Los crímenes del tango (Laura Badía, criminalista. Noelia Viader, ladrona 2) CAPÍTULO 77
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CAPÍTULO 77

―Buenas noches, ¿cuál es su emergencia? ―le preguntó una mujer del otro lado de la línea.

―Soy la comisaria inspectora Laura Badía, jefa de la policía científica de la provincia de Santa Cruz.

Necesito que envíen un móvil con al menos dos agentes al restaurante Riendas Sueltas en el centro de Bariloche.

Acaba de actuar una orquesta de tango y la violinista es sospechosa de asesinatos múltiples.

Su nombre es Amalia Roveda. Amalia. Roveda.

―Comisaria Badía, dígame su código de identificación policial.

―Seis, siete, nueve, uno, dos, cuatro ―dijo Laura.

―¿Seis, siete, nueve, uno, dos, cuatro? ―corroboró la mujer.

―Sí.

―Disculpe, en la base de datos no aparece ese código.

―Soy de la policía de Santa Cruz. No tengo jurisdicción en la provincia de Río Negro.

―Sin un código válido no puedo cursar ninguna petición.

―Por favor, es muy importante. Es una asesina en serie buscada en varios países. Puede ser la última oportunidad de detenerla en mucho tiempo.

―¿Dónde está usted físicamente ahora, comisaria?

Laura puso los ojos en blanco.

―En el hotel Huapi Inn.

―Si quiere puedo proporcionarle la dirección de la comisaría más cercana. Será mejor que vaya en persona.

Laura se sintió como si estuviera intentando cambiarse de compañía de teléfono.

―¡No hay tiempo! ―gritó―. Cada segundo que usted me hace perder es vital para atrapar a esta persona.

―Disculpe, pero todo lo que puedo ofrecerle son las direcciones de…

Laura murmuró un insulto y cortó la llamada. Se recogió el pelo en una cola y llamó a su jefa. Ella seguramente tendría forma de movilizar a alguien en Bariloche.

― Usted se ha comunicado con la casilla de mensajes de Valentina Sanahújar.

―Mierda, ¡mierda!

Se calzó y encaró hacia la puerta de la habitación. Pero, en cuanto tuvo la mano en el picaporte, dio media vuelta. Fue hasta el ropero, introdujo los cuatro dígitos de la caja de seguridad y la vació.

Si detenían a Roveda, no sabía cuándo volvería al hotel.

Guardó en la mochila la computadora portátil, el arma reglamentaria y las esposas.