Los crímenes del tango (Laura Badía, criminalista. Noelia Viader, ladrona 2) CAPÍTULO 68
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CAPÍTULO 68

Mientras el seminario franciscano de Arroyo del Talar se iba volviendo más pequeño en el retrovisor, Laura le explicaba a Sallent por teléfono lo que le había contado el padre Luna.

―Muchos asesinatos en serie están relacionados con desequilibrios mentales ―apuntó el policía―. Y si a esto le sumamos que la noche del homicidio de Andorra Heredia estuvo fuera del alcance de la cámara de seguridad del Garrepa durante noventa y dos minutos…

―Es tiempo suficiente para ir, cometer el asesinato y volver ―resumió Laura.

―Sobre todo, porque la casa abandonada donde apareció Wachter está al lado de la carretera. Son quince minutos en coche desde El Garrepa y otros quince para volver. Eso le da una hora para actuar.

Laura no respondió. En general, le parecía prudente hacer de abogado del diablo cuando discutía un caso con un colega, pero en esta ocasión todo apuntaba a Heredia.

―Además, me has dicho que el hombre que lo torturó era fanático de Carlos Gardel, ¿no?

―Sí, el padre Hermosilla.

―Quizás Jorge Heredia, dejando esa bala dentro del tórax de la víctima, está matando a Gardel. Y, de alguna manera, eso podría simbolizar matar Hermosilla.

Dicho así parecía demasiado rebuscado, pero Laura no podía aplicar sus parámetros a una mente como la de Heredia .

―La simbología que hay detrás del modus operandi del asesino encaja perfectamente con lo que acabo de decirte, ¿o no? ―preguntó Sallent.

―Sí.

―¿Entonces?

―Entonces tengo que detener a Heredia.