18.- DOS CORAZONES BAJANDO LA GUARDIA
DAPHNE
De acuerdo, nada de lo que ocurrió en la habitación de Ángelo estaba planeado, es decir… ¡era mi jefe! Bueno, técnicamente aún lo es.
Jodi lanza un grito emocionado del otro lado de la línea, y me tengo que obligar a guardar la compostura para no gritar con ella también.
—¡Te besó! —exclama—. ¡Y tú lo besaste de vuelta! ¿Qué pasará ahora? ¿Serás la siguiente señora Lombardi?
—Solo fue un beso —le recuerdo—. No significa nada.
—¿Cómo que no significa nada? ¡Claro que significa! ¡Le gustas!
—Dios mío, ni siquiera sé porque te estoy diciendo esto —mascullo.
—Porque soy tu mejor amiga, y necesitas compartir la emoción de que besaste a un sexi hombre millonario —dice y suelto una risa ante el tono que emplea.
Me acomodo en la cama, mirando la hora en el reloj y subo el volumen al monitor para escuchar el momento en el que Lía despierte.
—¿Crees que pueda ponerse algo incómodo entre nosotros? —inquiero—. No quiero enfrentarme a una indiferencia, es decir, no espero que se haya enamorado de mí, pero…sería extraño.
Un corto silencio se instala en la línea.
—No lo creo, es decir, dijo que no sería así —me recuerda—. En todo caso, fue solo un beso, tú lo has dicho.
Muerdo mi labio inferior, cuando estoy por dar una respuesta, el monitor enciende y deja escuchar el sonido característico del llanto de Lía.
—Oh, lo siento, la pequeña ha despertado —informo—. Te llamo más tarde, ¿vale?
Me despido de mi amiga y guardo el celular en uno de mis bolsillos antes de incorporarme de la cama. Las habitaciones no estaban tan apartadas, así que no demoro en llegar, pero cuando lo hago, Ángelo ya está ahí.
Sostiene a Lía contra su pecho mientras le da suaves palmaditas en la espalda. Sonrío levemente, apoyándome contra el umbral.
Somos los únicos en la habitación ya que Bella y Anto se han marchado a la escuela hace una media hora aproximadamente, y se suponía que Ángelo ya debería de estar en los casinos.
Pero, por el contrario, está aquí. Permanezco en silencio, simplemente observándolo. Él no se da cuenta de mi presencia, así que continúa tarareando algo en voz baja para su sobrina, y la imagen que tengo me enternece el corazón.
Me permito admirarlo un poco más, Ángelo es alto, y cuando viste con los pantalones negros y camisas blancas elegantes, puede ser la perdición de cualquier mujer. Ahora, si le sumas que sostiene con ternura a una bebé…
Decido que no puedo quedarme admirándolo por siempre, así que me muevo apenas.
—¿Te quedarás en casa hoy? —él voltea, sonríe con ligereza cuando me ve y camina unos pocos pasos hacia mí.
—Aún no tengo que ir a la oficina, he dejado a Franco para hacerse cargo de los pendientes.
Camino hasta la mesa en donde los biberones se encuentran junto con la fórmula para preparar la leche. Un cómodo silencio se instala entre nosotros mientras preparo la mezcla, y tras corroborar la temperatura, se la entrego.
—Has aprendido bien —señalo cuando lo noto darle el biberón a Lía.
—Creo que no me ha quedado más opción —expresa con una sonrisa tirando de sus labios.
Lo observo un poco más, luce más relajado que de costumbre. Meciendo a Lía en sus brazos mientras la mira con ternura.
—¿Estás mejor? —Ángelo eleva la mirada cuando me escucha hablar, no responde de inmediato, parece pensarse bien la respuesta que dará.
—Sí —murmura—. Gracias por escuchar todo.
—No es algo por lo cual se deba de agradecer. Creo que a veces compartir aquello que nos daña, nos libera.
No responde. Lía se acaba el biberón y parece ser que Ángelo tiene la disposición de encargarse de todo, así que me limito a ir hacia la silla que está a unos cuantos pasos, y simplemente los observo.
Ninguno parece tener la intención de hablar sobre lo que ocurrió la noche anterior, y eso en cierta parte me alivia.
—Y, estás lista —Lía se sostiene de las manos de Ángelo, y le lanza una sonrisa adorable.
—Tienes más habilidad de la que pensé.
—Bueno para ser mis primeras veces…—sonríe.
Una punzada de curiosidad me llena mientras el acomoda a Lía contra su pecho.
—¿Nunca hiciste eso con Jacob?
—No tuve la oportunidad —confiesa—. Su madre nunca me dejó acercarme, tuve que llevarla con un juez para que me permitieras verlo, tenía cuatro meses cuando pude pasar tiempo con él, con un guardia vigilándonos.
—¿Un guardia?
Deja a Lía en el centro de sus juguetes y se gira hacia mí.
—Por todo el caso de abuso en mi contra, me consideraban un riesgo para Jacob.
Así que se establecieron visitas supervisadas, no podía llevármelo a otro sitio, ni sacarlo de los juzgados.
Siempre había un oficial, o alguna trabajadora social conmigo.
Así que habrás de suponer que no pude darle el biberón o cambiarle los pañales.
—No imagino lo complicado que debió ser para ti —susurro.
—Lo fue, pero aún tenía que arreglar el desastre que era mi vida. Cuando volví a Italia no me preocupé mucho por él. No me siento orgulloso, pero creo que pude haber estado más tiempo en su vida. Pude luchar más, pero tenía que arreglar todo el desastre antes de si quiera intentarlo.
—¿Ahora siguen las visitas supervisadas?.
—Parece que solo puedes conseguir un poco de justicia cuando te vuelves un millonario —hay un cierto toque de amargura en su voz—. Solo así conseguí que un juez me escuchara, y podré traerlo para verano.
—Oh, ¿así que lo conoceré?
—Si no has renunciado para entonces, sí.
—Oh, por favor —finjo indignación—. No planeo renunciar, lo dije ayer.
Cuando menciono lo último, Ángelo me dedica una mirada divertida y por alguna razón me cohíbo más de lo que debería.
—En ese caso, si lo conocerás —sonríe levemente—. Le agradarás.
—Claro que sí, le agrado a todo el mundo.
Él ríe, se coloca al lado de Lía en la alfombra y me mira.
—Me gusta esa seguridad —expresa—. Me gusta lo segura que eres.
Por un par de instantes lo miro sin saber bien cómo es que debo responder.
—Ah, ¿sí? —inquiero
—Sí —no parece afectado, me observa y habla con naturalidad. Y la manera en la que me sonríe es suficiente para causar un maldito torbellino.
¿Cómo alguien puede desarmarte con una mirada?
—Y puedes controlar a los desastres, eso es impresionante —añade divertido—. Puntos a tu favor.
—¿Y qué puntos tienes tu que te favorecen?
Él parece divertido con mi pregunta.
—¿Realmente lo preguntas? —arquea una de sus perfectas cejas cuando habla, ríe levemente antes de acomodarse en la alfombra y elevar la mirada—. Mi cuenta bancaria me da el puntaje más alto.
—Cierto, pero a veces debes tener algo más que ofrecer que una cuenta bancaria —camino hasta acercarme, me coloco justo frente a él, dejando a Lía entre nosotros lo suficientemente entretenida con los juguetes como para prestarnos atención.
Ángelo parece pensárselo por algunos instantes.
—Me gustan los animales, pero soy demasiado impaciente como para atenderlos.
Soy un compulsivo del orden como has podido darte cuenta, muchas personas dicen que soy un arrogante, pero realmente lo único que hago es demostrar lo que valgo, y lo capaz que soy para realizar mi trabajo.
No me gusta tomar decisiones impulsivas, prefiero razonar todo antes de actuar.
—Bueno, el orden y yo no nos llevamos muy bien —admito—. Y no me gustan los animales, me dan alergia. Soy la persona más sarcástica que podrás conocer, y temo informar que el raciocinio y yo no tenemos la mejor relación. Así que, somos tan diferentes, señor Lombardi.
—Como el agua y el aceite —concuerda con una leve sonrisa—. Pero que sea diferente no significa que no pueda funcionar. ¿Has escuchado algo sobre que los polos opuestos se atraen?
—Oh, ¿te pondrás cursi ahora?
Sacude la cabeza mientras ensancha la sonrisa.
—Solo digo que es bueno saber a qué me estoy enfrentando —admite mirándome de soslayo—. Ya sabes, solo quiero estar preparado.
—¿Preparado para qué?
Sonríe, de una manera encantadora que me roba el aliento.
—Eso usted debería de saberlo, señorita Lennox.
Antes de que pueda dar una respuesta, su celular suena. Una mueca se plasma en sus labios y sospecho que son malas noticias.
—Lo siento, vengo enseguida —se incorpora con prisa, deslizando la pantalla y coloca el celular contra su oreja mientras se marcha de la habitación sin mirarme.
Cuando se ha alejado lo suficiente, observo a Lía.
—Tu tío me está volviendo loca —admito, la pequeña eleva la vista y sonríe—. Es una locura, ¿no es así?
Unos balbuceos es lo que obtengo como respuesta.
—Es un sexi hombre millonario, y yo soy la niñera. ¿Qué clase de cliché es esto?
Suspiro, Lía me entrega algunos juguetes y por mi propia tranquilidad, debería dejar esto a un lado.
Fue solo un beso.
En realidad, fueron dos. Pero ¿qué diferencia hay? En todo caso, solo fue un gesto insignificante. ¿O no?
Un beso, o dos, no significan nada más.
Sí, Daphne, buena suerte intentando convencerte de eso.
Ángelo no vuelve a la habitación de Lía, al parecer le surge algo lo suficientemente importante como para marcharse a su oficina.
Como es de costumbre, recojo a las niñas en el colegio. Antonella como es habitual se coloca los auriculares durante todo el viaje, y Bella por el contrario no deja de hablar sobre el festival que se llevará a cabo en la escuela.
—¡Deben ir! —exige con un mohín.
—Seguro tu tío puede sacar el tiempo —le aseguro—. Cuando no esté ocupado le diremos, ¿de acuerdo?
—¿No va a estar muy ocupado?
—No lo creo, cariño. Pero no sabremos si no preguntamos, así que lo haremos apenas tengamos la oportunidad, tú no te preocupes.
—Gracias, Daphne —corre escaleras arriba cuando ingresamos a la casa, la sigo con algo de rapidez, pero cuidado los pasos porque no quería rodar por las escaleras con Lía en brazos.
La rutina habitual era llegar, la comida, los deberes, un largo rato de juegos, el baño y prepararse para dormir. Todas parecían tener la misma rutina establecida, Ángelo decía que su hermano era exigente con ese tipo de cosas, y ver como las niñas lo hacían sin reprochar, me lo confirmaba.
Seguimos la rutina establecida hasta media tarde, cuando Bella insiste en hablar con Ángelo.