4 LEY DE VIDA #2
Tomo una inhalación, aun sintiendo que el aire no entra como debería a mis pulmones.
—Porque tu papá idealizaba lo mejor de mí —murmuro, mirando al frente de nuevo—. Y tú no sabes lo difícil que es vivir con la idea de que alguien te veía mejor de lo que realmente eres.
Un nuevo silencio se instala en el auto, la observo afianzar el agarre en su hermana menor antes de extender la mano, y tomar la de Bella.
Es todo. Ahí acaba nuestra conversación.
Y el vacío que siento en el pecho…carajo…no sé si va a irse alguna vez.
Llamé a mi madre para informarle del incidente con la niñera y para cuestionarle por qué dejó a las niñas de manera tan rápida con alguien a quien apenas conocen.
Antoni, mi hermano mayor, llegó un par de horas después, y la manera en la que él congeniaba con nuestras sobrinas solo me hacía confirmar que yo era el del problema.
—Mamá me habló sobre lo que planes hacer —expresa antes de darle un pequeño sorbo al vaso de cristal.
—¿Tú también crees que es mala idea?
—Lucca no lo hubiese querido —me mira por algunos segundos—. Lo sabes.
—No, no tengo idea de que es lo que él hubiese querido —mascullo derrotado—. Lo único que sé es que todos esperan que sea capaz de quedarme con ellas, de cuidarlas y hacerme cargo, pero es algo que no soy capaz de hacer, Antoni. Lo sabes bien.
—No soy yo quien está diciendo eso. Escucha, Ángelo, si Lucca fue a ti, si estableció todo fue por algo, fue porque sabía que eres capaz de hacerlo. Estoy seguro de que ahora mismo debe estar revolcándose en su tumba al ver lo que haces.
Sonrío levemente.
—Fue su culpa por escogerme —suspiro con pesar—. Necesito una niñera pronto. Y parece que la agencia no está dispuesta a enviar a alguien más.
—¿Por qué…?
Los llantos provenientes de la habitación de Bella nos sobresaltan, me incorporo del sillón para encaminarme hacia el cuarto que mis sobrinas ocupaban y ver lo que ocurre.
Jackie sostiene a Lía en brazos, mientras que Antonella intenta hablar con Bella quien permanece sobre la alfombra.
—La has roto tú. No seas una niña malcriada, Bella.
—¡No soy malcriada!
—¡Claro que eres…!
—Hey, hey —Antoni me esquiva para ingresar a la habitación—. Le mie principesse, ¿por qué pelean?
—¡Se ha roto mi muñeca! —exclama en un grito.
—Bueno, compraremos otra —doy un par de pasos para acercarme—. Eso no es…
—¡No quiero otra! —plasmo una mueca ante el grito agudo—. ¡Quiero mi muñeca!
—¡Pero la has roto! ¡Deja de llorar!
—¡Quiero a mamá! —Antoni y yo compartimos una mirada—. ¡Llama a mamá!
—¡Mamá no volverá! —Antonella grita hacia su hermana quien se encoge—. ¡Entiéndelo de una vez, ella no va a volver! ¡Ninguno de los dos va a volver!
La voz se le rompe, el silencio que le sigue a eso es tan intenso, que parece que ninguno respira. Luego el llanto de Bella, el de Lía y, por último, Antonella quien sale de la habitación con rapidez.
—Iré al jardín con la pequeña —expresa mi nana—. Tal vez deberías ir con Antonella.
—No soy bueno tratando con adolescentes.
—No pienses en ella como una adolescente —dice con una leve sonrisa —piensa en ella como tu sobrina.
Cruza por mi lado llevándose a Lía con ella, mi hermano parece tener a Bella bajo control, así que hago lo que Jackie dice.
No me cuesta demasiado trabajo encontrar a Anto, se encuentra en la biblioteca, abrazando sus rodillas contra su pecho, con la mirada fija en el ventanal.
—Hola —ella voltea al escuchar mi voz.
—¿Vienes a reprenderme por haberle gritado a mi hermana?
—Claro que no —camino hasta llegar a su costado.
Me quedo en silencio mientras me acomodo a su lado, mirando hacia el ventanal también.
—Sé que no debí gritarle de ese modo, es apenas una niña, pero…
—No tienes que hacer la función de madre —respondo con suavidad—. Tú también eres una niña, Anto. Ese rol no te corresponde.
—¿Y entonces a quién? —cuestiona con aire desesperado—. No tenemos a nadie. Nuestros padres fallecieron, y Bella no deja de llamar a mamá, se despierta en las noches llamándola y he intentado explicarle, pero es tan difícil.
Su voz se rompe, apoya la frente contra las rodillas mientras un sollozo brota de su cuerpo.
—Dijeron que no tardarían, ellos dijeron que solo serían un par de horas —continúa—. Pero mintieron.
—Anto…
—¿Qué se supone que haga? Debo cuidar de ellas. Debo hacerlo.
—No, no es tu responsabilidad —aseguro—.
Son tus hermanas, pero no eres responsable.
No tienes que cargar con eso tú sola. Escucha, Anto, buscaré a alguien que cuide de ustedes, ¿de acuerdo?
Te prometo que será una buena niñera, e intentaré solucionar lo de Bella.
Pero no tienes que llevar esa carga tú, no te corresponde.
Se limpia las lágrimas con la manga del suéter.
—Sé que he sido el peor tío de la historia últimamente…pero no quiero que sientas que algo es tu responsabilidad. ¿Bien? Tienes mi palabra de que la decisión que tome será la mejor.
Me mira sin decir nada por algunos segundos. Simplemente se queda en silencio, con los ojos fijos en mí.
—No eres tan malo como parecía. —sonrío.
—No te acostumbres tanto —advierto—. Jackie dice que no has ocupado la habitación que te di.
Niega un par de veces, acomodándose en su asiento.
—Prefiero dormir en donde ellas lo hagan —susurra.
—Bien, en ese caso, acondicionaremos una habitación más grande para ustedes tres —expreso—. Prométeme que dejarás de preocuparte.
Asiente levemente. Me incorporo de mi asiento, mirándola por un par de instantes más como si tan solo con eso pudiera asegurarme de que está diciendo la verdad.
—Ellos no te mintieron —susurro—. De haber podido, hubiesen vuelto. No fue su culpa.
Sus ojos vuelven a humedecerse y me mira con algo parecido a esperanza.
—Tus padres jamás las hubiesen abandonado —aseguro—. Jamás.
—Gracias, tío —murmura.
Me limito a dedicarle un asentimiento, y le doy la espalda.
Eso no era una mentira, Lucca jamás las hubiese dejado a propósito. Él las amaba tanto, era un padre orgulloso. Él era todo aquello en lo que yo esperaba convertirme.
Y solo esperaba ser capaz de corresponder, todo lo que había hecho por mí.