16.- DECIR LA VERDAD
ÁNGELO
Ni la mejor armadura puede librarme de lo que ocurre el martes al medio día en los juzgados. No existe nada que consiga impedir lo que está a punto de ocurrir.
—El pago ha sido el correspondiente al porcentaje que le fue asignado a mi cliente, no se ha faltado ni una sola vez, y ha aumentado conforme los ingresos del señor Lombardi lo hicieron—. Franco se mueve frente al juez con firmeza.
—Objeción, señoría — el abogado de Renata interrumpe—. Se ha visto un aumento significativo de las ganancias de los casinos Maximous, y no se ha reportado un aumento en la pensión.
—Los ingresos no son en la totalidad de mi cliente —corrige Franco—. El aumento previsto es de las acciones que el hermano de mi cliente dejó al morir, pero no es beneficio del señor Lombardi, sino para las hijas de Lucca Lombardi, puede usted mismo corroborar esto.
Se acerca hasta el juez y le tiende las carpetas con los informes.
—La cantidad que se ha aumentado es correspondiente a las acciones heredadas, y es claro que el dinero fue depositado a cuenta aparte, con beneficiarias las señoritas Lombardi, hijas de Lucca. Así que mi cliente no ha percibido un aumento significativo como la contraparte quiere hacer creer.
El juez mira con detenimiento los informes, pasan algunos minutos antes de que cierra la capeta y me mire.
—Señor Lombardi, creo que tiene un registro impecable de los pagos. Pero la señora Davies teme que su repentino interés en Jacob se deba a su deseo por dejar de pagar la pensión correspondiente.
—En lo absoluto —respondo incorporándome—. Jacob solo pasará conmigo un par de semanas en Italia, y luego volverá con su madre. No planeo dejar de pagarle lo que me corresponde por ser su padre, señoría.
Aunque claramente deseo hacerlo y llevarme a Jacob de manera permanente, no lo digo.
—Señor Lombardi, entiendo que las acciones de su hermano están en su poder, pero a menos que se especifique el dinero correspondiente a esas acciones es exclusivo de sus sobrinas, me temo que el dinero sigue siendo de usted. ¿Tiene como probarlo?
Mi cuerpo se tensa y retengo la maldición.
—Señoría…
—Abogado Rinaldi, ¿tienen manera de probar que el dinero es exclusivo de las hijas del difunto señor Lucca Lombardi? Algo más que la cuenta bancaria que las tiene como beneficiarias.
No lo hay, porque Lucca no especificó nada de eso. Las niñas heredaron una fortuna millonaria, pero no tiene nada que ver con las acciones.
Franco me mira, sé que puede mentir, sé que es capaz de hacerle creer al juez que si lo hay. Lo conseguiría si lo deseo, pero no planeo jugar en contra del sistema judicial. Porque tarde o temprano, será una batalla perdida.
Niego y Franco suspira.
—No, su señoría.
—En ese caso, señor Lombardi, se hará un ajuste al porcentaje y se le notificará del nuevo pago que tendrá que realizar, no se preocupe por la visita del menor, podrá viajar con usted las dos semanas establecidas y luego seguirá la rutina normal con su madre.
Dejo de prestar atención a lo que dice, la rabia me consume por dentro porque de nuevo ella se ha salido con la suya.
Apenas y espero que la sesión termine antes de salir a paso apresurado, no planeo quedarme ni un segundo más dentro de esta sala.
—¿Creíste que ibas a escapar? —Renata me intercepta cuando estoy en los pasillos—. ¿No preguntarás por tu hijo?
—Realmente ahora no quiero hablar contigo —espeto —. Así que aléjate.
—Oh, ¿has vuelto a tu agresividad?
—Créeme, no quieres ver mi agresividad.
—¿Estás amenazando a mi esposa? —. El idiota de Russell aparece detrás de ella.
—Solo respondo a su pregunta —me acomodo el traje y miro a ambos—. Ya que lo mencionas, pasaré por Jacob a las seis.
—Está en clase de natación —dice Russell—. Me temo que no podrás verlo.
Aprieto los puños a los costados, en un intento de contenerme.
—Eso ya lo veremos —advierto con firmeza—. Pasaré por mi hijo a las seis, y más vale que esté en casa, Renata.
Doy un paso al frente y ella eleva el mentón.
—No me hagas perder la paciencia —antes de que pueda decir algo, continúo—. Y esta sí es una amenaza.
Franco llega, les dedico una sonrisa de fingida amabilidad y retrocedo.
—Paso a las seis, bombón, que no se te olvide. —y el rostro desencajado por la molestia de Russell, me satisface más de lo que creí.
Estaciono el auto de alquiler frente a la construcción que fue mi casa por varios años. El sentimiento de molestia intensa vuelve y me obligo a mí mismo a recordarme porque estoy aquí.
Toco el timbre, un par de minutos después una chica abre, porta un uniforme de servicio y me permite la entrada a la casa.
—Los señores bajarán en un segundo —informa.
—Vengo a ver a mi hijo, no a los señores —respondo—. ¿En dónde está Jacob?
—¡Papá! —volteo de inmediato cuando la alegre voz suena, Jacob baja las escaleras con prisa y sonrío cuando está lo suficientemente cerca.
—Hola, campeón —lo recibo en brazos cuando se lanza a mí—. ¿Cómo estás?
—Bien, mamá dijo que vendrías hoy —dice—. Por eso no fui a clase de natación.
—Bueno, no pasará nada porque te pierdas un par de sesiones —aseguro—. ¿Te gustaría salir y dar un paseo? Tengo toda la tarde disponible para ti.
—¡Sí! —grita con entusiasmo.
—Bueno, ve por tus cosas entonces. Te espero aquí.
El corre escaleras arriba otra vez. Un par de instantes después, Russell aparece.
—Tráelo a las nueve, tendremos una cena con mis padres. A diferencia de tu madre, ellos si quieren ver a su nieto.
Ruedo los ojos.
—No metas a mi madre —ordeno. Él sonríe.
—Parece que la vida te trata mejor —dice señalándome—. Luces como todo un hombre de negocios, ¿Quién lo diría?
—Bueno, la vida cambia, lo sabes bien —doy un par de pasos al frente—. Unas veces estás arriba, y otras llegas al fondo, lo importante es saber mantenerse firme para volver a subir.
—Siempre supe que eras un hijo de perra —dice y tenso la mandíbula—. Solo era cuestión de tiempo para que se lo demostraras al mundo. El imponente Ángelo Lombardi, amigo…
—No somos amigos —le recuerdo—. Hace mucho que dejamos de serlo.
—Bueno, si quieres verlo de ese modo —se acomoda el traje y mira la hora en su reloj—. ¿Supiste que mi despacho fue reconocido a nivel nacional?
Me obligo a mí mismo a guardar la compostura porque Jacob puede bajar en cualquier momento.
—Sí, felicidades por eso —sonrío con falsedad—. Me sorprende que siga en pie, y no haya desaparecido con tu incompetencia. Porque según recuerdo, tan buen abogado no eres.
—No intentes pasarte del límite, porque estás en mi casa —advierte y sonrío socarronamente.
—Bueno, fue mía antes, al igual que el despacho —doy un paso al frente, quedando más cerca de él—. Parece que te gusta quedarte con todo lo que tengo, la casa, el despacho, mi hijo…hasta mi esposa ¿qué acaso no puedes conseguir nada por ti mismo?
—Escúchame imbécil…—sus manos se aferran a la tela del traje que porto.
«Coloca la armadura, esta vez merece que te coloques la mejor.»
Las palabras de Daphne vuelven a mi mente, me libero con brusquedad y adopto una postura más firme.
—No, escúchame tú a mí —interrumpo—. Deja de pretender que eres un inocente, todo lo que tienes, es gracias a mí. Lo sabes bien Russell, eres lo que eres ahora gracias a que decidí ayudarte, ¿O has olvidado quien cubrió la cuenta de hospital cuanto tu madre estaba al borde de la muerte?
Empujo su cuerpo con brusquedad.
—¿Olvidas quien le dio trabajo a tu padre cuando no era más que un pobre vago?
¿Quién pago tus deudas por las cuales casi te asesinan?
¡Fui yo! —bramo—. Fui yo y me pagaste de la manera más baja que un amigo puede hacer.
Tienes razón, siempre fui un hijo de perra, pero no contigo, ahora me estás dando los motivos suficientes para hacerlo.
—Ángelo…
—Intenta pasarte de listo otra vez, y te aseguro que tu padre perderá el empleo y seguramente volverá a las calles, tengo firmas de tu madre en documentos en blanco, vuelve a joderme y ellos pagarán las consecuencias, Russell.
Su rostro palidece de inmediato.
—Vuelve a joderme, y te arrebataré todo lo que tienes. Incluido a Jacob.
—¡Estoy listo! —dejo de mirar al imbécil frente a mí y centro la atención en Jacob—. ¿Nos vamos papá?
—Claro que sí, hijo —tomo la mano y giro hacia Russell—. Volveremos tarde, así que tal vez deberían quedarse en casa para esperar que Jacob vuelva.
Russell sonríe, aunque es evidente que no quiere hacerlo.
—Diviértete —dice y Jacob asiente.
—Adiós Russell —sonrío cuando mi hijo lo llama por su nombre, observo a Russell apretar los puños y me siento satisfecho.
—Vamos, campeón —y tras decir eso, ambos abandonamos la casa con intención de pasar una tarde increíble.
—¿Podré conocerlas? —son cerca de las diez cuando volvemos, Jacob mira la fotografía de las niñas en el celular.
—Así es, ellas estarán encantadas —afirmo—. Podrás jugar con Bella, seguro que llevarás bien con ella.
—Pero aún falta mucho tiempo.
—¿Qué son dos meses? —inquiero—. Y tengo algo para ti.
Abro la guantera y tomo el celular que había comprado antes de venir.
—Podrás llamarme las veces que quieras desde este celular, yo te llamaré igual —prometo—. Y si tu madre pregunta, dile que papá te lo dio y que, si te lo quita, algo malo va a pasar.
Él sonríe.
—Gracias papá —acaricio su cabello y le devuelvo la sonrisa
Soy el primero en bajar y luego rodeo con prisa la parte delantera del auto para abrirle la puerta, tomo las bolsas con todas las cosas que le había comprado y caminamos hacia la entrada.
Esta vez Renata nos abre. Me despido de Jacob con un abrazo y tras prometerle que nos veremos pronto, él va hacia las escaleras.
—Russell me dijo lo que ocurrió—reclama con molestia—. ¿Por qué no lo superas?
—Porque ustedes parecen ser los que quieren seguir aprovechándose —objeto—. Solamente respondo.
—¿Aprovechándose? ¿Por obligarte a cumplir tu deber con tu hijo?