Doña Trude
Había una vez una niña obstinada y curiosa que, cuando sus padres le mandaban hacer algo, no obedecía; así pues, ¿cómo iba a irle bien? Un día les dijo a sus padres:
Sus padres se lo prohibieron terminantemente y le dijeron:
—¿Por qué estás tan pálida?
—Ay —respondió, y todo su cuerpo temblaba—, me he asustado mucho con lo que he visto.
—¿Qué has visto?
—Vi a un hombre negro en tu escalera.
—Ése era un carbonero.
—Después vi a un hombre verde.
—Ése era un cazador.
—Y luego vi a un hombre rojo como la sangre.
—Ése era un carnicero.
—Ay, Doña Trude, me quedé aterrada; miré por la ventana y no te vi a ti, sino, tal como de veras lo creo, al mismísimo diablo con la cabeza de fuego.
—¡Ajá! —dijo ella—. Entonces has visto a la bruja con su verdadero atavío. Te he estado esperando y deseando desde hace ya mucho tiempo; tú vas a darme luz [9] .
Entonces convirtió a la niña en un leño y lo arrojó al fuego. Y cuando ardió con toda su fuerza, se sentó muy cerca de él, se calentó junto a las llamas y dijo:
—Al menos por una vez, esto alumbra con brillo.