18.- DOS CORAZONES BAJANDO LA GUARDIA #2
—De acuerdo, vamos —Lía está demasiado inquieta para dejarla en la cuna o en la alfombra así que la cargo conmigo en brazos mientras Bella me sigue por el pasillo.
Cuando nos detenemos frente al estudio de Ángelo, Bella aguarda a mi costado. Dejo un par de toques sobre la madera y cuando la voz de él se escucha al otro lado, ingreso.
—Hola —sonrío levemente—. ¿Tienes tiempo? Bella quiere decir algo.
—Sabe que puede venir cuando lo desee —dice cerrando la computadora. Bella ingresa cuando escucha lo último y sonríe—. ¿Qué ocurre, desastre?
—Mañana hay un evento en la escuela. Los padres tienen que venir, ¿puedes ir tú?
Ángelo sonríe, se quita las gafas en un movimiento y las deja sobre el escritorio.
—¿A qué hora? —ella rebusca algo en el bolsillo de su vestido y corre hacia su tío, entregándole un papel—. Bueno, es seguro que iré.
—Pero no solo tú —dice.
—¿Y quién…?
—Es para los papás, todos irán con su mamá también —Ángelo y yo compartimos una mirada, entendiendo el rumbo que la conversación toma—. No puedes venir solo.
—¿Quieres que lleve a alguien?
—Quiero que Daphne venga —voltea hacia mí y eso me toma por sorpresa—. Daphne, ¿puedes venir al festival con mi tío?
Intento encontrar una respuesta rápida, ¿no sería demasiado atrevimiento decir que sí? Es decir, entiendo el motivo por el que lo está pidiendo, pero no sé si Ángelo estaría de acuerdo.
Bella frunce el ceño ante la demora en mi respuesta.
—¿No quieres venir conmigo?
Me agacho levemente, tanto como la pequeña bebé en mis brazos me lo permite. Pero consigo quedar a su altura.
—No es eso —le digo con suavidad—. Es solo que, me temo que es un evento familiar…
—Tú eres familia —responde sin titubear. Mi corazón se enternece.
—Cariño…
—No quiero que mi tío lleve a nadie más —me interrumpe, apretando los puños de su vestido—. Las otras niñas llevan a su mamá.
El aire se vuelve espeso.
—Y tú… —continúa, mirándome muy seria para sus seis años—. Tú eres lo más parecido a una mamá que tengo ahora.
Siento el golpe directo al pecho. No hay metáfora posible para eso. Se gira hacia su tío como si ese fuese su último recurso.
—Tío Ángelo, ¿puede venir Daphne?
Él sonríe, de la misma manera en la que lo hizo antes. La misma sonrisa, aunque reconozco un destello de dolor en su mirada.
—Claro que puede venir, pero solo si ella quiere —responde mirándome. —No podemos obligarla.
Bella me mira de nuevo.
—¿Quieres?
No debería sentirse de un modo especial, solamente lo acompañaría a un festival escolar, no sería nada más. Pero por alguna razón, ahora, en este preciso momento mientras miro a una adorable niña y a su tío, no tengo intención alguna de negarme.
—Me gustaría mucho —aseguro.
Bella lanza un grito emocionado, y por alguna razón, aceptar se siente mejor de lo que pensé. Ángelo me mira con una sonrisa, Bella da un par de brincos emocionados y yo solo puedo sonreír, intentando aparentar que no sufriré un colapso aquí mismo.
Tal vez esto sería más que solo una compañía al festival escolar, pero en este punto, no tenía la más mínima idea.
ÁNGELO.
—¿Esto está al borde de tu paciencia? —inquiere Daphne a mi costado.
—Son demasiados niños, demasiados gritos y…—me detengo cuando me percato de la mirada que Daphne me dedica.
—Es un festival escolar, ¿qué esperabas?
Me encojo de hombros, el resto de los padres lucen tan relajados que, por una fracción de tiempo, considero que la vestimenta que elegí es demasiado. ¿Cómo se supone que los padres se visten para esto?
—¿Crees que luzco bien? —Daphne arquea una de sus cejas, mirándome con diversión—. Quiero decir, no quiero parecer un hombre arrogante que detesta estar aquí.
Se ríe.
—Bueno, técnicamente eso es lo que…—se detiene en cuanto nota la mirada que le dedico —…eres —finaliza.
Se gira por completo hacia mí mientras ladea la cabeza levemente.
—Pero podemos arreglarlo —sugiere —¿puedes quitarte el saco?
No le pregunto el porqué. Simplemente obedezco. Cuando he dejado la prenda sobre el carrito de Lía, ella se acerca. No noto que estoy reteniendo la respiración cuando sus manos toman la corbata que traigo puesta, y deshacen el nudo.
—Nadie trae una corbata a un festival escolar —dice con una leve sonrisa.
Sus manos se deslizan hasta abrir los dos botones superiores. Y luego viajan hasta mis antebrazos, para abrir los botones que me rodean las muñecas. Soy muy consciente de su cercanía, y de la forma en que sus yemas tocan mi piel.
Carajo Ángelo, ¿qué pasa contigo?
Elevo la mirada apenas, dándome cuenta de que nos hemos convertido en el centro de atención de varias personas. Grandioso. Lo único que me faltaba.
—Mucho mejor.
Sonrío levemente cuando noto su mirada recorrerme, la aparta cuando nuestras miradas coinciden y es gracioso como en momentos como este, toda su seguridad parece esfumarse por completo.
—Gracias, supongo —digo. Apenas asiente cuando mi adorable sobrina nos interrumpe.
—¡Es hora! —Bella llega corriendo hasta nosotros y toma mi mano—. ¡Tío, vamos!
—¿Hora de qué? —pregunto, dejándome arrastrar.
—De la carrera —responde como si fuera obvio—. Saltar en sacos.
—Oh, tengo que ver eso —escucho la voz de Daphne detrás de mí, la miro brevemente mientras Bella sigue tirando de mi cuerpo.
—No —sentencio—. Definitivamente no.
Bella frunce los labios.
—Sí —corrige Bella—. Todos los papás van a hacerlo.
—Yo no soy…
—Eres mi tío —me corta—. Y viniste conmigo.
Miro a Daphne buscando apoyo, pero ella ya está riéndose.
—Vamos, Ángelo —dice—. No puede ser tan terrible.
—Jamás he hecho esto.
—Se nota —responde, tomando uno de los sacos que una maestra reparte—. Mira, es sencillo. Metes las piernas, sujetas aquí y saltas.
—Eso no suena sencillo en absoluto.
Bella ya está metida en su saco, observándome con expectación. Suspiro. Daphne me tiende el saco, y lo tomo de mala gana. Antonella ha llegado a su lado y me enfoca con la cámara de su celular.
—Desastre, luego no digas que no te quiero —musito hacia Bella.
Me adentro en el saco y ambos esperamos en la línea que los profesores marcan, el resto de los padres se han acomodado a nuestros constados y cuando una especie de bocina suena, solo comenzamos a saltar.
Y vaya que es más divertido de lo que pensé. Bella ríe mientras avanzamos, en el corto trayecto que abarca el recorrido que debemos hacer, le doy rápidas miradas a mi sobrina, evidentemente no tenemos la mejor condición porque, aunque somos rápidos, no ganamos.
—No te pongas triste —Daphne golpea mi hombro—. Tercer lugar también es bueno.
—Que graciosa —respondo—. ¿Crees que tú puedes ganar?