24.- UNA BUENA DECISIÓN
DAPHNE
Tan pronto como Bella ve que el auto de Ángelo estaciona en la entrada, lanza un grito emocionado.
—¡Llegaron! ¡Llegaron! —dice con entusiasmo—. ¡Daphne, llegaron!
Suelto una risa sin poder evitarlo, Antonella a mi costado rueda los ojos pero aún mantiene una sonrisa en los labios.
—No tengo idea de donde obtiene tanta energía —dice—. Desearía que me pasara un poco.
—No eres la única deseando eso —admito.
Caminamos hacia la entrada, Lía hacía su habitual siesta vespertina así que solo las dos mayores estarían en el recibimiento de su tío.
Observo a Ángelo bajar del auto, el señor Bruno ayuda con las maletas y luego, un pequeño niño baja. Tiene el cabello rubio, con leves ondas y parece incluso más entusiasmado que la misma Bella.
Camina de la mano de Ángelo mientras se acercan, soy capaz de distinguir la mirada emocionada que posee conforme avanzan hacia nosotros, y cuando están a unos pocos pasos, se detienen.
—Bueno, Jacob, ellas son tus primas —dice Ángelo señalando a sus sobrinas. —. Bella y Antonella.
Luego su mirada viaja hacia mí y sonríe un poco más.
—Y ella es Daphne.
—Hola —Jacob hace un saludo con la mano, sonríe enseñando los dientes y luego gira hacia su padre—. Papá, esta casa es muy grande.
Bella parece apoderarse de la guía de Jacob por la casa, toma una de sus manos y comienza a hablar sobre todo lo que la casa tiene. Le dice de la sala de cine, de la sala de juegos y le muestra la piscina.
—Es una ternura —admito cuando salimos al jardín.
—Parece que le gusta —dice Ángelo.
—¿Lo ves? No había nada para preocuparse —le recuerdo tomando una de sus manos—. Va a estar encantado.
—Estaba pensando en esas vacaciones en familia —dice mirando hacia donde Bella y Jacob corren—. Tal vez pueda tomarme unos días en el casino y viajar hacia un sitio bonito.
—Eso suena como una idea estupenda, estarán encantados.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Estarías encantada de venir con nosotros? Y no como la niñera, Daph, sino como mi pareja, disfrutando de unas vacaciones tranquilas.
Algo en mi se remueve con fiereza, aún me parece increíble que esto en verdad esté sucediendo, que el impontente Ángelo Lombardi me considerara algo más que la niñera de sus sobrinas. Que ambos sintieramos tanto el uno por el otro, en tan poco tiempo.
—Nunca he tenido la oportunidad de tomar unas vacaciones, así que estaré encantada de aceptar la invitación.
Sonríe con satisfacción y se inclina hacia mí para dejar un beso contra mis labios.
—Entonces planearé unas vacaciones estupendas —dice con seguridad antes de apartarse, e ir hacia donde su sobrina e hijo se encuentran.
Permanezco en el mismo sitio, mirándolo hablar con Bella y Jacob y sonrío al mirar lo relajado que luce.
—No es tan malo después de todo, ¿verdad? —volteo cuando escucho la voz de Antonella—. Papá tenía razón, él es una buena persona. Me hubiese gustado que lo viera ahora, seguro se pondría feliz.
—No tengo duda de eso —concuerdo.
—¿Por que nunca antes habló de Jacob? —inquiere—. Si tenía un hijo, ¿por qué nunca lo mencionó?
—Bueno, sabes bien que tu tío no es precisamente alguien que hable sus cosas personales. Creo que no estaba listo, pero ahora está intentando ser una mejor persona, y eso es lo que cuenta.
—Creo que siempre ha sido una buena persona —dice Anto—. Solo que no nos permitía conocerlo. Hasta ahora.
No tenemos oportunidad de continuar con nuestra conversación, porque pronto Bella y Jacob corren hacia el interior de la casa.
—¡Le mostraré su habitación! —dice Bella en un grito.
—Esos dos tienen más energía juntos de lo que yo he tenido en toda mi vida —dice Ángelo llegando a donde nos encontramos.
—Tendrás que acostumbrarte —murmura Antonella con diversión.
Cuando ingresamos, ella va directo a su recamara y nosotros caminamos hacia la habitación que Ángelo ha acondicionado para Jacob. Es enternecedor ver a Ángelo convivir con Jacob, si lo era mirarlo con Bella y Lía, mucho más con un pequeño niño que lo llamaba papá.
Cuando Lía despierta, voy por ella a la habitación y me aseguro de que no necesite un cambio antes de volver hacia donde Ángelo, Jacob y Bella se encuentran.
—Oh, y esa adorable bebé es tu prima Lía —dice Ángelo extendiendo los brazos hacia Lía—. Di “hola”
Sonrío cuando toma la mano de Lía con la intención de sacudirla y formar un pequeño saludo.
—¿Ahora vas a vivir aquí porque tú tampoco tienes mamá? —la pregunta que Bella lanza, consigue establecer un silencio en la habitación.
Ángelo parece no saber qué decir, Jacob mira a Bella como si no entendiera y yo, intento encontrar una respuesta adecuada.
—Yo sí tengo mamá —dice Jacob—. ¿Tú no tienes mamá?
—Mis papis murieron, ¿verdad tío? —observo a Ángelo tensarse y una rápida mirada es lanzada en mi dirección.
—Tus primas viven aquí porque ahora tu papá cuida de ellas —intervengo mirando a Jacob—. Y los papis de Bella ahora están en un sitio mejor, cuidándolas de lejos.
Los niños parecen olvidar la corta conversación, pero Ángelo no. Deja a Lía sobre la alfombra y sale con rapidez, casi chocando con el cuerpo de Antonella al salir.
—¿Y ahora qué le pasa?
—¿Puedes cuidar a Lía un segundo? —inquiero—. Ahora vuelvo.
Cuando asiente, salgo de la habitación distinguiendo la figura de Ángelo avanzar por el pasillo. Lo sigo a prisa, para cuando llego ingresa a su estudio y cierra la puerta con fuerza.
—Ángelo —dejo un par de toques fuertes al notar que tiene cerrojo—. Cariño…
—Ve con ellos —dice desde el otro lado de la puerta.
—Abre la puerta —casi ordeno. No lo hace de inmediato, tarda un par de minutos en hacerlo y para cuando entro, él está recargado sobre el escritorio.
—No puedo creer que no sepa qué decir cuando habla de eso —murmura, con rabia contra sí mismo—. Soy su tío. Debería tener… algo. Una frase. Una respuesta. Algo que no le rompa más el corazón.
Me acerco con lentitud, colocándome a su costado mientras lo miro lucir afectado.
—Es una niña, no debería estar expresándose así.
—Es complicado, sabes lo que dice la terapeuta. Le tomará tiempo.
Suspira, cerrando los ojos por un par de instantes y echa la cabeza hacia atrás.
—No quiero que se sientan así —admite. Extiendo una de mis manos para tomar la suya, él mira hacia el agarre y luego fija los ojos en mí.
—No puedes hacer nada por evitar los sentimientos que una perdida como la que enfrentaron ocasiona —murmuro— pero ya estás haciendo lo mejor por ellas, cuidándolas, estar pendientes, asistiendo a los recitales de Bella, estar para Anto, ser cariñoso con Lía…
Ángelo ellas perdieron a sus padres, pero aún les quedan personas que las aman, aún te tienen a ti.
No responde, no dice nada más. Solamente se acerca envolviendo mi cintura con uno de sus brazos y me apega a su cuerpo, esconde el rostro en el hueco de mi cuello y afianza el agarre.
—No te vayas nunca —dice en un susurro.
—No planeo irme —le aseguro con sinceridad.
Un par de nuevos toques se dejan escuchar así que nos apartamos.
—Hola nana —saluda Ángelo —¿qué ocurre?
—Lamento interrumpirlos, pero, tu madre está aquí.
Y por la expresión que Ángelo coloca, sé que en realidad no es una buena noticia.
ÁNGELO.
—Fuiste rápida —expreso mientras bajo las escaleras—. Creí que al menos me darías unos días para disfrutar con mi hijo antes de venir a reclamar.
—Acabas de fallar a la petición de tu padre —reclama acercándose—. Cuando te dio todo, fue claro, Ángelo. Nada de contacto con ese niño, ni con la madre. ¿Y qué haces tú? ¡Traerlo a Italia!
—Baja la voz —ordeno—. Porque no quiero que escuche lo que sea que tengas por decir.
—No vas a decirme que hacer —reta mirándome desafiante—. Fuimos bastante claros, pero al parecer, no lo entendiste. Ese niño solo va a traerte problemas, ¿quieres meternos de nuevo en un escándalo? ¿Quieres que hablen otra vez de tu padre? ¿Qué manchen su memoria?
—Nadie va a hablar de Paolo, en todo caso, hablarían de mí. Y eso me tiene sin cuidado.
—Pues no debería, ¿tengo que recordarte que tienes una reputación que cuidar? —inquiere—. Eres el líder de nuestros casinos, tú imagen ahora afecta a los negocios de la familia, si un escándalo sale, puedes volver a arruinarnos.
«Puedes volver a arruinarnos.»
—¿Volver a arruinarlos? —cuestiono con brusquedad—.
¿Crees que yo quise que pasara todo eso?
¿Crees que pude evitarlo? Tal vez debí desatenderme de Jacob, tal vez no debí presentarme a los juzgados, tal vez incluso sería mejor que ahora estuviese en prisión, ¿no lo crees?
De esa manera no tendrías ni un solo maldito escándalo, que parece ser lo único que te importa, Beatrice.
—No, me importa mi familia. Me importa el bienestar, la reputación, me importa cuidar el prestigio del apellido Lombardi, cosa que tú con tus malas decisiones parecen no importarte demasiado. Y estoy harta de que sigas actuando sin tomar en consideración nada más. Si tu padre estuviese aquí…
—Lo habría decepcionado desde hace mucho —musito—. Porque nunca esperaba nada bueno de mí, lo sabes bien.
—Motivos le diste de sobra —algo me atraviesa el pecho y aparto la mirada—. La única decisión buena que has tomado en tu vida es quedarte con las hijas de Lucca. Y era lo menos que podías hacer por tu hermano, o te hubieses convertido en un malagradecido.
No encuentro que decir, aprieto los dientes tan fuerte que duelen al cabo de unos segundos, antes de que pueda solo marcharme, alguien habla.
—Se equivoca, señora Lombardi —Daphne baja las escaleras, hablando con gesto firme—. Ángelo ha tomado más decisiones buenas de las que siquiera puede imaginar.
—Señorita Lennox, me temo que esto no es de su incumbencia.
—Probablemente no, pero detesto que la gente no sepa apreciar la capacidad de una persona, y se deje llevar por juicios erróneos basados en situaciones del pasado.
—Daphne no…—intento detenerla, pero ella me hace un ademán para interrumpir.
—Como yo lo veo, lo que su hijo hizo fue asumir un compromiso que ni siquiera era suyo. Fue hacerse responsable de un niño que no tenía la culpa de absolutamente nada. Y eso, eso solo demuestra el nivel de madurez y compromiso que tiene como persona.
—Daphne…
—¿Y ha escuchado como todos hablan del excelente trabajo que hace con los casinos Maximous?
¿La manera en la que dicen que su padre estaría orgulloso por lo que ha hecho hasta ahora?
No sabe absolutamente nada de su hijo, asumió una responsabilidad de cuidar a sus sobrinas, pero eso no era suficiente.
Las quiere, las adora y las niñas le corresponden el sentimiento, porque no es un deber, porque es lo que las familias hacen. Y por lo visto, usted no sabe.
Toma una inhalación, mirándome por cortos segundos antes de volver a mirar a mi madre.
—Cuida de Bella, va a todos los recitales en donde ella es primera bailarina, recitales en los que usted ni siquiera se presenta. Hace todo a su alcance para que Antonella esté bien, para que pueda llevar su vida como una adolescente de su edad.
Intento procesar las palabras que dice, la manera en la que habla con firmeza y seguridad.
—Su hijo, señora Lombardi, es un hombre increíble, capaz, es tan excelente que le basta una mirada para acallar una sala entera, que se gana el respeto de hombres importantes, que no permite que nadie pase sobre él ni sobre los demás, que acepta responsabilidades y se hace cargo.
Yo en su lugar estaría orgullosa como madre de ver que mi hijo es todas esas cosas.
Mi madre parece estar fuera de balance, hay un silencio en la sala, pero Daphne no titubea ni un solo segundo, y en ese punto, el mayor de los sentimientos estalla en mi pecho.
—Es un exitoso hombre, dirigiendo todo un imperio y además cuidando a su familia —responde—. Ha tomado más que solo una buena decisión, señora Lombardi.
—Tal vez hay más cosas de las que no me he dado cuenta y me disculpo por eso—habla mi madre—. Pero eso no hará que cambie de parecer sobre ese niño.
—Entonces debes irte, Beatrice.
—No quieres escucharme, pero te lo diré, no dudo de tus intenciones con Jacob, no dudo en que lo quieras y que el niño también lo haga.
Pero no olvides que tiene una madre que te detesta y que hará lo imposible por arruinarte, ya lo hizo una vez, y no dudará en hacerlo de nuevo y cuando ocurra, Ángelo, el haberte encariñado con ese niño va a ser tu principal destrucción.
Eso es lo que tu padre y yo queremos evitar.
Nos da la espalda, pero no ha avanzado lo suficiente cuando voltea.
—Una cosa más —dice —procuren formalizar pronto, eso sí adoraré verlo en las revistas.
Cuando la puerta indica que se ha marchado, Daphne suspira con alivio.
—Lamento si pasé el límite, sé que detestas que se tomen atribuciones que no…
Me acerco hasta ella, coloco las manos a los costados de su rostro y la obligo a callar atrapando sus labios con los míos. Ella coloca las manos sobre las mías, devolviendo con profundidad el beso.
— Ti voglio tanto bene, tesoro —susurro cuando me aparto.
Sonríe radiante en cuanto me escucha, su mirada se ilumina, el azul de sus ojos parece mucho más claro teniéndola tan cerca.
—Yo también te quiero tanto —susurra de vuelta. Y ahí lo entiendo, aquello de lo que estuve huyendo, aquello que no quería volver a sentir.
Estoy enamorado. Estoy enamorado de Daphne Lennox.
Y eso, solo eso, parece ser la cosa más increíble de todo el mundo.