20.- BAJO SU PODER #2
—No es que no las quisiera, Anto. Es que no me sentía listo para ustedes.
Nunca consideré que tendría que cuidarlas de esta manera, no creí que tuviera que cambiar los pañales de Lía, o tolerar los berrinches de Bella, o que tendría que explicarte por qué salgo con alguien —ella ríe levemente—. No estaba listo para nada de eso.
Me tomo un poco de tiempo antes de seguir hablando.
—Pero ahora lo estoy, estoy completamente listo para cuidarlas. Para darles un hogar, porque son mi familia. Y te prometo que nadie va a separarlas, que no dejaré que nadie nos separe, ¿de acuerdo? Esta es su casa, lo va a ser siempre.
Sus ojos se cristalizan y me mira en silencio por largo rato.
—¿Somos una familia?
Asiento, colocando una sonrisa sincera en mis labios. Lo somos, claro que lo somos. Estaba cansado de huir, estaba cansado de negar eso.
—Lo somos. Le prometí a tu padre que cuidaría de ustedes, se lo prometí más de una vez, en todas las veces que él me lo recordaba. No era consciente de la responsabilidad que mi promesa traía consigo, pero ahora lo soy, y no voy a fallarle a él, y tampoco a ustedes.
No espero lo que hace a continuación, se incorpora con rapidez y me envuelve en un abrazo.
—Te queremos —dice cuando se aparta y algo estalla en mi pecho. Antes de que pueda decir algo, ella vuelve a hablar—. ¿Te digo un secreto de papá?
—Estoy ansioso por escucharlo.
—Tú también eras su hermano favorito —dice guiñándome un ojo. Rio levemente, apartándome tan solo un poco.
—Eso ya lo sabía —me incorporo de la silla y la regreso a su lugar—. Pero gracias por decirlo.
Camino hacia la puerta y le dedico una última mirada.
—Y tú eres nuestro tío favorito —asegura—. Pero no se lo digas al tío Antoni, que no quiero que ahora él te golpee.
—Eso no va a pasar —le aseguro—. Te dejo que termines lo que estabas haciendo.
Para cuando salgo de la habitación, me siento mucho mejor que al entrar, los sentimientos que provocó la discusión con Antoni han desaparecido, y ahora solo queda una absoluta sensación de bienestar.
Verano se acercaba, y eso me hacía saber que tenía que dejar todo listo para cuando Jacob viniera a casa.
Habíamos visto todos los detalles con Franco, todas las posibles causas por las cuales su madre impidiera que visita a Italia, y estábamos preparados. La llevaría a un juzgado y no descansaría hasta que me dejara pasar el tiempo debido con Jacob.
El único recurso convincente para alejarme de él, sería decir que Jacob no era mi hijo. Pero eso significaba que todo su teatro se caería, perdería toda credibilidad ante los juzgados, y el dinero correspondiente de la pensión.
Y Renata no toleraría jamás que algo como eso sucediera.
—Hola —Daphne abre la puerta del estudio, la miro aparecer con un conjunto de pijama adorable.
—Hola —me quito las gafas y cierro la carpeta para poder centrar mi entera atención en ella—. Qué bonita vestimenta.
—Las niñas quieren hacer una noche de películas en familia —dice con una leve sonrisa—. Y quieren que te unas.
Miro la hora, son cerca de las nueve de la noche y aún tengo trabajo por hacer. Trabajo que, si no termino hoy, se acumularía para mañana.
—Necesito terminar esto —señalo los documentos—. Pero intentaré darme prisa, diles que iré tan pronto acabe.
—Bien, les diré —sonríe una última vez y se marcha.
Tomo una corta inhalación y me coloco las gafas otra vez, si me doy prisa, probablemente terminaría en menos de una hora.
Así que eso hago, intento acabar con prisa todos los pendientes para poder ir hacia la sala de cine, sin embargo, el tiempo es demasiado corto como para acabar todo, a pesar de eso consigo avanzar lo suficiente como para hacerme decidir abandonar el estudio.
Cierro las carpetas y anoto en la agenda electrónica los pendientes que quedaron, cuando vuelvo a la habitación me cambio por una ropa mucho más cómoda y voy hacia la sala acondicionada como cine.
—Creí que no vendrías —dice Daphne mientras se incorpora levemente de los almohadones que han colocado en el piso. Lía a su lado está dormida, Bella y Antonella se mantienen adelante, con la atención fija en la película.
—Dije que lo haría —tomo una de las almohadas y me coloco justo al lado contrario de Daphne. El pequeño cuerpo de Lía es lo único que nos separa, Daphne vuelve a acomodarse y Antonella nos da una mirada de advertencia cuando me nota.
Hay comida a los costados, y algunas latas de gaseosa, excepto con Bella quien mantiene su vaso preferido a su lado.
En un impulso, cruzo el brazo hasta conseguir rozar la espalda de Daphne. Ella se acomoda, permitiéndome rodearla y me apego, Lía queda justo en medio, en un espacio que no parece incómodo.
Cuando Daphne voltea y me sonríe, sé que esperaba que hiciera algo como eso.
No continuamos hablando porque Antonella parece estar en toda la disposición de regañarnos, como si la sala le perteneciera, así que centro mi completa atención en la película que se reproduce.
Aunque al cabo de unos minutos, fracaso terriblemente porque no puedo dejar de pensar en la chica a mi costado.
La miro de soslayo, se mantiene con la vista fija al frente, sonriendo levemente en las escenas graciosas, y pese a la oscuridad de la sala, puedo mirarla con total perfección.
Bella no es una palabra que use para describirla, ni siquiera bonita o linda. Daphne es más que hermosa. Daphne Lennox es preciosa.
Completamente sublime.
Sublime como eso que te hace feliz sin pedirte permiso y, aun así, no sabes poner en palabras. Sublime como la presión dulce en el pecho que te desarma, te arrasa y te arrastra directo al paraíso. Como aquello que provoca una felicidad tan intensa que el lenguaje se queda corto, torpe, inútil.
Como aquello que produce tanta felicidad, pero no es posible de explicar.
Daphne es enteramente sublime, y ante una mujer así, es imposible no perderse.
—¿Qué ocurre? —pregunta suavemente cuando nota la mirada sobre ella.
—Nada. Solo pienso en lo mucho que me gustas —confieso mientras extiendo la mano que tengo libre para tomar la de ella.
Nunca creí eso de que cuando conoces a la persona indicada, el tiempo no tiene absolutamente ninguna relación con lo que sientes por ella. Siempre pensé que era una locura, que era imposible desarrollar sentimientos por alguien cuando apenas se conocen.
Pero hay conexiones instantáneas, pequeñas redes y nudos que nos unen, de tal manera que cuando las personas se encuentran, el tiempo solo pasa a ser un factor más, uno sin importancia.
Y lo compruebo ahora. Porque sentir esto, querer hacer absolutamente todo con Daphne, desear que las cosas funcionaran con apenas un par de meses de conocernos, puede ser catalogado como la mayor de las locuras.
Y yo como el hombre más demente del planeta.
Pero no importa. Justo ahora, eso no tiene la más mínima importancia.
—Usted igual me gusta muchísimo, señor Lombardi —susurra al fin, y juro que, de no tener al menor de mis desastres justo en medio, la hubiese besado hasta acabarnos el aliento.
Así que solo sonrío, y con eso le dejo saber que definitivamente, ya me tiene bajo su poder.