22.- ERES INCREIBLE
ÁNGELO
Alek Chavanov, el famoso empresario dueño de “Icarus Tecnology” parece en verdad entusiasmado de estar en los casinos Maximous.
—Todo está adecuado para que pasen una velada increíble —hablo hacia él. Su acompañante y mano derecha, según como presentó al hombre que lo acompaña, se había retirado hacia la barra de bebidas.
—No me ha decepcionado, es tan majestuoso como prometía —un dejo de orgullo me invade cuando habla mirando alrededor—. Tu padre y yo éramos buenos amigos, me invitó en más de una ocasión, pero no había tenido la oportunidad de llegar a Italia, hasta ahora.
—Sé que le hubiese encantado verlo aquí.
—Has hecho un buen trabajo con el imperio, Ángelo —sonrío con orgullo y satisfacción.
—Espero que…
—¿Qué esperan? ¡Saquen a esta mujer de aquí! —el revuelo proveniente de la barra capta mi atención. Distingo a Pietro Costa, la mano derecha del señor Alek discutir con alguien.
—Si me disculpa, iré a ver qué sucede. Disfrute la noche
Le dedico una sonrisa educada y me abro paso hasta la barra. Un par de hombres de su propio equipo de seguridad están a los costados y uno más enfrente. Pietro tiene gran parte del traje manchado con un líquido rosa y maldigo.
Pietro Costa es un reconocido asesor financiero, no tuve la oportunidad de trabajar con él, pero parece ser que fue a Rusia hace un par de años para probar suerte, y vaya que le fue bien.
—¿Qué ocurre? —la atención del hombre pasa hacia mí—. ¿Hay algún problema?
—¿Problema? Claro que lo hay —dice con molestia —creí que este lugar era exclusivo.
—Lo es —confirmo —¿Qué…?
—Si lo es, entonces no deberían permitirle la entrada a alguien tan vulgar —dice con molestia, toma el paño que el chico de la barra le ofrece y luego me mira.
—¿Qué quiere…?
—Me ha lanzado una maldita bebida —reclama —no deberías dejar que cualquier mujerzuela ingrese.
—Ángelo…—la voz temerosa de Daphne se cuela en mis oídos.
Giro.
—Daph, ¿qué…? —Uno de los hombres la sujeta con fuerza del brazo. Solo en ese punto mi mente comienza a juntar las piezas.
Comienzo a entender que a quien Pietro ha llamado “mujerzuela”, es en realidad Daphne.
Mí Daphne.
—Suéltala ahora —exijo hacia el hombre que la mantiene sujeta—. Dije que la sueltes ¿No me has oído?
—Señor Lombardi…
—¡Suelta el brazo de mi mujer ahora mismo! —bramo con la ira recorriéndome las venas.
Mi visión se torna roja, me acerco justo en el momento en el que él la suelta con brusquedad, Daph se tambalea y apenas tiene tiempo de sostenerse de mí para no caer.
—¿Estás bien? —inquiero acunándole el rostro —¿qué ha pasado?
—¿Tu…tu mujer? —Pietro inquiere con incredulidad.
Aprieto los dientes. Siento la mano de Daphne temblar contra mi pecho, y eso me basta para olvidar dónde estamos
—Sí —respondo sin dudar, clavando los ojos en él—. Lo es ¿Algún problema?
Él suelta una risa amarga.
—¿Ella? No es más que una…
—Pietro —lo interrumpo —nunca tuvimos el privilegio de trabajar juntos, pero por respeto al señor Chevanov, no haré que te echen de mi casino por haberle faltado el respeto a la señorita Lennox.
—Deberías de cuidar entonces, a la clase de mujer que eliges —tenso la mandíbula, repitiéndome que este es un evento importante y el idiota frente a mí es uno de los invitados.
—Diré esto una sola vez. Estás hablando con el dueño del casino, y esta mujer, es mi acompañante e invitada. Si le faltas el respeto a ella, me lo faltas a mí también y creo que no debo decir que no tolero ninguna clase de insulto.
El cuerpo de Daphne se tensa a mi costado.
—Ahora, no voy a armar un escándalo en mi propio casino así que más vale que te mantengas alejado de Daphne y de mí, por lo que queda de la noche. Si te veo cerca de ella otra vez, haré que mi equipo de seguridad te eche. Y ten por seguro que no volverás a pisar mis casinos otra vez.
Contrae el semblante con rabia, le dedica una mirada a Daphne que solo me hace querer golpearlo con más fuerza y luego se marcha, con el par de guardias detrás de él.
Cuando dejamos de ser el centro de atención, volteo hacia Daphne.
—Hey, ¿qué ocurrió?
—Él…—la palidez en su rostro me alarma.
—¿Daphne? ¿Estás bien? —la sostengo por la cintura cuando se tambalea, ella se apoya en mi pecho y cierra los ojos.
Y es en ese instante, que se desvanece por completo.
Jodi se encuentra a lado de su amiga, colocando al algodón con alcohol cerca de su nariz.
—¿Quién es ese hombre? —inquiero hacia la mejor amiga de Daphne—. ¿Por qué se desmayó al verlo?
—Es una larga historia, Ángelo —dice con pesar—. Realmente no me compete a mi contarla.
—Bueno, pues tu amiga está inconsciente a tu lado y yo tengo que volver a la fiesta, y si no sé quién es ese hijo de perra, no podré contener las ganas de salir y romperle la cara.
Daphne se desvaneció justo en mis brazos, contábamos con un par de paramédicos para emergencias, quienes dijeron que estaría bien. Pero eso no me basta, necesito saber que significa Pietro Costa en la vida de Daphne, y si va a ser justificable el puñetazo que quiero darle.
—Me temo que, si te dijera la verdad, querrías golpearlo aún más —antes de que pueda decir algo, Daphne se remueve en el sillón.
Me acerco con prisa, Jodi se aparta y me coloco al constado de Daph. Extiendo una de mis manos hacia su rostro, acariciándolo con suavidad.
—Hey —sonrío cuando abre los ojos. Intenta incorporarse y se lo impido—. Aún no, apenas despiertas.
—¿Qué pasó? —inquiere.
—Eso mismo me gustaría saber —admito—. Te desmayaste en mis brazos, sé que soy impresionante, pero me asustas.
Pese a que mantiene los ojos cerrados, ríe un poco y eso me basta. Mantiene la sonrisa un poco más antes de hacer una mueca.
—¿Te sientes bien? ¿Quieres que llame a los paramédicos otra vez? Puedo…
—Estoy bien —dice apoyando los codos para incorporarse levemente.
Me aparto para permitirle incorporarse, se queda sentada en el sillón y es en ese momento en el que repara en Jodi.
—Pietro está aquí —dice la castaña hacia su amiga. Por la mirada que comparten sé que hay mucho más de lo cual no estoy enterado, y me siento fuera de lugar.
—¿Y ese quién es? —inquiero—. Aparte de ser la mano derecha de Alek Chevanov.
Daphne suspira, observa a su amiga por un poco más de tiempo y parece querer decirle algo, algo que Jodi entiende perfectamente con la mirada.
—Bueno, estaré de nuevo afuera —dice señalando la puerta—. Daph, si necesitas algo solo dime.
Mi chica asiente, observa salir a su amiga de la oficina y luego me mira.
—Lamento el escándalo que causé —dice porque parece haber recordado lo sucedido—. No quise…
—No te disculpes, no tienes por qué hacerlo —musito tomando una de sus manos—. Si le lanzaste esa bebida, por algo fue. Es un idiota, eso ya me quedó claro.
Permanece en silencio por un par de minutos. Parece demasiado apesadumbrada y eso me inquieta.
—Es mi exnovio.
Nunca me he considerado como alguien celoso, en realidad, creo que nunca lo he sido antes. Hasta ahora.
Aprieto los puños sobre la tela del pantalón, la molestia de saber que el idiota se ha expresado de la forma en la que lo hizo de Daphne, hace que encuentre las ganas de partirle la cara completamente justificable.
—Terminamos hace dos años, justo antes de que se fuera a Rusia —cierra los ojos al hablar—. Y mi relación con él, fue por mucho el peor de los infiernos. Nunca llegó a golpearme, pero de haber seguido con él, estoy completamente segura de que lo hubiese hecho.
La molestia se intensifica, convirtiéndose en una ira constante que me llena por completo.
—Abuso psicológico fue lo que hizo, según mi terapeuta.
Algo en mi se enfurece. Se enciende con tanta rabia que justo ahora quiero llamar a mi equipo de seguridad y hacerle entender a ese cabrón que no puede lastimar a una mujer y creer que nada pasará.
—Daph…
—No fui la chica que conoces ahora, Ángelo.
Estar con él me destrozó completamente, me hizo perderme a mí misma y estuve cerca de no volver a encontrarme jamás.
Tuve que llegar al fondo para darme cuenta de lo que él estaba haciendo conmigo.
Me estaba destrozando, me estaba rompiendo en miles de pedazos y yo no hacía nada por evitarlo.
Su mirada se cristaliza y toda la fortaleza en ella se esfuma. Ya no es la chica fuerte que conozco, no es la mujer de palabras sarcásticas y carácter retador, luce tan malditamente vulnerable que lo único que hago, es abrazarla con fuerza.
La apego a mí, envolviéndola con fuerza, haciéndole saber que no permitiré que ningún hijo de perra vuelva a hacerla sentir de ese modo.
—Verlo aquí fue tan repentino —dice con voz temblorosa aún contra mi pecho—. Y cuando dijo que me había convertido en una cazafortunas, dejé de razonar. Nunca quise causar problemas, él es alguien importante ahora y…
—Y eso no le da el derecho de insultarte —digo con seguridad. —. El hecho de que sea alguien importante no le da el derecho de tratar a nadie de esa manera.
La miro. La rabia crece en mi interior al notar lo frágil que luce.
—Además —tomo su mentón haciendo que me mire.
—Tú ahora eres mi pareja. Justo ahora eres la compañera del dueño de este casino y nadie puede pasar sobre ti.
Y aunque no fuera así, aunque tú y yo no nos conociéramos, aunque no sintiera nada de esto, eres mucho mejor persona que ese imbécil, Daph.
Él podrá ser el hombre más importante, pero es un hijo de perra, tú… tú en cambio eres maravillosa.
Su barbilla tiembla, la fragilidad la envuelve y me obligo a continuar, porque necesito que sepa todo lo que ella significa.
—Daph, tú te has convertido en una mujer fuerte, en alguien valiente que no teme enfrentarse a su propio jefe para decir cuando algo no le parece, que dice la verdad aun cuando incomoda, y lo dice fuerte, que cuida a tres niñas con el mayor de los cariños aun cuando son unos completos desastres, eres una persona maravillosa, eres completamente increíble, y no debes dudar de eso nunca más.
Tomo sus manos, llevándolas hacia mis labios y dejando un beso sobre sus nudillos.