejándose caer por completo contra el colchón.

—Todo un romántico, señor Lombardi —musita.

—Solo por usted, señorita Lennox.

Voltea, la forma en la que me mira me hace sentir como en casa. Me hace sentir que siempre debí de haber estado en este lugar.

Y ahora que lo estoy, ahora que he llegado aquí, no planeo irme nunca más.

Tenemos todo un itinerario establecido, que cosas haremos en los tres días que permaneceremos en Florencia, y la primera de ellas, es visitar la playa de Cala Violina.

Daphne camina delante, sosteniendo la mano de Lía que da pequeños pasos sobre la arena de la playa.

Lleva un bonito vestido floreado en color amarillo, y un sombrero que se ondea con ligereza de los bordes.

—Mírala por más tiempo y se dará cuenta de que te tiene comiendo de su mano —Antonella me mira con burla mientras se acomoda las gafas de sol.

—Bueno, no sería algo nuevo, porque ya lo sabe —aseguro con una sonrisa.

Avanzamos sobre la arena y nos detenemos cerca de un muro que proyecta la suficiente sombra como para dejar nuestras cosas.

—Papá, ¿podemos ir al agua ahora? —inquiere Jacob.

—¡Di que sí! —pide Bella formando un mohín.

—Claro que podrán ir, pero necesitan ponerse bloqueador —interviene Daphne dejando a Lía sobre la manta que ha colocado sobre la arena—. Vengan aquí los dos.

Ellos me miran.

—Ya oyeron, necesitan bloqueador.

Ninguno parece demasiado contento de esperar, pero lo hacen de todos modos mientras Daphne toma la botella con bloqueador solar para colocárselos a cada uno.

Lía lleva un bonito bañador de sirena, con una faldita morada que la hace lucir adorable. Antonella parece haber decidido simplemente abandonar sus cosas e ir hacia el mar, y cuando Daphne acaba de colocarles el bloqueador, Bella y Jacob corren hacia la orilla.

—Tengo que ir tras ellos antes de que se ahoguen —expreso quitándome la camiseta.

—Oh vaya, deberíamos venir a la playa más seguido —dice Daphne dándome una mirada traviesa.

—Bueno, tesoro, te dejaré disfrutar de la vista —le dedico un guiño antes de darme la vuelta y casi correr hacia el agua en donde Bella y Jacob se encuentran.

El sol está en su punto más alto, y ni siquiera las gafas oscuras que porto consiguen minimizar los rayos. Daphne entra al agua con un bañador de dos piezas que la hace lucir más sexi de lo que ya es, y tengo que recordarme que estamos rodeados de niños para retener los instintos que desata en mí.

Y que por la mirada que me dedica, ella sabe bien que provoca.

Colocamos a Lía en uno de los inflables que compramos en la mañana y parece tan encantada que se rehúsa a salir de él.

Pasamos largas horas en el agua, tantas hasta que la piel de los dedos se nos arruga y el hambre nos obliga a salir. Guardamos nuestras cosas y comemos en uno de los sitios cercanos para turistas y que parece ser el único que no está a rebosar.

—Olvídate de lugares finos por estos tres días —dice Daphne antes de darle una mordida a su hamburguesa—. Son vacaciones, Ángelo.

—Debes disfrutar más la vida —retengo la risa cuando Antonella me señala—. Cuando tú y Daphne sean ancianos, entonces podrán ir a esos aburridos restaurantes de lujo.

—¿Lo oyes? Debes disfrutar más la vida —la apoya Daph.

—Disfruto mi vida, aunque ninguna de ustedes lo crea —las señalo.

Les doy una rápida mirada a Bella y a Jacob quienes nos ignoran exponencialmente por estar entretenidos mirando la pantalla de la tableta.

—Papá decía que eras un amargado —expresa Antonella divertida—. ¿Es eso cierto?

—Lo que es cierto es que tu padre tenía un extraño concepto de diversión —admito—. Que prefiera vivir casi al borde de un bosque ya es mucho decir.

—Era tranquilo vivir ahí —dice Anto—. No había ruido de autos ni molestas bocinas, teníamos algunos vecinos agradables y no hacia demasiado calor.

La casa de Lucca no había sido vendida, lo consideramos porque nadie vivía ahí y mantenerla limpia era un gasto extra que al final del día no servía demasiado, pero era su hogar, fue su hogar por mucho tiempo así que, mientras pudiera conservarla, lo haría.

—Tal vez podamos ir algún fin de semana —ella me mira con emoción cuando hablo—. Para conocer la tranquilidad del bosque.

Sonríe, lo hace de una forma entusiasta mientras asiente.

—Seguro te gusta, podemos acampar. Bella y yo lo hacíamos cuando era noche de estrellas fugaces —toma una corta inhalación mientras mira a su hermana—. Sería divertido.

—Seguro que sí.

Daphne me sonríe y eleva su pulgar con discreción, cuando acabamos la comida caminamos por el muelle de la playa antes de decidir volver al hotel.

—Me duele la piel —se queja Bella cuando entramos a la habitación.

—A mí también —dice Jacob—. No quiero volver a la playa.

—Buena noticia para ustedes, no volveremos —les informo dejando sus mochilas a los costados de su cama—. Por eso deben escucharme cuando diga que es tiempo de marcharnos.

—¿Podemos pedir pizza? —inquiere mi sobrina.

—Acabas de comer, ¿aún tienes hambre?

—¡Son vacaciones!

—Eso no es excusa para comer más de la cuenta —reprendo—. Aguarda a la cena, entonces decidiremos.

Salgo de la habitación antes de que decida que es buena idea hacerme un berrinche.

—Quiero su vida —expreso hacia Daphne cuando miro a Lía dormir.

—Dormir, comer, jugar —dice ella con una sonrisa—. Yo también la deseo.

La arropa en la cama, colocando un par de almohadas y luego me observa.

—Fue un día fantástico hoy —sonrío, asintiendo levemente mientras saco la ropa sucia para colocarla en una mochila aparte.

—Creo que… —mis palabras se interrumpen por el sonido del celular.

Daphne me lo entrega, en cuanto leo el nombre de Franco en la pantalla resoplo.

—Pensé que me darían más tiempo antes de llamar —Daphne parece divertida mientras se incorpora para entrar al baño.

Deslizo la pantalla del celular para poder tomar la llamada y me aparto de la cama.

—Ángelo, lamento molestarte, pero me temo que hay una situación.

—¿Qué situación? ¿No puede resolverla Antoni?

—No, no se trata de los casinos —suspira y eso me deja confundido—. Hoy me llegó una notificación, es un citatorio para el juzgado familiar de…

—Maldición, sabía que Renata no me daría el trabajo fácil —mascullo con molestia—. ¿Qué es lo que quiere ahora?

Un corto silencio se instala en la línea.

—No es sobre la custodia de Jacob —dice.  Arrugo la frente mientras la confusión me llena.

—¿Entonces…?

—Hilary Dorian ha presentado una demanda. Quiere la custodia de las hijas de tu hermano.

Y todo el bienestar que sentí durante todo el día, se esfuma con tan solo escuchar aquella frase.

—¿Una demanda?

—Me temo que sí, y parece ir en serio, Ángelo.

Enfrentar un nuevo juicio por custodia es lo que menos necesito ahora. Mucho menos sumergir a las hijas de Lucca en un proceso que solo sería más complicado para ellas.

—¿Qué hay que hacer?

—Primero necesito que vuelvas, porque necesitamos tener un plan, pero tienes historial, Ángelo si Hilary lo averigua…

—Entonces no dejes que lo haga —sentencio—. Volveré pronto.

Cuelgo la llamada, sintiéndome de nuevo repentinamente ansioso.

—¿Todo bien? —volteo cuando la voz de Daphne se escucha.

—Tenemos que hacer las maletas, mañana volvemos a casa.  —Ella me mira sin comprender.

—¿Puedo preguntar por qué?

Cierro los ojos por unos momentos, a ella no podía mentirle, era imposible hacerlo.

—Porque ahora hay alguien que quiere quitarme a mis sobrinas. Y necesito impedir que siquiera lo intente.

Giro, lanzando el celular a un costado del colchón y miro a Lía dormir, luego volteo hacia la habitación donde aún se escucha la voz de Bella.

No dejaré que me las quite, eso no va a pasar.

Lo impediré, sin importar el costo, las tendría conmigo.