18.- DOS CORAZONES BAJANDO LA GUARDIA #3
—No lo creo, estoy segura —me dedica un guiño y me entrega el bolso de Lía. La miro caminar junto a Bella porque ahora es el turno de las mamás, ellas ríen por algo que Bella dice y solo puedo permanecer con la mirada fija en ellas.
Daphne cumple lo que dice, y verla abrazar a Bella cuando ambas ganan el juego, reír juntas y disfrutar de ese corto momento, me doy cuenta de que, haga lo que haga, ahora tengo a tres niñas que dependen de mí.
No solo económicamente. No solo porque viven bajo mi techo. Dependen de mis decisiones, de mis silencios, de lo que permito y de lo que rechazo. Mi vida personal ya no es solo mía. Cada elección las alcanza, las roza, las marca.
He dejado de ser ese hombre solitario que se bastaba a sí mismo.
Y no me siento atrapado por eso. Me siento responsable.
Es curioso como las decisiones importantes llegan en los momentos menos esperados, Daphne tenía razón, Lucca me había dejado a su familia, me había dejado a lo que más amaba en el mundo,. confiando en que yo sabría cuidarlo.
Y yo debía ser capaz de corresponder a esa responsabilidad. No porque se lo deba, no como un deber u obligación, sino porque deseo hacerlo. Hice las cosas mal antes, ahora decido hacerlas bien.
—¿Viste eso? ¡Te dije que ganaría! —Daphne sonríe con entusiasmo cuando llegan a donde estamos.
—Nunca dudé de eso —afirmo obligándome a salir de los pensamientos que me tenían absorto.
—¿Estás bien? —inquiere.
—Sí, solo…solo me he dado cuenta de lo agradable que puede ser esto. Festivales escolares y esas cosas, ¿ya sabes?
Asiente levemente, acomodándose el cabello y me permito mirarla más de lo permitido.
—¿Qué? ¿Por qué me miras de esa manera? —inquiere luego de un rato.
—Porque quiero mirarte —respondo con una sonrisa tirando de mis labios—. Eres muy bonita.
Las palabras brotan sin pensarlas, y ella parece sorprendida.
—Oh, gracias —soy consciente del ligero sonrojo en sus mejillas—. ¿Te has puesto sentimental otra vez?
—Tal vez —respondo encogiéndome de hombros—. No se lo digas a nadie, arruinaría mi reputación.
Ella se ríe, su cuerpo se apega al mío y de repente, tengo una necesidad incontrolable de decirle lo que siento.
—Daph… —Ella me mira.
—¿Sí?
—Lo de la otra noche, no debe quedarse solo en un beso. —Las palabras brotan de mis labios casi sin pensarlo, porque necesito decirlo.
Porque la manera en la que me siento con Daphne es…diferente. Es…inesperada. Como si no tuviera necesidad de ser alguien distinto. Solo yo mismo.
Me siento sin la necesidad de tener que ponerme la armadura. Y tengo tanto tiempo buscando sentirme de esta manera que el hecho de ahora haberlo encontrado, me hace necesitarlo como nunca antes.
—¿De qué hablas? —susurra, pero noto la emoción en sus ojos.
—Lo que pasó la otra noche, no significa que debe quedarse en un solo beso —repito, ella voltea a los costados.
—Tus sobrinas van a escuchar…
—¿Y qué? Ellas te adoran —le recuerdo—. Que sepan que hubo un beso entre nosotros probablemente les emocione, ¿no crees?
—Ángelo…
—Escucha, Daph, no te estoy pidiendo matrimonio. Solo digo que, si quieres, podemos averiguar que tanto podemos encajar. El agua y el aceite no están peleados, ¿verdad?
—¿Qué te ocurrió que dices todo esto? —pese a la pregunta, está sonriendo—. ¿Qué paso con el Ángelo de armadura?
—Se quedó sin piezas —respondo—. O tal vez decidió quitárselas solo por hoy.
Se ríe, pero a pesar de la risa, tiene la mirada encendida en sentimiento.
—No seas tonto, es en serio —dice. —¿Qué ha pasado con lo que dijiste la otra noche?
No tengo que pensar mucho para decirle la verdad. Para soltarlo de una maldita vez.
—Pasó que estoy cansado, Daphne. Estoy harto de huir de todo.
Quiero hacer las cosas bien y tener a los desastres conmigo solo me hace desear hacer todo de la mejor forma posible, poder traer a Jacob, que conozca a mi familia, al hogar que estoy formando —me detengo por unos segundos —y quiero hacer las cosas bien contigo, porque nunca antes había tenido algo como esto.
Y estoy aterrado de terminar arruinado lo que probablemente es lo mejor que me ha pasado.
Parpadea mirándome incrédula.
—No sé lo que ocurre conmigo cuando estoy contigo, pero me siento bien. No tengo la necesidad de colocar armaduras o aparentar algo que no soy. Tú me das seguridad, Daphne, y me gusta sentirme así.
—Ángelo si no funciona, soy la niñera de tus sobrinas y no quiero renunciar porque las cosas se pongan incómodas. Sabes que necesito el empleo y…
—Hey, escúchame —me acerco a ella cuando comienza a hablar con rapidez—. Te prometo que, si no funciona, nada va a ser incómodo entre nosotros, ¿sí? Seguirá normal, no te haré renunciar.
No responde, pero no hay necesidad de hacerlo. Sonríe de una manera encantadora y me olvido de todo, me olvido de que estamos en un festival, me olvido de que hay padres y niños alrededor, e incluso me olvido de que Antonella también está aquí.
Y solo la beso, en medio de las risas y los juegos, la beso. Y confirmo nuevamente que es la mejor sensación del maldito universo.
Me he quitado la armadura por completo ante ella, y esta vez estoy dispuesto a abandonarla para siempre.
Vuelvo a besarla, y de nuevo somos nosotros, dos almas y un corazón bajando la guardia por primera vez.