Los desastres vienen de a tres (Serie Lombardi 1) 21.- UNA NOCHE INCREIBLE #2
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21.- UNA NOCHE INCREIBLE #2

—Me temo que si —miro a Ángelo cuando habla—. ¿Encontraste todo lo que necesitabas? Oh, ese ligero corte en el cabello me gusta.

—Puntos a tu favor por notarlo —Ángelo mira a mi amiga cuando habla—. Soy Jodi, por cierto.

—Ángelo, ella es Jodi mi mejor amiga —los presento—. Jodi, creo que ya conoces a Ángelo.

—Oh, si ¿Quién no conoce al flamante señor Lombardi? —él no parece molesto con la respuesta de mi amiga, por el contrario, ríe divertido.

—Encantado de conocerte. ¿Tienes como volver? Podemos llevarte si lo necesitas.

—No hay necesidad, pediré un Uber —dice mostrándonos su teléfono—. Aún tengo que hacer algunas cosas.

—¿Estarás libre esta noche? Puedes venir al evento del casino si lo deseas, añadiré tu nombre a la lista.

Jodi arquea una ceja claramente sorprendida.

—¿En serio?

—Claro, te divertirás. Y, además, mi chica necesitará compañía cuando esos hombres de negocios requieran mi atención.

Algo en mí se revuelve con furia cuando lo escucho llamarme “su chica”, pero me las arreglo para fingir que no estoy a punto de sufrir un colapso.

—Sería estupendo que vinieras —intervengo—. Nos divertiremos.

—En ese caso, aceptaré la invitación. Gracias, Ángelo.

—Un placer —ambos se despiden y pronto ya nos encontramos de regreso al auto, con una Bella no tan contenta de que la visita al centro comercial haya sido corta.

Luego de acomodar a Lía en su asiento y asegurarme de que Bella tiene el cinturón y no planea quitárselo, nos podemos en marcha.

No hablamos demasiado en el camino de regreso, Bella es la única que se mantiene cantando una repentina canción a la que parece haberse vuelto fanática y así trascurren los casi veinte minutos de trayecto.

Tomo a Lía en brazos tan pronto bajo del auto, y Ángelo es el encargado de ayudar a Bella.

—Jackie se encargará de ellas a partir de las cinco —dice Ángelo—. Para que comiences a prepararte.

Sonríe cuando dice aquello, lo hace de una manera entusiasmada que termina por contagiarme.

—No puedo esperar a que llegue la hora —admito aún con Lía en brazos.

—Ni yo —me dedica un guiño—. Estoy ansioso, nena.

Y el escucharlo llamarme de esa manera amenaza con hacerme sufrir un segundo colapso en lo que va del día.

Daphne, ten autocontrol.

Pero con Ángelo Lombardi, esa palabra no existía. Así que no quedaba otro remedio más que convencerme a mí misma, de que no terminaría colapsando antes de que la hora de nuestra “cita” llegara.

Le he mandado cerca de diez fotos a Jodi para asegurarme de que mi aspecto es en efecto como debería ser.

—Luces espectacular —Jackie sonríe —no necesitas confirmarlo más.

—¿Es normal que me encuentre tan nerviosa? —Ella sonríe con comprensión.

—Claro que es normal. Pero si me permites darte un consejo, solo sé tú misma. Los deslumbrarás.

No encuentro que responder. Jackie me ayuda a terminar con el cabello, y cuando dice que volverá con las niñas, la llamo.

—¿Sí?

—¿No crees que pueda perjudicar a Ángelo? —cuestiono.

Ella no parece entender a que me refiero.

Durante las últimas horas, le he dado vueltas a lo mismo una y otra vez.

Ángelo es un hombre de casinos, exitoso. Pertenece a la más alta sociedad italiana, y yo…bueno… yo soy la niñera de sus sobrinas. No puedo compararme al punto de Isabella, una parte de mí teme que cuando un escándalo se desate, todo esto se esfume.

Jackie me observa en silencio, como si estuviera midiendo el peso real de mis palabras. Luego deja el cepillo sobre el tocador y se acerca despacio.

—¿Perjudicar a Ángelo? —repite—. Cariño… ¿Cómo si quiera podrías perjudicarlo?

Tomo una inhalación.

—Es un hombre importante. Tiene toda una reputación…

—¿Y eso qué? —cuestiona con una sonrisa.

—Solo digo que, estaremos rodeados de cientos de personas. Podría ser un escándalo…

—Los escándalos existen para la gente que tiene algo que esconder —añade Jackie —créeme, Ángelo no va a preocuparse por eso.

Un dejo de tranquilidad me envuelve.

—No soy Isabella —susurro. Jackie me toca el hombro.

—Gracias a Dios.

Me sorprende soltar una risa.

—¿Quieres que sea honesta? —cuestiona —eres mejor que cualquier mujer que mi niño ha conocido.

Una tranquilidad que no sé explicar me envuelve.

—Daphne… —dice Jackie suavemente—. Lo único que podría perjudicar a ese hombre… es volver a quedarse solo.

Mi pecho se aprieta porque sé exactamente de lo que está hablando.

—Yo solo quiero volver a ver al hombre bueno que ese niño fue —añade con suavidad—. Y creo que tú podrías ayudarlo a encontrar el camino de regreso.

—¿Lo crees?

—Por supuesto —asegura —ahora, creo que debes acabar con su tortura y bajar.

Nos reímos. Jackie me acompaña hasta las escaleras, luego me dedica un guiño acompañado de una sonrisa cómplice, y entonces me permito bajar.

Escucho las voces en la planta baja, reconozco a Antonella quien le dice algo a su tío y lo hace voltearse antes de que pueda verme.  Sonrío con diversión mientras bajo los escalones, la distancia ya es mínima así que escucho la indicación que Antonella le da.

—No mires hasta que te diga.

—Antonella esto es ridí…—las palabras de Ángelo se detienen tan pronto me mira.

No sé muy bien como descifrar la mirada que me dedica, la manera en la que sus ojos parecen iluminarse en cuanto me ve, y la forma en la que sus comisuras tiemblan hasta dejar ver una radiante sonrisa.

—Por Dios, estás hermosa —se acerca cuando llego al final de las escaleras—. Estás completamente sensacional.

—Tú también estás muy guapo —el elegante traje negro y el moño que lleva en el cuello lo dejan más apuesto de lo que ya es.

—Parecen una pareja de súper modelos —dice Antonella—. ¿Puedo tomarles una foto?

Ángelo resopla, pero no pone objeción, su brazo se envuelve alrededor de mi cintura y me apega a su cuerpo, cruzo la mano por su espalda y sonrío hacia la cámara del celular.

—Listo, ahora sí los dejo marchar —apenas y nos da oportunidad de despedirnos, Ángelo me mira y vuelve a sonreír.

—¿Nos vamos? —entrelaza nuestros dedos, no aparta la mirada y a pesar de que luce tan jodidamente intimidante, me siento segura a su lado.

—Vamos, que no puedo esperar —se inclina hacia mí para depositar un corto beso, y luego ambos caminamos hacia la salida de la casa, con el pensamiento de que esta noche, tenía que ser espectacular.

Los casinos “Maximous” son impresionantes en fotografías, pero estar aquí, justo enfrente, es más asombroso de lo que una imagen puede describir.

Ángelo sonríe hacia muchas personas, responde los innumerables saludos y mantiene conversaciones cortas con varios hombres, pero no suelta mi mano en ningún momento.

Me presenta como “su pareja”, y no sé en realidad que significado tenga, pero es mucho mejor que solo ser una invitada.

He tenido que tolerar la mirada enojada de más de una mujer que supongo esperaba pasar un momento con Ángelo, y el pensar que tiene tanta atención femenina, me hace arder el pecho tan solo un poco.

Jodi no ha llegado, su último mensaje decía que estaría aquí en quince minutos, pero ya llevaba treinta desde entonces y no parece haber señales de ella.

—Oh, y llegaron —Ángelo habla, captando mi atención—. Ese es el invitado importante.

Señala con el mentón a un grupo de hombres, parece ser un equipo de seguridad completamente amenazante y justo en medio de ellos, dos hombres.

—Puedo esperar aquí —sugiero.

—No, ven conmigo —tira de mi cuerpo, pero el pensar que tengo que estar delante de alguien de tanta importancia me agobia.

—No, en verdad —él parece notar mi estado, porque sonríe con ligereza—. Iré por algo de beber, ¿sí? Estaré bien.

—¿Dejarás que te presente luego? —y la esperanza que veo en sus ojos me doblega.

—Más tarde, sí.

Él parece satisfecho, deja un casto beso sobre mis labios y se acomoda el traje antes de ir al encuentro de aquel grupo de personas. Cuando lo miro llegar, giro y voy hacia la barra, dispuesta a beber algo que consiga hacerme bajar los nervios.

El chico de la barra parece saber exactamente lo que necesito, y luego de un par de minutos, una bebida rosa y extravagante es dejada frente a mí.  Apenas le he dado un sorbo y disfrutado de su sabor cuando alguien dice mi nombre.

—Vaya, vaya —mi cuerpo se tensa al escuchar la voz—. Daphne Lennox.

Volteo, el familiar rostro a mi costado me genera nauseas, el hombre sonríe con suficiencia y da un paso adelante, yo retrocedo.

—¿Qué haces aquí? —se acerca, su mirada burlona me recorre —¿Ahora eres una cazafortunas?

Sus palabras se me clavan, entonces hago lo único que se me cruza por la mente, lanzarle mi bebida ocasionado con eso, convertirnos en lo último que quería.

Ser el maldito foco de atención.