Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 23.- EL CAMINO CORRECTO
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23.- EL CAMINO CORRECTO

ÁNGELO

La noche de casino con Daphne fue más increíble de lo que pude imaginar. Saber tan abiertamente, que ella sentía exactamente lo mismo por mí, fue una de las mejores sensaciones que pude haber experimentado, tanto como para aterrarme.

—¿Qué hay de malo en eso? —inquiere Franco—. Debería alegrarte, ¿o no?

—Y lo hace —objeto—. Pero por alguna razón presiento que esto va a salir mal, muy mal.

Mi amigo resopla.

—¿Por qué comienzas a ponerte pesimista? —inquiere—. El hecho de que haya salido mal una vez no es motivo para que pienses que saldrá mal ahora.

No respondo, Franco camina hasta colocarse en el sillón que está justo delante de mí.

—Escucha, Ángelo. Fue verdaderamente jodido lo que pasó con Renata, en serio, y entiendo completamente que tengas tus dudas al respecto, pero amigo, ya van cinco años desde eso, no puedes dejar ir una excelente oportunidad como lo es Daphne, ella es todo lo que necesitas.

—Lo sé, Franco, y es por eso por lo que me da tanto miedo echarlo todo a perder. Escucharla decir que me quiere, fue sensacional, pero al mismo tiempo tan aterrador. Porque no quiero joderlo, no quiero arruinar las cosas.

—De acuerdo, primero ¿por qué piensas que vas a echar las cosas a perder? Amigo, dijo que te quiere, en tú lugar yo estaría brincando y gritando como loco, no pensando si voy a joderlo o no.

Resoplo, incorporándome del sillón al tiempo que paso una de mis manos por mi cabello.

—Daphne no es Renata, tú mismo me lo dijiste —me recuerda—. Son tan diferentes y lo sabes, Ángelo. Así que hazme el favor de dejar de pensar que vas a arruinarlo todo y, por el contrario, arriésgate por la chica.

—Creo que eso es lo que vengo haciendo desde que la conocí —admito.

—Ella sabe que en dos días llega Jacob, ¿no es cierto?

—Lo sabe, y ha sido tan comprensiva con todo. Franco ella es tan increíble que realmente no quiero arruinarlo.

—Entonces no lo hagas, haz todo lo mejor posible, es mejor intentarlo y si no funciona, al menos sabrás que diste todo de ti para que resultara. Sabrás que al menos lo intentaste.

—¿Desde cuándo das tan buenos consejos? —inquiero con una sonrisa tirando de mis labios.

—Desde siempre, es solo que nunca pones atención —objeta con un fingido gesto de indignación.

Nuestra conversación se ve interrumpida por la entrada de Bella, quien parece demasiado entusiasmada de haber vuelto del colegio. Antonella viene detrás de ella y luego aparece Daphne con Lía en brazos.

—Hola —saluda tan pronto cruza por nuestro lado.

—Hola —respondo con una leve sonrisa—. ¿Qué tal el último día de escuela?

—¡Bien! —exclama Bella—. ¿A dónde iremos de vacaciones?

Daphne y yo compartimos una mirada.

—¿Quieres ir de vacaciones?

—Nuestros padres nos llevaban de vacaciones —informa Antonella mirando su hermana—. Un sitio distinto cada año.

—¡Vimos la torre que se cae! —ninguno puede retener la risa cuando Bella utiliza una curiosa referencia para hablar de la Torre de Pisa.

—Oh, eso es genial —aseguro—. Bueno, puede que cuando vuelva podamos organizar algo en familia, ¿te parece?

—¡Sí! —Bella grita elevando los brazos y corre tan rápido hacia las escaleras que Antonella tiene que seguirla con prisa.

Franco se despide, diciendo que tiene trabajo que hacer y por la mirada que Daphne le dedica, sé que no le cree en lo absoluto. Se acerca unos cuantos pasos más, y acomoda a Lía en sus brazos quien parece demasiado entretenida con uno de los mechones del cabello de Daphne.

—¿Sabías que tu mejor amigo y mi mejor amiga están saliendo? —La observo sin entender.

—¿Qué?

—Bueno, parece que se conocieron en el casino y se dieron cuenta que son “almas gemelas” —dice Daphne haciendo comillas con una de sus manos—. Jodi me lo contó esta mañana.

—¿En serio? —Resultaba extraño escuchar algo como eso, Franco no solía ser de compromisos, aunque en más de una ocasión ya había expresado su deseo por “encontrar a la correcta”, no estoy seguro de que ahora mismo esté centrando en eso

—¿Saliendo cómo?

Daphne se encoge de hombros.

—No me dio mucha información, solo quiero saber, ¿tú amigo es buena persona? —No puedo retener la risa.

—¿No has considerado que preguntarme eso resultará contraproducente? —inquiero—. Es mi mejor amigo, debería decir que si y que es el mejor hombre que tu amiga podrá encontrar.

Ella ríe levemente.

—Eres demasiado sincero como para mentir. Así que, ¿es buena persona?

—No es exactamente el prototipo de novio formal, pero si está interesado en tu amiga ten la seguridad de que no va a darse por vencido tan fácil.

—De acuerdo, entonces no pondré objeción y diré que tiene mi aprobación.

—¿Franco necesita tu aprobación para salir con Jodi? —Se detiene justo antes de comenzar a subir las escaleras, y me observa como si la respuesta fuese obvia.

—Claramente la necesita —dice con una sonrisa.

Vuelve a girarse y continua con su camino hacia el piso de arriba, ahí caigo en cuenta, si Jodi requería de la aprobación de Daphne, entonces Daphne…

—¿Y yo tengo su aprobación? —inquiero un poco más fuerte para que ella consiga escucharme.

Se detiene en el barandal, elevo la mirada para conseguir observarla y la miro sonriendo.

—Claro que la tienes —me dedica un guiño que soy capaz de distinguir a pesar de la distancia.

Luego solo me da la espalda, y continúa con su camino.

No debería encontrarme tan nervioso, pasé largo tiempo convenciéndome de que traer a Jacob a casa era una buena opción, y no consideré lo ansioso que eso me podría poner. Tan ansioso que me encuentro caminando hacia la habitación de Daphne, porque siento que de otro modo voy a perder la cabeza.

Toco un par de veces la puerta, cuando su voz me indica que puedo pasar, abro la puerta e ingreso. La oscuridad llena el ambiente, excepto por un pequeño foco de luz que Daphne mantiene a un costado.

—Hola —dice encendiendo una de las lámparas a su costado.

—Hola, ¿te he despertado? Lo siento, yo…

—No, aún no dormía —expresa con una leve sonrisa. Permanezco de pie a unos pasos de la cama, y ella arruga la frente. —¿Todo bien?

—Sí, es solo que pasado mañana vuelo a San Francisco por Jacob y…—parece comprender, levanta las sábanas y palmea el costado del colchón que queda libre. No dudo en acercarme hacia donde se encuentra y escabullirme a su costado.

—¿Estás nervioso?

—Nunca antes lo he tenido conmigo tanto tiempo —admito—. ¿Qué tal si luego de un par de días quiere volver con su madre? ¿O si termina odiándome?

—No va a terminar odiándote —asegura—. ¿No dijiste que estaba emocionado cuando lo llamaste?

—Sí, pero…no dejo de pensar que tal vez no le agrade pasar tiempo conmigo, que luego de un par de días va a querer volver, y no quiero que eso pase, Daph. Quiero que él desee estar conmigo.

Ella gira el cuerpo hacia mí, extendiendo la mano para conseguir tomar la mía y deja un apretón.

—Nunca hemos pasado tanto tiempo juntos —confieso—. Un fin de semana, alguna visita… nada más.

—Eso no significa nada —dice suave.

—Para mí sí.

Me quedo mirando el techo.

—No sé qué música escucha. No sé qué le gusta desayunar. No sé cómo se pone cuando se enoja. Soy su padre y no sé nada… Daph, ¿qué pasa si se da cuenta de eso y decide que no valgo la pena?

—Escucha, entiendo que estés asustado por esto, es completamente comprensible.

Pero es tu hijo, Ángelo. Y según lo que me has dicho, está más que feliz de venir aquí, en cuanto pase tiempo contigo, con las niñas, cuando vea quien es su padre en realidad, te aseguro que no querrá marcharse.

Él debe de saber que lo quieres, y seguramente lo sabe.

Suspiro, negando levemente porque me costaba creer en sus palabras. Porque a pesar de que lo quería, debía admitir que en los últimos años no me había comportado como un verdadero padre.

—¿Quién ve a su hijo solamente dos o tres veces al año? —inquiero sin darme cuenta de que lo he dicho en voz alta.

No hay una respuesta y me atrevo a mirarla, tiene un gesto pensativo, como si estuviese escogiendo las palabras adecuadas para hablar.

—No voy a pretender que entiendo tus razones, pero tampoco voy a juzgarte —susurra con dulzura—. Solo puedo decir que llevaste las cosas como pudiste, lo resolviste tan bien como fuiste capaz.

—Pero pude hacer más, tal vez debí luchar más por él, debí…

—Cariño, escucha, necesitabas tu propio proceso para acoplarte a todo lo que sucedía, no podías darle lo mejor si tú estabas mal. Lo importante ahora es que estás intentando repararlo, ahora eres capaz de darle eso que merece.

—No quiero fallarle.

—No vas a fallarle —dice con firmeza.

¿Cómo es que alguien es capaz de hacerte sentir tan seguro y tranquilo contigo mismo? ¿Cómo es que alguien consigue aplacar con unas palabras, toda la maraña de pensamientos negativos?

Me inclino hacia ella, atrapando sus labios entre los míos y deleitándome de la sensación.

Giro colocando medio cuerpo sobre el de ella, llevo una de mis manos hacia la parte trasera de su cuello y presiono con firmeza el sitio.

Daphne enrosca las manos alrededor de mi cuello, me atrae hacia ella como si quisiera sentirme mucho más cerca.

Me obligo a mí mismo a controlarme y no perder el control porque no olvido que hay tres niñas durmiendo a dos habitaciones de distancia, y que parecía que tenían oído sensible.

—Eres maravillosa, mia regina.

—Oh, cuando hablas italiano eres tan sexi —dice sonriendo.

—Ah, ¿sí? —asiente antes de alcanzar mis labios otra vez.

—Sí, un sexi italiano —susurra y escucharla en ese tono amenaza con arrebatarme el autocontrol.

Una de mis manos traza el contorno de si cintura, sintiendo la suavidad de la pijama que porta, no sé si en realidad Daphne termine echándome de su habitación, pero mi mano se pierde debajo de la tela.

Acaricio el inicio de su espalda, siguiendo la trayectoria recta hacia el cuello. Daphne se remueve, acomodándose más contra mi cuerpo y escondiendo el rostro en el hueco de mi cuello.

—No voy a acostarme contigo —susurra contra mi oreja—. Hay muchos pasos antes.

Sonrío, no detengo el trazo de mis dedos contra la piel de su espalda, continúo hasta llegar a la espalda baja y dejo la mano ahí.

—Es algo entendible —murmuro con suavidad. Daphne se aparta de mi cuerpo y me mira como si la respuesta que di no hubiese sido la que ella esperaba.

—¿No te importa?

—¿No acostarme contigo? Bueno, evidentemente quiero hacerlo, pero no es el fin del mundo porque me digas que debo esperar —aseguro—. En las relaciones no es todo sexo, lo sé bien.

Sonríe con alivio.

—Es solo que...

—Está bien, Daph, lo entiendo —le aseguro con suavidad—. No tengo problema, lo juro.

—De acuerdo —dice y de reojo miro la hora en el reloj. Es casi media noche, y considero dejarla descansar. Cuando hago el ademán de incorporarme, ella me detiene.

—Aunque podemos dormir juntos —sugiere con una sonrisa—. Quédate.

Y nunca una sola palabra había conseguido desatar un maldito tornado en mi interior.

Vuelvo a acomodarme sobre el colchón, abriendo los brazos y recibiéndola, sintiendo como se acomoda contra mí y luego, el silencio. No hay necesidades de palabras, acaricio su cabello cerrando los ojos y sintiéndome bien, sintiéndome en paz.

Supongo que esta es la manera de sentirse cuando estás en los brazos correctos. Como si todo desapareciera, como si de pronto, solo hubiese paz.

No sé si Daphne sería la mujer correcta, pero eso no impedía que, con cada fuerza de mi ser, deseara que fuese así.

Dormir a lado de Daphne y despertar de la misma manera, se convirtieron en una de mis cosas favoritas.

Así que la noche siguiente, también me escabullí a su habitación y ella no parecía tener inconveniente en eso. Me hace sentir bien, me hace sentir como si poco a poco, construyéramos algo más fuerte con cada día.

Lo que en realidad resultaba un tanto ridículo, porque apenas y habían pasado unos cuantos días. Pero ni todas sus palabras de aliento, ni el par de noches en paz, me prepararon para los malditos nervios que me cargo cuando el auto estaciona en la entrada de la casa de Renata.

Bajo del auto, el chofer espera aparcado en el mismo sitio y me acomodo el traje mientras camino hacia la entrada de la casa. La misma chica de la vez anterior me recibe y me permite el acceso a la casa.

—Fuiste puntual —Renata aparece, aunque no luce demasiado contenta al verme.

—No me permitiría llegar ni un minuto tarde —respondo—. ¿Jacob está listo?

—¡Lo estoy! —Jacob responde por ella. Sonrío cuando aparece por las escaleras y abro los brazos para recibirlo—. ¡Si viniste!

—Pero claro que sí, ¿cómo iba a faltar? —lo recibo en brazos y me incorporo, mirando ahora a Renata—. Serán dos semanas, lo tendrás en casa en la fecha que se estableció. ¿Dónde están sus cosas?

Russel aparece con un par de maletas pequeñas, supongo que con la ropa suficiente para dos semanas, bajo a Jacob para conseguir tomar las maletas y me despido de ambos con un gesto educado.

—¿Viajaremos en avión? —inquiere una vez que estamos dentro del auto y avanzamos por la avenida.

—Así es, en uno solo para nosotros —aseguro—. Va a encantarte.

—¿Un avión de lujo?

—Algo así —admito—. ¿Estás emocionado?

—Si —sonríe enseñando los dientes—. Vamos a poder pasar tiempo juntos, ¿verdad?

—Claro que sí. Serán dos semanas en donde la pasaremos increíble, ya verás.

Él se mantiene entretenido mirando por la ventanilla, cuando llegamos al aeropuerto luce demasiado entusiasmado señalando todas las cosas de alrededor. Sonrío mirándolo dar pequeños brincos conforme avanzamos. Subimos todo lo necesario al avión y aguardamos al despegue.

Cuando lo hacemos, Jacob está en su asiento junto a la ventana, mirando maravillado a la ciudad de San Francisco hacerse cada vez más y más pequeña. Sonríe y señala con emoción las cosas que desaparecen conforme tomamos altura y yo le respondo del mismo modo.

Nunca me había tomado el tiempo para darme cuenta de todo lo que me he estado perdiendo, de todos los momentos que podríamos pasar como padre e hijo, ¿qué es lo que estaba haciendo? ¿Por qué continuar huyendo?

Estoy harto, harto de la vida que llevaba antes, harto de fingir que nada malo ocurría en mi vida. Harto de proyectarle a todos, una imagen de mí que no era más que una ilusión. Quiero hacer las cosas bien, debo hacerlas bien.

Así que, en este momento, con la ciudad de San Francisco siendo miniatura a nuestros pies, lo decido.

Lucharé por mi hijo, lucharé por mis sobrinas y lucharé por Daphne. Porque no había nada en el mundo para mí que fuese más importante que ellos. Es lo que debo hacer, y por primera vez en mucho tiempo, no siento dudas.

Solo un profundo sentimiento de que esta vez, estoy eligiendo el camino correcto.