CAPÍTULO 76
Dos días después, en una habitación de hotel de Bariloche, el teléfono sonó a la una y media de la madrugada, mientras Laura intentaba sortear su barriga para cortarse las uñas de los pies. Era una videollamada de Enric Sallent. En Andorra apenas estaría amaneciendo.
―¿Te he despertado?
Laura le mostró el cortaúñas a la cámara.
―No. Estoy haciendo sesión de spa porque no me podía dormir.
―¿Has podido localizar a Amalia Roveda?
―Llegué a Bariloche hace tres horas, Enric.
―Escucha, Núria ha encontrado algo interesante. Como sabes, lleva semanas analizando vídeos de las actuaciones de Alma de Arrabal. Desde que hablé contigo, hace dos días, le pedí que se centrara en Amalia Roveda. Acaba de llamarme para decirme que ha detectado un patrón.
Laura se dejó una uña a medio cortar para prestar plena atención.
―En cada actuación, Alma de Arrabal cierra con La Cumparsita ―explicó Sallent.
―Sí. Al parecer todas las milongas cierran con ese tango.
―Calla y escucha. En algunas actuaciones, mientras tocan La Cumparsita , Amalia Roveda llora. Y el patrón es claro: llora solamente las noches de los asesinatos. Lloró en Comodoro Rivadavia, en Andorra la Vella, en Ushuaia y en Ámsterdam. Sin embargo, no lo hizo en Málaga, ni en Roma, ni en Turín .
Laura quiso levantarse de un respingo de la cama, pero su barriga de casi ocho meses no le permitía esos lujos. Se sentía, como decía un amigo, más pesada que oveja mojada.
―Eso es un gran descubrimiento, Enric.
―Hay más. Amalia Roveda acaba de tocar en una cena-show de tango en un restaurante del centro de Bariloche llamado Riendas Sueltas.
―¿Alma de Arrabal volvió a tocar?
―No. Está de música invitada en otra orquesta. Te he enviado el enlace del directo que transmitieron los organizadores. La cámara enfoca el escenario, se la ve claramente llorando.
Laura no se molestó en abrir el video. Si Sallent lo decía, no había tiempo que perder. Puso el teléfono en manos libres y empezó a vestirse.
―Sabes lo que significa eso, ¿no? ―preguntó el andorrano.
Por supuesto que lo sabía.
―Que esta noche volverá a matar.