Los crímenes del tango (Laura Badía, criminalista. Noelia Viader, ladrona 2) CAPÍTULO 69
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CAPÍTULO 69

La Policía Federal Argentina capturó a Jorge Heredia dos días después de la visita de Laura al seminario. Técnicamente, el interrogatorio estaría a cargo de uno de sus agentes. Sin embargo, gracias a la intervención de Valentina Sanahújar, quien llevaría la voz cantante sería Laura.

Jorge Heredia estaba sentado en una silla de plástico blanco en una comisaría de la zona norte de Buenos Aires.

Parpadeaba constantemente y las manos sobre el regazo le temblaban, haciendo tintinear las esposas.

Del otro lado de la mesa, Laura se había hecho traer una silla de metal porque no confiaba en que una de plástico fuera a sostener su peso.

A su lado, el agente de la Federal se limitaba a escribir en un cuaderno.

Cuando Laura se presentó como policía, Heredia actuó como si no la hubiese reconocido. A ella le resultó extraño. El cantante había participado en la conversación con Turnes en Málaga hacía tres semanas. Además, una mujer con un embarazo tan avanzado era difícil de olvidar.

―Esta es la grabación de la cámara de seguridad de El Garrepa, el bar en el que vos y Florián Turnes pasaron la noche después de la actuación en Andorra la Vella. Hay noventa y dos minutos en los que desaparecés. ¿Dónde estabas?

―Bailando.

―Tu compañero dice que no te vio durante todo ese tiempo .

―En un momento salí a fumar.

―¿Hora y media fumando?

El hombre se encogió de hombros.

―No sé qué decirles. Es la verdad.

―¿Y en Ámsterdam, el 16 de abril, qué hiciste después de la actuación en la milonga?

―Fuimos al Barrio Rojo con Florián.

Jorge Heredia relató en detalle el recorrido que habían hecho por el distrito de las prostitutas. Su relato coincidía a la perfección con el que le había brindado a Sallent en Andorra. Y aquella vez, Florián Turnes había confirmado esa versión.

Laura decidió que ya habría tiempo de profundizar en eso. Ahora era el momento de sorprenderlo. Abrió una carpeta sobre la mesa y sacó de ella cuatro fotos. Cada una correspondía a una de las víctimas, cuando todavía estaban vivos.

―¿Reconocés a alguno?

Heredia miró las imágenes, deteniéndose sobre todo en la víctima de Andorra.

―No sé quiénes son.

―Manuel Reláñez, asesinado en Ushuaia en julio del año pasado. Pedro Sierra, asesinado en Comodoro Rivadavia en enero de este año. Marten Koeman, Ámsterdam, abril de este año. Stefan Wachter, Andorra, julio. A todos los mataron de madrugada, después de una presentación de Alma de Arrabal.

Enmarcados en su cara infantil, los ojos del cantante interrumpieron por un momento el parpadeo frecuente.

―No me suena ninguno de los cuatro.

El temblor en la voz de Heredia le indicó a Laura que iba por buen camino. Volvió a abrir la carpeta y esta vez sacó fotos de las autopsias.

―Cada una de las víctimas murió por un disparo de escopeta en el pecho. A todas les metieron post mortem una bala 9 milímetros dentro de la herida. ¿Sabías que Gardel vivió media vida con una bala en el pulmón?

Heredia se limitó a asentir con la cabeza. Miraba las fotos con los hombros encogidos y la barbilla pegada al pecho, como si en la sala ahora hiciese mucho frío. Las esposas tintineaban más que nunca.

Laura puso sobre la mesa otras tres fotografías. Eran primeros planos de globos oculares destrozados.

―A las víctimas de Comodoro, Ámsterdam y Andorra les clavaron un pedazo de disco de vinilo en el ojo. En los tres casos, corresponde a La Cumparsita .

Después de observar las fotografías durante más de un minuto, Heredia levantó la cabeza. Su mirada alternaba con movimientos rápidos entre Laura, el policía de la Federal y las paredes de la sala.

―Quiero un abogado.